TL;DR:
- La FCC autorizó el lanzamiento de Eärendil-1, el satélite espejo de la startup californiana Reflect Orbital, diseñado para reflejar luz solar hacia zonas oscuras del planeta durante la noche.
- El satélite despliega un espejo de plástico de 18 por 18 metros, orbitará a unos 625 kilómetros de altura y proyectará una mancha de luz de 5 kilómetros de ancho, hasta cuatro veces más brillante que la Luna llena vista desde dentro del haz.
- La FCC reconoció que la contaminación lumínica queda fuera de su competencia, así que hoy nadie tiene autoridad clara para decidir cuánta luz artificial puede sumarse al cielo nocturno.
La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) autorizó a inicios de julio de 2026 el lanzamiento de Eärendil-1, un satélite experimental de la empresa Reflect Orbital que buscará reflejar luz solar desde la órbita para alumbrar puntos concretos de la Tierra de noche. Es el primer paso de una constelación que la compañía quiere llevar hasta unos 50,000 satélites para 2035. La aprobación llegó pese a más de 1,800 comentarios en contra y a la alarma de la comunidad astronómica, que advierte daños al cielo nocturno, a la fauna y a la investigación científica. Y trae consigo una pregunta incómoda: la FCC admitió que el impacto óptico de estos espejos está fuera de su competencia, así que hoy nadie tiene la autoridad para decidir cuánta luz artificial puede sumarle una empresa privada al cielo del planeta.
Un espejo del tamaño de una cancha, plegado como origami
Eärendil-1 no es un satélite común. Su corazón es una lámina de mylar, un plástico reflectante, que mide 18 por 18 metros y viaja plegada como una figura de origami hasta desplegarse ya en el espacio, según detalló la revista Sky & Telescope. Desde una órbita de unos 625 kilómetros, el reflector puede dirigir un parche de luz solar de unos 5 kilómetros de diámetro sobre la superficie. Para quien quede dentro de ese haz, el satélite brillaría hasta cuatro veces más que la Luna llena. Fuera del haz, cada espejo luciría tan intenso como Venus, el "lucero del alba", calcula el Observatorio Europeo Austral (ESO).
El modelo de negocio se resume en un lema que la propia empresa repite: luz solar bajo demanda. Reflect Orbital, con sede en California y fundada en 2021, quiere venderla a granjas solares que buscan seguir generando energía cuando el Sol ya se ocultó, a operativos de búsqueda y rescate y a obras que trabajan de noche. Su director ejecutivo, Ben Nowack, lo planteó sin rodeos:
"Sería genial si pudiéramos conseguir algo de energía solar antes de que salga el Sol y después de que se ponga, porque entonces podrías cobrar precios más altos y ganar mucho más dinero."
La FCC dijo que sí, y que el cielo no es su problema
Aquí está el nudo de la polémica. La FCC regula el espectro radioeléctrico y, con él, a los satélites comerciales estadounidenses. Cuando revisó la solicitud de Reflect Orbital, concluyó que los daños denunciados por los casi 1,800 comentarios no son probables con un solo satélite y que quienes se oponían no habían justificado negar el permiso. Sobre la contaminación lumínica y el golpe a la astronomía, su respuesta fue tajante: esos asuntos quedan fuera del alcance de su autoridad.
El permiso cubre únicamente a Eärendil-1, no a la constelación de 50,000 espejos. Pero el argumento abre un hueco enorme. Si la FCC no puede considerar el efecto óptico de un reflector, tampoco podría hacerlo con decenas de miles. Y en Estados Unidos no existe hoy otro organismo que llene ese vacío. El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 obliga a los países a evitar la "contaminación nociva" del espacio, pero no fija quién vigila la luz que un satélite rebota sobre la Tierra.
La Sociedad Astronómica Estadounidense (AAS), que en marzo pidió a la FCC rechazar el proyecto, expresó su "consternación" por la decisión. También le preocupa un detalle nada menor para cualquiera que mire por un telescopio.
Reflect Orbital responde que su misión de prueba existe justamente para demostrar que puede operar de forma controlada. "Reflect Orbital se está ganando el derecho a operar y a escalar", dijo a Payload Tristan Semmelhack, cofundador y director de producto, quien enumeró como condiciones controlar el reflejo con precisión, limitar su brillo y duración y coordinarse con las comunidades e instituciones científicas afectadas. La compañía también dice estar desarrollando un acuerdo de coordinación con la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) de EE. UU.
Por qué los cielos de Chile son los más expuestos
Para el mundo hispanohablante, la historia no es abstracta. Buena parte de la astronomía profesional de vanguardia ocurre en el desierto de Atacama, en Chile, uno de los cielos más oscuros del planeta. Ahí el ESO opera el Very Large Telescope y construye el Extremely Large Telescope, apodado "el ojo más grande del mundo". Esos telescopios, orgullo científico de América Latina, son precisamente los que un cielo más brillante pondría en aprietos.
El astrónomo del ESO Olivier Hainaut, autor de un estudio revisado por pares aceptado en la revista Astronomy & Astrophysics, simuló el efecto de todas las constelaciones previstas. Su conclusión sobre Reflect Orbital es contundente: con los 50,000 satélites en órbita, el brillo general del cielo nocturno subiría hasta tres o cuatro veces en todo el planeta. Serían, dice, los objetos más brillantes jamás puestos en órbita. Desde una ciudad ya iluminada, podrían convertirse en las únicas "estrellas" visibles.
El estudio del ESO sirvió de base a la respuesta que el propio observatorio, junto con la Royal Astronomical Society británica y la Unión Astronómica Internacional, envió a la FCC. Betty Kioko, encargada de coordinar esa respuesta, lo resumió así:
"Para la astronomía óptica, esto es una amenaza existencial, y esperamos que los reguladores compartan esa visión."
Hainaut aclara que él solo cuantifica el daño astronómico, y que faltan por evaluar los efectos sobre la salud y los ecosistemas: la luz artificial nocturna altera los relojes biológicos de personas y animales. Su estudio calcula que, para no arruinar la observación desde tierra, no deberían orbitar más de 100,000 satélites lo bastante tenues como para no verse a simple vista. La propuesta de Reflect Orbital apunta en la dirección contraria.

Un experimento de minutos con consecuencias de décadas
La prueba de Eärendil-1 durará apenas unos minutos cada vez que encienda su haz. Su alcance real es otro: si funciona, deja legitimado un negocio que privatiza un bien común, la oscuridad, y abre la puerta a que otras empresas y países lancen sus propios reflectores sin que ningún árbitro internacional los frene. La decisión ya está tomada en Washington. La factura, en cambio, la puede terminar pagando cualquiera que alguna vez haya levantado la vista para buscar una estrella, empezando por los cielos de Atacama que hoy hacen de América Latina una potencia astronómica.