TL;DR:
- Guy Gardner, piloto del transbordador Atlantis en la misión STS-27, firmó el billete de un dólar que apareció en la caja de una hamburguesería de Titusville, Florida, según reportaron el 30 de julio de 2026 Florida Today y la cadena WESH.
- Las otras cuatro firmas son de Hoot Gibson, Jerry Ross, Mike Mullane y William Shepherd: la tripulación de un vuelo clasificado de diciembre de 1988 que volvió con más de 700 losetas térmicas dañadas y una perdida por completo.
- Firmar billetes de un dólar fue durante años un trámite oficial del programa espacial estadounidense. El Smithsonian conserva los de Apolo 7, 11, 12, 15 y 16.
En julio de 2025, Rob Buffaloe hacía el corte de caja nocturno en su hamburguesería de Titusville, Florida, cuando un billete le llamó la atención entre los demás. Tenía cuatro firmas escritas encima. Eran las de cuatro de los cinco astronautas que volaron el STS-27, la segunda misión del transbordador después del desastre del Challenger. Faltaba una, la del piloto: Guy Gardner. El 30 de julio de 2026, poco más de un año después, Gardner se presentó en el local y la puso, según reportaron Florida Today y la cadena WESH.
Buffaloe y su esposa abrieron BurgerRob's en 2020 y aguantaron ahí la pandemia. Él mismo contó a WESH que no pudo dormir esa noche: tenía en la mano un billete de un dólar con nombres que reconocía y ninguna idea de cómo había llegado a su caja. Así que hizo lo que haría cualquiera en esa ciudad y le escribió al American Space Museum, que está a unas cuadras, del otro lado del río Indian frente al Centro Espacial Kennedy.
Del otro lado contestó Mark Marquette, director del museo, que revisó las firmas y confirmó que correspondían a la tripulación real. Su consejo fue enmarcar el billete, pero en un marco del que se pudiera sacar. Tenía un plan:
"Vamos a conseguir que Guy Gardner lo firme."
Tardó trece meses, pero cumplió.

Cuatro firmas que valen mucho más de un dólar
El billete no es valioso por el papel. Lo es por quiénes son esos cuatro nombres, y por lo que hicieron después de aquel vuelo de 1988:
- Robert "Hoot" Gibson, el comandante, terminaría dirigiendo el cuerpo de astronautas de la NASA y comandando el STS-71, el primer acoplamiento de un transbordador con la estación rusa Mir, en junio de 1995.
- William M. Shepherd era novato en el STS-27. Doce años después se convirtió en el comandante de la Expedición 1, la primera tripulación que vivió a bordo de la Estación Espacial Internacional, en noviembre de 2000. Varias coberturas transcriben su apellido como "Shepard"; en los registros de la NASA es Shepherd.
- Jerry Ross acumuló siete vuelos espaciales, el récord mundial de lanzamientos de una sola persona según Guinness World Records, además de nueve caminatas espaciales.
- Mike Mullane dejó la agencia y escribió Riding Rockets, uno de los libros de memorias más leídos y menos diplomáticos que ha producido el cuerpo de astronautas.
En el mercado de memorabilia espacial, la procedencia lo es todo: un objeto sin historia comprobable vale una fracción de lo que vale el mismo objeto con su cadena de custodia documentada. Aquí ocurre algo raro. El billete tiene autenticación de museo y ahora las cinco firmas completas, pero sigue sin tener origen conocido.

El vuelo que volvió con más de 700 losetas dañadas
El STS-27 despegó el 2 de diciembre de 1988 desde la plataforma 39B con un satélite clasificado del Departamento de Defensa a bordo, hoy identificado como el radar de reconocimiento Lacrosse 1. Ochenta y cinco segundos después del despegue, material aislante desprendido del cono del cohete acelerador derecho golpeó el escudo térmico del Atlantis.
La tripulación inspeccionó el costado dañado con el brazo robótico y mandó las imágenes a tierra. Como la misión era secreta, no pudieron usar el canal normal: tuvieron que enviarlas por una vía cifrada y lenta que degradó la calidad. En Houston concluyeron que aquello eran luces y sombras. Gibson, que sí veía lo que había, ha contado en entrevistas que pensó que no sobrevivirían al reingreso y que si los instrumentos empezaban a marcar la desintegración pensaba usar los segundos que le quedaran para decirle a control de misión lo que opinaba de su análisis.
Aterrizaron enteros en Edwards el 6 de diciembre. El recuento de la NASA tras el aterrizaje registró más de 700 losetas dañadas y una perdida por completo. Marquette lo resumió a WESH diciendo que en cualquier otro punto del fuselaje habrían muerto, y el registro técnico afina el detalle: el hueco quedó justo encima de la placa de montaje de una antena de banda L del sistema de navegación TACAN, una pieza de estructura más gruesa que aguantó el calor donde la loseta ya no estaba. Quince años más tarde, un daño del mismo tipo en un punto distinto destruyó al Columbia.
Firmar un dólar no era una travesura: era el trámite
Aquí está la parte que ninguna de las coberturas cuenta, y es lo que convierte al billete de Titusville en algo más que una anécdota simpática.
Antes de los vuelos tripulados, la National Aeronautic Association hacía que los astronautas autografiaran billetes de un dólar delante de un oficial de la asociación, que a veces firmaba también. Esos billetes se metían a la nave. Al regresar la misión, recuperarlos e identificarlos servía, en palabras del propio catálogo del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian, como base para certificar la identidad de los astronautas de cada vuelo. Era papeleo de homologación de récords aeronáuticos, resuelto con billetes de un dólar.
El museo conserva los ejemplares de Apolo 7, 11, 12, 15 y 16, transferidos por el Centro Espacial Johnson en 1976. El de Apolo 11 lleva las firmas de Armstrong, Collins y Aldrin más la del oficial certificador. Ninguno está en exhibición: viven en almacén o prestados.
Nadie ha sostenido que el billete de Titusville sea uno de esos documentos oficiales, y la mecánica no cuadra con el programa del transbordador. Pero explica de dónde viene la costumbre. Y esa tripulación en particular era aficionada a subir objetos y regalarlos después: la NASA documenta que el STS-27 llevó un balón de fútbol americano a bordo, fotografiado flotando en la cabina de vuelo, que más tarde se entregó a la NFL en el medio tiempo del Super Bowl en Miami.
La firma que conecta ese billete con el único mexicano que ha ido al espacio
De los cuatro nombres, el que más cerca queda del lector hispanohablante es el de Jerry Ross, y por dos motivos verificables.
El primero: Ross debutó en el espacio en el STS-61-B, lanzado el 26 de noviembre de 1985, la misión que puso en órbita el satélite mexicano Morelos-B. En esa tripulación de siete iba Rodolfo Neri Vela, hasta hoy el único mexicano que ha volado al espacio, hoy investigador de tiempo completo en la Facultad de Ingeniería de la UNAM. Volaron en el mismo vehículo que casi se pierde tres años después: el STS-61-B fue el segundo vuelo del Atlantis y el STS-27 fue el tercero.
El segundo: el récord de siete lanzamientos que tiene Ross no es solo suyo. Lo comparte con Franklin Chang-Díaz, nacido en San José de Costa Rica, primer ciudadano naturalizado que llegó al cuerpo de astronautas de la NASA y primer astronauta hispano de la agencia. Ross llegó a siete en abril de 2002 con el STS-110; Chang-Díaz igualó la marca dos meses después con el STS-111.
Preguntas rápidas sobre el dólar de Titusville
¿Quién es Guy Gardner, el astronauta que faltaba?
Coronel retirado de la Fuerza Aérea estadounidense, nacido en 1948 y seleccionado por la NASA en 1980. Voló como piloto en dos misiones del transbordador, el STS-27 en 1988 y el STS-35 en 1990, con más de trece días acumulados en órbita. Después dirigió el programa conjunto Shuttle-Mir y ocupó cargos directivos en la FAA.
¿Qué fue la misión STS-27?
El segundo vuelo del transbordador después del accidente del Challenger. Despegó el 2 de diciembre de 1988 con el Atlantis y cinco tripulantes, en una misión clasificada del Departamento de Defensa que desplegó un satélite de reconocimiento. Duró poco más de cuatro días y aterrizó en Edwards con el escudo térmico gravemente dañado.
¿Por qué los astronautas firmaban billetes de un dólar?
Era un trámite de certificación. La National Aeronautic Association hacía firmar billetes a las tripulaciones ante un oficial testigo y los billetes viajaban dentro de la nave. Al recuperarlos, servían para acreditar quién había volado realmente. El Smithsonian conserva los ejemplares de cinco misiones Apolo.
Titusville lleva quince años acostumbrándose a ser la ciudad de al lado del lugar donde ya no despegan transbordadores. El billete resume bastante bien lo que quedó: un objeto de un dólar que cambió de manos hasta perder su historia, y una comunidad lo bastante pequeña como para que el dueño de una hamburguesería le escriba al museo, el museo localice al astronauta y el astronauta se dé la vuelta por ahí a terminar la firma que faltaba.