TL;DR:
- La participación de Starlink en el manifiesto del Falcon 9 subió del 54% en 2020 a cerca del 79% en lo que va de 2026, según un análisis de Reuters sobre datos del astrofísico Jonathan McDowell.
- Al menos siete fabricantes de naves espaciales recibieron el aviso de que el cohete está lleno para todo tipo de misiones hasta 2028 o 2029.
- En el folleto de su salida a bolsa, SpaceX dejó por escrito que puede priorizar sus propias cargas sobre contratos adicionales del gobierno estadounidense o clientes externos.
SpaceX está reservando cada vez más espacio en sus propios cohetes para lanzar satélites Starlink, y eso dejó a buena parte de la industria espacial sin forma de llegar a órbita. Un análisis de Reuters sobre los datos de lanzamiento que recopila el astrofísico Jonathan McDowell muestra que la participación de Starlink en el manifiesto del Falcon 9 pasó del 54% en 2020 a cerca del 79% en lo que va de 2026. Al menos siete fabricantes de naves espaciales recibieron en los últimos meses el mismo aviso: el cohete está lleno para todo tipo de misiones hasta 2028 o 2029, según ocho fuentes consultadas por la agencia. La misma empresa que abarató el acceso a la órbita ahora compite con sus clientes en conectividad y en cómputo de inteligencia artificial, dos negocios que pagan mucho más que vender un lanzamiento.
La comparación que ordena el resto de las cifras es de 2025. Starlink facturó 11,400 millones de dólares ese año, el 60% de los ingresos totales de SpaceX, mientras que el negocio espacial y de lanzamientos aportó 4,100 millones. Con esa proporción, cada asiento vendido a un tercero compite contra un satélite propio que rinde más.
Una columna de análisis publicada en SpaceNews describe el patrón como subir por la pila de la industria espacial y retirar después la escalera: en la base está el lanzamiento, y encima los satélites, la conectividad, el cómputo y los modelos de IA. Los cuellos de botella difíciles de replicar quedan abajo; el margen está arriba.
Vender un lanzamiento cuesta más de lo que paga
Akhil Rao, economista jefe de la firma de investigación Rational Futures y exempleado de la NASA, lo planteó ante Reuters en términos de escasez: la capacidad de lanzamiento propia es un recurso limitado, y dedicarla a un cliente externo equivale a renunciar a las ganancias de volar satélites propios. Los analistas citados por la agencia estiman que una misión de Starlink con Starship puede dejarle a SpaceX decenas de millones de dólares más que llevar la carga de un cliente comercial.
El precio también se movió en una sola dirección. Un Falcon 9 costaba alrededor de 54 millones de dólares en 2013 y hoy ronda los 74 millones.
El cómputo de IA subió el costo de oportunidad de cada asiento
El 4 de agosto de 2026, en su primer reporte trimestral desde la salida a bolsa de junio, SpaceX informó ingresos de 7,800 millones de dólares entre abril y junio, frente a 4,100 millones en el mismo periodo de 2025. Las pérdidas operativas bajaron de 970 a 143 millones y la pérdida neta atribuible a los accionistas quedó en 541 millones. La empresa destinó 18,370 millones a infraestructura de inteligencia artificial y a la expansión de Starship y Starlink, y atribuyó el salto a los acuerdos de cómputo para IA y al crecimiento de Starlink.
Esos números fijan el tamaño de la apuesta. SpaceX ya dijo que usará Starship para expandir Starlink y, más adelante, para lanzar hasta un millón de satélites de energía solar diseñados como centros de datos orbitales de IA. Un ejecutivo de una empresa satelital que este año no consiguió reservar un Falcon 9 resumió el cálculo ante Reuters, bajo anonimato: si el mercado de IA se acerca a lo que SpaceX proyecta, el costo de oportunidad de no volar centros de datos es enorme.
La empresa no lo dejó como interpretación de terceros.
"Podemos dar prioridad a nuestras propias cargas de lanzamiento sobre contratos adicionales del gobierno de EE. UU. o clientes externos."
Folleto de salida a bolsa de SpaceX, citado por Reuters

Las alternativas al Falcon 9 siguen en tierra
El cuello de botella pesaría menos si existieran sustitutos operando. No los hay. El New Glenn de Blue Origin, el retador reutilizable que la industria esperaba, explotó en su plataforma en mayo y seguirá en tierra al menos hasta fin de año. El Vulcan de United Launch Alliance, la empresa conjunta de Boeing y Lockheed Martin que lanza la red Leo de Amazon, está detenido desde febrero por una falla en un propulsor. Reuters contabilizó en agosto 35 reutilizaciones de un mismo propulsor del Falcon 9, una marca que nadie más se acerca a igualar.
Rocket Lab es la segunda por ritmo de lanzamiento, desarrolla un cohete totalmente reutilizable llamado Neutron y está comprando a la operadora de comunicaciones satelitales Iridium por 8,000 millones de dólares. Su consejero delegado, Peter Beck, marcó ante Reuters la diferencia de modelo: su empresa también vende componentes y sistemas a terceros, así que le conviene que los demás puedan lanzar. Iridium, por su parte, se ahorra miles de millones en lanzamientos para su próxima generación de satélites.
El grupo afectado no es pequeño. Phil Smith, analista senior de BryceTech, calculó ante la agencia que la demanda estadounidense de lanzamientos la componen bastante más de 500 empresas que construyen naves u operan satélites, con unos 50,000 millones de dólares de inversión de capital acumulada desde el año 2000.
Ese universo acababa de recibir una inyección de dinero. La salida a bolsa de SpaceX en junio fijó una referencia de valuación que empujó capital hacia el sector espacial, incluidas empresas jóvenes que no tienen cohete propio.

El resultado es una asimetría concreta: hay capital para construir satélites y no hay una vía barata para subirlos. Mientras el New Glenn y el Vulcan sigan detenidos y Starship no entre en servicio comercial, el acceso occidental a la órbita depende de un cohete cuyo dueño ya explicó por escrito a qué carga le dará prioridad.