TL;DR:
- Un equipo de UCLA y la Universidad Ewha demostró un proceso químico que convierte una mezcla de PET, PE y PP en hidrógeno dentro de un solo reactor, sin clasificar la basura por tipo.
- El gas sale con más de 90% de pureza, el método opera a temperaturas 300 a 400 °C por debajo de la gasificación tradicional y más del 75% del carbono del plástico queda atrapado como mineral sólido o residuo líquido.
- Por ahora funciona solo en laboratorio: falta optimizar el proceso y comprobar si es rentable antes de llevarlo a escala industrial.
Un equipo de la Escuela de Ingeniería UCLA Samueli y la Universidad Ewha, en Corea del Sur, demostró un proceso químico que convierte una mezcla de los tres plásticos más comunes directamente en hidrógeno de alta pureza, dentro de un solo reactor y sin el costoso paso de separar la basura por tipo. El método, publicado el 14 de julio de 2026 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), atrapa el carbono del plástico como un mineral sólido en lugar de soltarlo a la atmósfera como dióxido de carbono. Importa por una razón doble: hoy solo se recicla el 9% del plástico que desechamos, y el hidrógeno limpio es una pieza central para descarbonizar la energía. La técnica apunta a los dos frentes a la vez.
El tratamiento térmico alcalino (ATT) es un proceso químico que hace reaccionar hidróxido de sodio con materia orgánica bajo calor para liberar hidrógeno. La reacción no es nueva en sí. Lo nuevo es el objetivo que antes se le resistía: procesar plástico sucio y mezclado sin ordenarlo primero. De hecho, el equipo adaptó una técnica que sus propios autores habían diseñado para obtener hidrógeno de biomasa marina, como las algas.
"Estamos resolviendo dos problemas globales urgentes al mismo tiempo. Los residuos plásticos se acumulan a un ritmo alarmante, y el hidrógeno limpio es esencial para descarbonizar la energía. Esta tecnología aborda ambos desafíos de forma creativa y escalable."
Lo dijo Ah-Hyung "Alissa" Park, decana de UCLA Samueli, profesora de ingeniería química y biomolecular y coautora principal del estudio.
El paso que encarece el reciclaje: separar la basura
Casi todo el plástico que tiramos comparte un defecto: una vez en el bote, es de los materiales más difíciles de reciclar. La mayoría de los procesos exige separar los plásticos por tipo antes de tratarlos, un trabajo lento y caro. Por eso, según los datos que cita el equipo, solo el 9% del plástico desechado se recicla de verdad. El 79% termina en vertederos y otro 12% se incinera, lo que libera CO2. Saltarse esa clasificación es justo lo que ofrece el ATT.

Cómo un solo reactor descompone tres plásticos a la vez
No todos los plásticos se rindieron igual dentro del reactor:
- El PET de las botellas se descompuso con facilidad y rindió bastante más hidrógeno.
- El polietileno (PE) de las bolsas y el polipropileno (PP) de los envases de comida resistieron: sus cadenas son puro enlace carbono-hidrógeno y se comportan como químicamente inertes frente al álcali.
Para activar a los rebeldes, los investigadores sumaron un pretratamiento de oxidación térmica. Exponen el plástico a un calor suave con aire durante un momento breve, lo que inserta grupos de oxígeno en las cadenas y crea los puntos reactivos donde el tratamiento alcalino sí puede morder. Con ese ajuste, los tres plásticos se descomponen de forma eficiente en el mismo reactor y el gas sale con una pureza superior al 90%.
El carbono no termina en el aire: se queda como mineral sólido
Aquí está la diferencia que persigue el método. En lugar de escapar como dióxido de carbono, el carbono liberado durante la reacción lo captura el hidróxido de sodio y se convierte en carbonato de sodio sólido. El análisis posterior al proceso reparte así el carbono original del plástico:
- Más del 75% queda como carbonato estable o como residuos orgánicos líquidos.
- Menos del 13% sale en forma de gas.
- La liberación directa de carbono a la atmósfera durante la reacción es insignificante.
Ese carbonato de sodio puede transformarse después, con un proceso de recuperación sencillo, en carbonato de calcio: el mismo mineral que consumen de forma masiva industrias tan contaminantes como la construcción. El carbono del plástico queda fijado en materiales de obra en vez de calentar el aire. Y el reactor trabaja a temperaturas 300 a 400 °C por debajo de la gasificación al vapor tradicional, lo que recorta el gasto de energía.
Por qué supera a los intentos anteriores
Otros caminos de baja temperatura ya convertían plástico en hidrógeno, pero con un límite grande. El fotorreformado solar y la conversión electroquímica solo funcionan con plásticos que contienen oxígeno, como el PET, y dejan fuera al polietileno y al polipropileno, dos de los más abundantes en la basura. La gasificación de alta temperatura sí traga mezclas sin clasificar, pero suelta mucho CO2. El ATT es la primera vez que el equipo aplica su propio método para atacar esos tres problemas de una sola vez.
"Al reducir los costos de clasificación y la complejidad del proceso, que han sido grandes barreras para la comercialización, esta tecnología tiene el potencial de convertirse en una tecnología central de próxima generación que apoya tanto la economía del hidrógeno como la economía circular."
Lo señaló Woo-Jae Kim, profesor de ingeniería química y ciencia de materiales en Ewha y coautor principal del trabajo.
Preguntas rápidas sobre el hidrógeno a partir de plástico
¿Qué tipos de plástico puede convertir en hidrógeno este proceso?
El método procesa PET, polietileno (PE) y polipropileno (PP) mezclados y sin separar, en un solo reactor. Son los tres plásticos más comunes y de los más difíciles de reciclar. El PET rinde más hidrógeno; el PE y el PP requieren un pretratamiento de oxidación. UCLA y Ewha lo demostraron en laboratorio.
¿Ya se puede usar a escala industrial?
No. Según los investigadores, el proceso funciona por ahora solo en laboratorio. Falta optimizarlo y evaluar su viabilidad económica antes de llevarlo a plantas de reciclaje reales. No hay fecha ni despliegue comercial confirmado, y la propia UCLA advierte que ese salto todavía debe demostrarse.
El atractivo del ATT está en atacar dos frentes con un solo proceso: convierte los plásticos más difíciles de reciclar en combustible limpio y, de paso, mantiene su carbono fuera del aire. El punto realista es que todo esto ocurrió en el banco de pruebas. El siguiente examen no es químico sino económico: comprobar si el método aguanta el paso a una planta real y si las cuentas cierran. De eso dependerá que llegue algún día a la basura de todos los días.