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Los insectos tienen seis patas, pero este fósil de Texas tenía 24 y pasó 40 años mal clasificado

Un ejemplar recogido en Texas en 1985 pasó cuatro décadas catalogado como cría de crustáceo en un museo de San Diego. La luz polarizada mostró seis patas torácicas y 18 apéndices abdominales, y el equipo lo describe en Nature como un insecto primitivo que vivía entre el agua y la tierra.

por Dilis Salazar
Close-up of a fossilized dinosaur footprint in rocky terrain, Brezina, Algeria.
Foto de Djamel Ramdani en Pexels

TL;DR:

  • Un equipo internacional describió en Nature a Chosha praecursor, un insecto primitivo de hace unos 324 millones de años recuperado en la Formación Tesnus, en el oeste de Texas.
  • Solo seis de sus 24 patas servían para caminar: las otras 18 salían de los segmentos 1 al 9 del abdomen y las traseras terminaban en remos aplanados.
  • La imagen con luz polarizada cruzada dejó ver rasgos propios de los insectos en un ejemplar que llevaba desde 1985 catalogado como cría de un crustáceo.

Un fósil recogido en 1985 en el oeste de Texas y guardado durante cuatro décadas como cría de crustáceo en un museo de San Diego resultó ser un insecto primitivo con 24 patas. El equipo que lo describió el 26 de agosto de 2026 en Nature, encabezado por Chenyang Cai, del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing de la Academia China de Ciencias, y por Erik Tihelka, paleoentomólogo y doctorando en la Universidad de Cambridge, lo bautizó Chosha praecursor. Vivió hace unos 324 millones de años, en el Misisípico tardío del Carbonífero, y combina las seis patas torácicas de cualquier insecto actual con nueve pares de apéndices abdominales que ningún insecto vivo conserva. Los traseros terminan en remos aplanados. De esa mezcla sale la conclusión del equipo, que los insectos no salieron del agua de un solo salto.

Solo seis de las 24 patas servían para caminar

La cifra de 24 necesita un desglose. El tórax de Chosha tiene tres segmentos y tres pares de patas, la disposición estándar de un insecto. El abdomen tiene once segmentos y lleva apéndices segmentados en los segmentos 1 al 9, con los pares traseros ensanchados en estructuras planas y acanaladas que el estudio interpreta como remos o branquias. Ningún insecto actual tiene nada parecido.

El comunicado del instituto de Nanjing añade las medidas exactas. El cuerpo mide 32.09 milímetros. Con el filamento caudal central y los dos cercos, el total llega a 49.66 milímetros. La forma es fusiforme, ahusada por los dos extremos.

También conserva un ovipositor, el tubo rígido para poner huevos. Ese rasgo define a los insectos y, además, indica que el ejemplar era una hembra adulta, no la larva que se le supuso durante décadas.

Cai explicó a la agencia Xinhua que en los insectos actuales los apéndices abdominales están muy reducidos y solo sobreviven los tres pares del tórax, y que este fósil captura ese proceso a medio camino.

Tihelka lo resume con una ironía que la nomenclatura hace evidente: a los insectos se les llama hexápodos por sus seis patas, "pero los primeros tenían muchas más".

Así queda el reparto de los apéndices según el estudio, comparado con el de un insecto actual:

Reparto de los apéndices de Chosha praecursor según el estudio publicado en Nature
Parte del cuerpo Apéndices Función descrita
Tórax, tres segmentos 3 pares, 6 patas Caminar, igual que en cualquier insecto actual
Abdomen, segmentos 1 a 9 9 pares, 18 apéndices Segmentados; los traseros ensanchados en remos aplanados y acanalados
Abdomen de un insecto actual Ninguno comparable El grupo corona perdió esos apéndices y conserva solo los tres pares torácicos

Un dibujo en un libro ruso de segunda mano lo sacó del cajón

El ejemplar salió en 1985 de un afloramiento en el condado de Brewster, al norte del Parque Nacional Big Bend. Apareció en la misma lutita oscura que Tesnusocaris goldichi, un crustáceo segmentado, y los investigadores de entonces lo leyeron como un juvenil de esa especie. Con esa etiqueta entró a un cajón del Museo de Historia Natural de San Diego y ahí se quedó.

Lo que lo devolvió a la mesa fue un manual ruso de paleontología. Tihelka lo había comprado de segunda mano y dentro encontró un dibujo lineal del fósil. Rastreó los artículos originales y la identificación como crustáceo no le cuadró. Viajó a San Diego a verlo. Lo que tenía delante, cuenta a Science News, apenas se distinguía de una mancha negra sobre roca oscura.

La técnica que cambió el resultado fue la imagen con luz polarizada cruzada, que corta el reflejo y sube el contraste. Con ella aparecieron el tórax de tres segmentos, las antenas, el filamento caudal flanqueado por dos cercos, el ovipositor y las patas.

Otro fósil pasó este mes por una revisión de la misma familia: la datación por radiocarbono de una tibia denisovana contradijo la edad que ese mismo hueso tenía asignada desde 2023.

Denisovanos: 1.90 m estimados y 45,000 años
Un preprint identifica los primeros huesos de pierna denisovanos: 1.90 m estimados y una fecha que desmiente a 2023.

La lista de autores guarda una continuidad con aquel trabajo de campo. Frederick R. Schram, cuarto firmante del artículo nuevo, es también coautor del relato de la expedición de 1985 a la Formación Tesnus y de la monografía de 1991 sobre la paleontología de los remipedios, según la bibliografía del propio estudio. Los agradecimientos reconocen el trabajo de Michael J. Emerson, codescubridor del ejemplar tipo, que murió en 1990.

El nombre nuevo salió de un mito navajo de creación en el que unos seres parecidos a insectos habitaban un mundo primordial y sus descendientes poblaron la Tierra. Chosha viene de ch'osh, "insecto" en navajo, y praecursor es "precursor" en latín.

Preserved butterflies displayed with labels showcasing scientific and common names.
El ejemplar pasó cuatro décadas en un cajón de museo con una identificación equivocada. Imagen ilustrativa. · Foto de Tamula Aura en Pexels

El análisis descarta al crustáceo con más firmeza de la que fija al insecto

El artículo también reconstruye el parentesco con una matriz de 58 caracteres para 23 taxones y somete a prueba varias posiciones posibles del fósil en el árbol. El resultado es asimétrico.

Las tres topologías que sacaban a Chosha de los hexápodos y lo acercaban a los remipedios, un grupo de crustáceos, quedaron rechazadas por el test estadístico, con valores p de 0.0259, 0.0153 y 0.0146. En cambio, las dos que lo colocan dentro del linaje de los insectos no pudieron descartarse: 0.6367 si es grupo hermano de los insectos actuales y 0.1945 si lo es de los hexápodos actuales. Es decir, el análisis cierra la puerta a la lectura de crustáceo que el fósil arrastraba desde los ochenta, pero no elige entre las dos posiciones de insecto que quedan en pie. La propia Nature resume el hallazgo como "un probable insecto de ramificación temprana".

Fuera del equipo, William Shear, paleobiólogo jubilado del Hampden-Sydney College, dijo a Science News que el trabajo abre muchas puertas al estudio de la evolución de los insectos y que ojalá aparezcan más ejemplares del mismo animal. Dany Azar, paleoentomólogo de la Universidad Libanesa y del instituto de Nanjing, lo describió al mismo medio como una pieza importante de un periodo del que casi no había evidencia fósil. Azar figura también entre los revisores identificados del artículo en la propia Nature.

El hallazgo acorta un hueco de 80 millones de años en el registro

El registro fósil de los insectos tiene un agujero conocido. Los primeros cuerpos de hexápodos indiscutibles aparecen en el chert de Rhynie, en Escocia, hace unos 405 millones de años, y los fósiles de insectos claramente reconocibles no se vuelven abundantes hasta el Carbonífero tardío. Entre esos dos puntos hay unos 80 millones de años casi vacíos, mientras los relojes moleculares sitúan la separación de los hexápodos respecto de sus parientes crustáceos marinos mucho antes, en el intervalo Cámbrico-Ordovícico.

Además de Chosha, el equipo revisó otros tres fósiles problemáticos: Leverhulmia, del Devónico de Escocia, y dos ejemplares sin describir del yacimiento de Mazon Creek, en Illinois. Los cuatro quedan asignados a un linaje primitivo de insectos. El comunicado institucional habla de tres fósiles revisados en total; el artículo en Nature detalla cuatro.

Con esa asignación, la diversificación temprana de los insectos se adelanta del Carbonífero tardío al Devónico temprano y el registro fósil se acerca algo a lo que ya decían los relojes moleculares. Los autores proponen que la reducción progresiva de los apéndices abdominales fue una adaptación a la vida terrestre, y que estos animales vivían en zonas húmedas de transición entre el agua y la tierra y se alimentaban de humus, restos vegetales y esporas de hongos.

El trabajo lo firman seis investigadores de instituciones de China, Reino Unido, Estados Unidos y España. La parte española corre a cargo de Jesus Lozano-Fernandez, del Departament de Genètica, Microbiologia i Estadística y del Institut de Recerca de la Biodiversitat de la Universitat de Barcelona, con financiación de dos proyectos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de fondos NextGenerationEU.

La matriz de caracteres y los archivos del análisis quedaron depositados en Zenodo, así que cualquier grupo puede rehacer la reconstrucción y comprobar si Chosha se sostiene donde el estudio lo coloca. Shear apunta a la vía más directa para resolverlo: que aparezcan más ejemplares del mismo animal.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Dilis Salazar

Dilis Salazar es coordinadora editorial y redactora de FomoEra. Supervisa la agenda y la revisión de contenidos para asegurar precisión, atribución, claridad y contexto.

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