La relación entre predisposición genética y gravedad de la depresión fue más débil entre los adultos que registraron más actividad física en un estudio con 23,517 participantes. El trabajo, publicado en Nature Mental Health, encontró esa interacción al medir la intensidad de los síntomas, pero no al analizar si las personas habían recibido un diagnóstico. Los datos son observacionales.
La investigación, publicada el 2 de octubre de 2026, combinó información genética, historiales clínicos y registros de Fitbit del programa estadounidense All of Us. La Universidad Estatal de Kansas difundió sus resultados el 26 de octubre.
Los participantes tenían entre 18 y 92 años, con una edad media cercana a 56. Aportaron, en promedio, 582 días de registros de actividad. El equipo analizó los pasos diarios y los minutos de actividad física de intensidad moderada a vigorosa.
Para estimar la predisposición a la depresión, calculó puntuaciones de riesgo poligénico: medidas que reúnen la contribución de muchas variantes genéticas asociadas al trastorno.
El diagnóstico y la gravedad dieron resultados distintos
Una puntuación genética más alta se asoció con mayor probabilidad de diagnóstico de trastorno depresivo mayor, mientras que una mayor actividad física se vinculó con una probabilidad menor. Para ese resultado, los investigadores no detectaron una interacción estadísticamente significativa entre ambos factores.
Al examinar la gravedad registrada en los expedientes clínicos, el patrón cambió. Entre los adultos más activos, el vínculo entre vulnerabilidad genética y carga de síntomas era menos intenso. Ese resultado apareció tanto al medir pasos como al considerar minutos de actividad moderada a vigorosa.
"Si observamos la depresión solo como un 'sí o no' para el diagnóstico, perdemos gran parte de la variabilidad que acompaña a un diagnóstico", explicó Denver Brown, coautor del trabajo e investigador de la Universidad Estatal de Kansas, en el comunicado de la institución.
La personalización todavía necesita pruebas
"Nuestro estudio fue observacional, por lo que no podemos concluir que aumentar la actividad física contrarreste directamente el riesgo genético", dijo el primer autor, Qiliang He, a MedicalXpress en una entrevista publicada el 10 de octubre.
La implicación es que establecer metas de pasos según el ADN exige comprobar primero qué ocurre cuando se interviene sobre la actividad. El siguiente reto es determinar si aumentarla reduce la gravedad de los síntomas de manera distinta según la predisposición genética.
La Organización Mundial de la Salud ya incluye el ejercicio regular, incluso las caminatas breves, entre las medidas de autocuidado para la depresión. Su orientación sobre atención contempla tratamientos psicológicos y medicamentos según la gravedad. El hallazgo genético plantea una posible vía de personalización dentro de ese contexto de atención.
He adelantó a MedicalXpress que el equipo quiere explorar si este patrón también aparece en la ansiedad y cómo intervienen otros hábitos, como el sueño.