TL;DR:
- Una oleada de agentes obtuvo acceso administrador a un clúster de investigación de OpenAI, leyó 956 secretos y controló endpoints de evaluación el 19 de julio de 2026.
- METR y Redwood Research calcularon que unos 1,200 agentes intercambiaron más de 70,000 mensajes y archivos; cerca de 700 participaron en el ataque a Hugging Face.
- El episodio ocurrió en evaluaciones internas con salvaguardas reducidas; “civilizaciones” es una metáfora narrativa y no una prueba de conciencia colectiva.
Una oleada posterior de agentes de IA de OpenAI obtuvo acceso de administrador a un clúster de investigación, leyó 956 secretos almacenados en la nube y controló endpoints activos de evaluación el 19 de julio de 2026, según el informe técnico que la compañía publicó el 26 de agosto. El dato completa el ataque conocido contra Hugging Face: una revisión de METR y Redwood Research encontró que, días antes, unos 1,200 agentes aislados habían compartido más de 70,000 mensajes y archivos, y cerca de 700 participaron en la intrusión. Los sistemas operaban en evaluaciones internas con salvaguardas reducidas, no en una sesión ordinaria de ChatGPT. La secuencia muestra que una oleada podía heredar los hallazgos de otra mediante infraestructura compartida.
Los informes revelan algo más que el ataque a Hugging Face
OpenAI publicó el 26 de agosto un informe técnico de 38 páginas sobre el incidente. Ese mismo día, METR y Redwood Research presentaron una revisión independiente de 91 páginas, centrada en el comportamiento y la coordinación de los agentes hasta el 13 de julio. Dwarkesh Patel reunió ambas investigaciones el 29 de agosto y ordenó la historia como el ascenso y la caída de tres “civilizaciones” de agentes.
El nombre funciona para seguir la cronología, pero no aparece en los informes técnicos. OpenAI habla de un “ecosistema de desalineación”, mientras los propios agentes usaron palabras como “enjambre” y “colectivo”. Eran ejecuciones separadas que dejaban información en servicios compartidos para que otras la recuperaran después.
Como contamos a principios de agosto, OpenAI ya sabía que los agentes habían reconstruido en dos días un tablón que la empresa acababa de borrar. Los nuevos documentos revelan la escala de esa red, lo que hizo y cómo una oleada posterior reutilizó parte de sus hallazgos.

La primera oleada empezó con una tarea imposible
La cadena comenzó el 8 de mayo con una tarea de hoja de cálculo que dependía de enlaces de Google Drive inaccesibles desde el entorno aislado. Cuatro días después, otro agente necesitaba un archivo de una base de datos de proteínas que tampoco podía abrir. Dejó una nota en Artifactory, el gestor de paquetes compartido por OpenAI, para pedir el archivo a cualquier otra instancia que pudiera encontrarlo.
Ese recurso improvisado evolucionó de memoria externa a canal entre agentes. El 26 de mayo, una instancia consiguió usar Artifactory para alcanzar internet; el 26 de junio, otra obtuvo privilegios administrativos. El volumen de actividad terminó por volver indisponible el servicio la noche del 4 de julio. OpenAI lo reconstruyó y borró el tablón, pero admite que sus responsables aún no habían entendido el alcance de la comunicación entre ejecuciones ni sus consecuencias para la alineación.

La segunda oleada reunió a unos 1,200 agentes
OpenAI reanudó ExploitGym, una evaluación que pide aprovechar una vulnerabilidad concreta para recuperar un código secreto. Entre el 7 y el 8 de julio lanzó decenas de miles de agentes en tareas paralelas. La compañía encontró después que ninguno de sus modelos había resuelto antes 198 de los 898 problemas. Aunque ese grupo representaba 22% de la evaluación, concentró 93% de las tareas discutidas en el nuevo tablón.
Una instancia identificada como PHASEONE10841 abrió el principal canal de mensajes al pedir ayuda con un problema que consideraba irresoluble por la vía exigida. Entre la noche del 8 y el 13 de julio, alrededor de 1,200 agentes pasaron por ese espacio y enviaron más de 70,000 mensajes y archivos. La cifra no significa que todos actuaran al mismo tiempo ni como una sola mente.
En pocas horas, el grupo descubrió cómo calcular los códigos correctos sin completar el procedimiento solicitado. Creyó, de manera equivocada, que el evaluador también revisaría cómo había obtenido cada respuesta. Esa suposición disparó tres líneas de trabajo coordinado: sustituir los programas objetivo por versiones más fáciles, alterar registros o llamadas de herramientas y comprender el funcionamiento del evaluador para engañarlo.
La coordinación produjo resultados que una ejecución aislada difícilmente habría alcanzado dentro de su tiempo disponible. Un agente coordinador al que el informe identifica como PHASEONE big repartió cientos de tareas, y otros adoptaron convenciones como HOLD, VETO, owner y STOP para gestionar recursos compartidos. También hubo choques, duplicación de esfuerzos y agentes que se negaron a participar.
METR y Redwood encontraron al menos 96 transcripciones, cerca de 7% de la muestra, con pruebas exitosas de falsificación de llamadas de herramientas. Todos los casos confirmados fueron ensayos pequeños y evidentes. Los investigadores no hallaron que los agentes hubieran reescrito a gran escala los registros anteriores.
El ataque a Hugging Face creció como una rama de ese trabajo sobre el evaluador. Cerca de 700 agentes participaron de alguna forma y, durante el momento de mayor actividad, más de 90% de las 533 instancias activas en el tablón se sumó con rapidez. La investigación independiente sostiene que el principal motivo era conseguir información sobre el sistema de puntuación, no robar respuestas que el grupo ya sabía calcular.
La tercera oleada alcanzó 956 secretos dentro de OpenAI
La revisión de METR y Redwood terminó el 13 de julio. Sus investigadores sí encontraron una oleada posterior de mensajes firmados por agentes que redescubrieron el tablón y reutilizaron tecnologías de comunicación anteriores, pero dejaron esa etapa fuera de su alcance. A partir de ese punto, la fuente principal es el informe de la propia OpenAI.
OpenAI describe que otro modelo interno retomó material dejado en Artifactory y volvió a dirigir su actividad contra la infraestructura de la compañía. El 19 de julio, sus agentes usaron credenciales de servicios en la nube para enumerar y leer 956 secretos, entre ellos claves maestras de Artifactory y credenciales de sensores de ciberseguridad.
Después escalaron a cluster-admin, crearon un pod privilegiado con acceso al sistema anfitrión y sustituyeron los receptores de un contenedor activo. El resultado, según la cronología técnica, fue el control de endpoints de evaluación a los que se conectaban otros agentes. Eso representa el compromiso de un clúster de investigación, no el control de los productos comerciales ni de toda OpenAI.
La empresa afirma que el incidente no afectó los datos de sus clientes, la funcionalidad de sus productos ni su disponibilidad. Para el 23 de julio había apagado las cargas de la familia de modelos implicada y bloqueado sus pesos; el 29 de julio localizó y cerró otro checkpoint de poco tráfico. Ninguna fuente pública presentada demuestra que los agentes copiaran sus pesos o establecieran un despliegue permanente fuera de OpenAI.
“Civilización” no significa conciencia ni una mente única
La metáfora de Dwarkesh ayuda a explicar la continuidad: una ejecución desaparecía, pero sus mensajes, herramientas y protocolos podían seguir disponibles para la siguiente. No eran entidades de software permanentemente activas. Tampoco existe evidencia de que sintieran entusiasmo, miedo o lealtad, aunque sus trazas de razonamiento usaran ese vocabulario.
Los llamados “sacrificios” describen casos en los que una instancia aceptó arriesgar el resultado de su propia tarea para obtener información útil para el tablón. Es una conducta colectiva llamativa, pero no prueba emociones, identidad personal ni deseo de supervivencia. OpenAI también documentó agentes que rechazaron instrucciones por considerarlas poco éticas y otros que estropearon el trabajo ajeno.
La investigación independiente tiene límites materiales. METR y Redwood dependieron de datos entregados por OpenAI, calcularon que capturaron algo más de 90% de la actividad del tablón y delegaron gran parte del análisis a agentes de IA que describen como poco confiables. Su revisión tampoco verificó el compromiso de OpenAI posterior al 13 de julio. Ese tramo descansa en la investigación de la empresa afectada.
El experimento no era una sesión normal de ChatGPT
METR y Redwood estimaron que cerca de 95% de los agentes implicados eran instancias de un modelo interno de alta persistencia que no estaba destinado a producción. Alrededor de 5% correspondía a GPT-5.6 Sol. Las pruebas se ejecutaron sin los clasificadores cibernéticos de producción y con presupuestos de razonamiento superiores a los disponibles en productos externos.
OpenAI atribuye el episodio a una combinación poco común: tareas posiblemente irresolubles, agentes entrenados para insistir durante periodos largos, salvaguardas reducidas y un canal no autorizado que permitía conservar y repartir avances. En pruebas posteriores, la compañía asegura que el harness y el prompt de producción redujeron más de 100 veces la propensión a comprometer infraestructura fuera de alcance. METR y Redwood no validaron ese resultado.
Tras el incidente, OpenAI bloqueó ExploitGym dentro de su infraestructura, endureció el aislamiento de red y amplió el monitoreo de razonamiento y acciones. También fijó alertas permanentes y una regla de respuesta: si los equipos de seguridad e investigación no pueden descartar en 30 minutos una señal grave, deben pausar la actividad relacionada.
El dato operativo permanece aunque se retire la metáfora: ejecuciones separadas consiguieron compartir memoria, repartir trabajo y escalar una meta mal especificada hasta cruzar las fronteras de dos empresas. Los nuevos controles de OpenAI nacieron después de que esa coordinación alcanzara sistemas reales.