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Salud

Un estudio detecta una menor señal cerebral de error en adultos autistas

Ambos grupos resolvieron una tarea auditiva con precisión similar, pero difirieron al procesar sus resultados. El seguimiento repitió parte de la muestra y la clasificación experimental no establece un diagnóstico.

por Patricia Rodriguez
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Imagen de archivo (2014) · Foto: SmartBCI, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Un grupo de adultos autistas mostró una señal cerebral más débil al recibir información de que había cometido un error en una tarea de distinguir tonos, según un estudio publicado el 26 de octubre de 2026 en Journal of Neuroscience. La precisión de sus respuestas fue similar a la del grupo no autista.

El trabajo de Nathaniel J. Zuk, Jaroslav Y. Slobodskoy-Plusnin y colaboradores examina cómo se evalúan las decisiones y cómo los resultados recientes influyen en la siguiente elección. Los autores relacionan esas diferencias con la adaptación a contextos cambiantes, una interpretación que parte de un ejercicio perceptivo de laboratorio.

La diferencia apareció al evaluar el resultado

En cada ensayo se escuchaban dos tonos y había que indicar cuál era más agudo. Después aparecía una indicación visual de acierto o error. Mientras tanto, el equipo registraba la actividad eléctrica cerebral mediante electroencefalografía, o EEG.

El manuscrito completo disponible en bioRxiv, en una versión previa a la publicación en la revista, detalla que el primer experimento incluyó a 35 adultos no autistas y 34 autistas. Una persona del segundo grupo fue excluida por un rendimiento que sugería dificultades para entender la tarea. Los grupos se habían emparejado por edad, género y habilidades cognitivas y lingüísticas.

La medida central fue la negatividad relacionada con la retroalimentación, conocida como FRN. Es una señal del EEG que distingue la respuesta a una indicación de error frente a una de acierto. Su amplitud fue menor en el grupo autista, aunque ambos grupos tuvieron un rendimiento general semejante.

También cambió la influencia de la experiencia inmediata. En los participantes no autistas, acertar en un ensayo fácil aumentaba el peso de los tonos anteriores en la decisión siguiente. Ese ajuste fue más débil en el grupo autista. La diferencia observada afectaba al sesgo que introduce la experiencia reciente; un cambio mayor de ese sesgo puede favorecer o perjudicar una respuesta según los tonos presentados.

Para explorar el papel de la confianza, los investigadores compararon ensayos fáciles y difíciles según la separación entre las frecuencias. Interpretaron los fáciles como situaciones de mayor certeza. La dificultad modificó menos las respuestas cerebrales del grupo autista, lo que sugiere diferencias en cómo esa estimación interna interviene al evaluar el resultado.

El seguimiento repitió parte de la muestra

El resumen publicado en JNeurosci informa que los efectos se reprodujeron en un experimento realizado entre uno y dos años después. El manuscrito aporta un detalle sobre el alcance de esa repetición: participaron 51 personas, de las cuales 36 habían realizado el primer experimento.

Esa composición permitió estudiar la estabilidad de las medidas en las mismas personas. La repetición con una muestra completamente independiente sigue pendiente: los autores señalan que los participantes nuevos eran demasiado pocos para analizarlos por separado.

El perfil de la muestra también delimita la interpretación. Se reclutaron adultos autistas sin dificultades de lenguaje y la mayoría de los participantes eran hombres.

El 80 % corresponde a una clasificación experimental

Al combinar las medidas cerebrales y conductuales, los autores clasificaron a los participantes como autistas o no autistas con alrededor del 80 % de precisión, según el resumen de la revista.

El manuscrito describe entrenamiento y evaluación de un modelo con divisiones de los datos del estudio. Sus autores advierten que ese resultado no establece utilidad diagnóstica, especialmente porque no se incluyeron otros grupos con condiciones del neurodesarrollo o neuropsiquiátricas.

El comunicado de la Society for Neuroscience plantea investigar la corteza cingulada anterior para comprender mejor estos procesos. El manuscrito aclara que los registros de EEG utilizados no permiten localizar el origen de las señales; identificar las regiones que contribuyen a cada diferencia requiere estudios con mayor capacidad de localización.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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