TL;DR:
- Un estudio liderado por la NASA y publicado en Nature sostiene que el supuesto límite de las tormentas solares es un espejismo causado por cómo se mide el viento solar.
- El equipo analizó más de un millón de mediciones tomadas por naves cercanas a la Tierra y no encontró ese tope: a más viento solar, más corriente eléctrica.
- Si no hay límite, los eventos más extremos podrían dañar satélites, GPS y redes eléctricas más de lo previsto, aunque el trabajo no anuncia una tormenta inminente.
Durante décadas, los científicos del clima espacial se apoyaron en una idea tranquilizadora: por muy violenta que fuera una tormenta solar, la respuesta de la Tierra tenía un tope. Un nuevo estudio liderado por la NASA y publicado el 15 de julio de 2026 en la revista Nature sostiene que ese tope nunca existió, y que sería una ilusión provocada por la forma en que se mide el viento solar. Si el equipo tiene razón, las tormentas solares más extremas podrían golpear satélites, GPS y redes eléctricas con más fuerza de la que calculan los modelos actuales.
Un error estadístico escondía el verdadero tamaño del riesgo
El trabajo, titulado Regression to the mean can explain saturation of geomagnetic storms, lo encabeza el físico espacial Nithin Sivadas, del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA, en Maryland, con la coautoría de la doctora Maria Walach, de la Universidad de Lancaster, en el Reino Unido.
La observación que se repetía era siempre la misma. Cuando el viento solar se intensifica, las corrientes eléctricas que se forman en la atmósfera superior de la Tierra crecen con él, pero solo hasta cierto punto. A partir de ahí parecían estabilizarse, como si el planeta se saturara. Ese aparente techo daba calma: significaba que ya habíamos visto la peor cara del fenómeno.
El equipo dice que ese límite es un espejismo. La regresión a la media es un fenómeno estadístico según el cual, cuando se mide un valor muy alto, lo que viene después tiende, en promedio, a acercarse al promedio. Aplicado al viento solar, deforma las cuentas.
El problema está en dónde se toman las mediciones. La mayoría de los registros de los eventos extremos vienen de sondas ubicadas en el punto de Lagrange 1 (L1), a un millón de millas de la Tierra (unos 1.5 millones de kilómetros), más cerca del Sol. El viento solar que finalmente choca contra el escudo magnético del planeta suele llegar más débil. Al promediar muchos eventos, parece que los vientos solares fuertes no generan corrientes igual de fuertes, cuando en realidad lo que llega a la Tierra, en promedio, es más flojo.
Sivadas lo plantea como un problema de probabilidad, no de física:
"Normalmente asumimos que la verdad está alrededor de su medición. Pero la teoría de la probabilidad dice que se inclina hacia un lado. Por eso los riesgos del clima espacial parecen subestimados."
Un millón de mediciones cercanas apuntan a que no hay techo
Para poner a prueba la idea, el equipo analizó más de un millón de mediciones del viento solar captadas por naves de la NASA que orbitan mucho más cerca de la Tierra, como las misiones MMS y THEMIS, justo donde el viento solar interactúa de forma directa con el campo magnético del planeta. A esa distancia, los datos mostraron una relación directa: cuanto más fuerte el viento solar, más fuertes las corrientes. Sin rastro del tope que se daba por sentado.
"El campo magnético de nuestro planeta hace un trabajo excelente al protegernos de muchos efectos del clima espacial, así que muchas veces solo aparecen como fallos menores o auroras hermosas. Pero hay casos extremos, en los que satélites caen de vuelta a la Tierra sin previo aviso, o perdemos las comunicaciones y las señales de GPS."
Eso lo dijo Walach al presentar el estudio.
El historial reciente marca lo que está en juego
Los casos catastróficos son raros, pero han ocurrido. El registro deja clara la escala de lo que se discute:
- El Evento Carrington de 1859, la tormenta geomagnética más intensa registrada, quemó sistemas de telégrafo en todo el mundo y empujó las auroras desde sus latitudes polares habituales hasta zonas tropicales.
- En 1989, una tormenta tumbó la red eléctrica de Quebec y dejó a millones de personas sin electricidad.
- Las tormentas de Halloween de 2003 interrumpieron satélites, GPS y comunicaciones por radio.
- En mayo de 2024, la tormenta geomagnética más fuerte en más de dos décadas encendió cielos en buena parte de Estados Unidos y Europa, con fallos intermitentes en radio de alta frecuencia, equipos guiados por GPS y algunas operaciones satelitales.
El estudio llega mientras el Sol atraviesa el punto alto de su ciclo de unos 11 años, conocido como máximo solar, cuando las manchas, las erupciones y las eyecciones de masa coronal se vuelven más frecuentes. Aun así, Walach insiste en que los casos verdaderamente extremos son escasos, y ahí está la trampa: con tan pocos eventos de referencia, hay poca información para trabajar, y solo un episodio de esos que ocurren una vez cada mil años mostraría hasta dónde llega de verdad la respuesta de la Tierra. Si ese límite no existe, sostiene la investigadora, los modelos que predicen los efectos extremos tendrán que actualizarse.

Nada de esto significa que el cielo se vaya a caer mañana. El valor del trabajo está en otro lado: obliga a revisar los cálculos con los que operadores de red, aseguradoras y gobiernos se preparan para el peor escenario. Cuando volar, mover mercancías y sincronizar la red eléctrica dependen del GPS y de los satélites, subestimar el evento más raro sale caro. La ciencia aún necesita más registros de vientos solares intensos para confirmar si la Tierra tiene o no un límite real, pero el margen de error ya cambió de bando.