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La NASA ya le puso número al polvo de Marte: el perclorato entra más por la comida que por el aire

La norma NASA-STD-3001 ya incluye un límite para el polvo marciano. La cifra sale de dividir entre tres el límite lunar, y el panel que la revisó llegó a una conclusión incómoda para los titulares sobre percloratos y metales pesados.

por Patricia Rodriguez
Astronaut in a spacesuit explores a desert-like environment with rocky formations.
Foto de RDNE Stock project en Pexels

TL;DR:

  • La NASA fijó un límite de 0.1 mg/m³ de polvo marciano en el aire del hábitat, medido como promedio de 24 horas, para estancias de hasta 30 días.
  • La cifra sale del límite lunar de 0.4 mg/m³ dividido entre tres, por la falta de muestras auténticas de polvo marciano.
  • El panel concluyó que el perclorato, el cromo hexavalente y el manganeso son de riesgo bajo al respirarse, y que el perclorato importa sobre todo por los cultivos.

Marte ya tiene un número. El 21 de julio la NASA publicó el requisito [V2 6253] de su norma NASA-STD-3001, que obliga a mantener las partículas de polvo marciano menores a 10 micras por debajo de un promedio ponderado en el tiempo de 0.1 miligramos por metro cúbico durante 24 horas, en escenarios de exposición de hasta 30 días. Detrás hay un grupo de trabajo, el Martian Dust Limit Working Group, que sesionó los días 20 y 27 de febrero de 2026 con cinco especialistas externos convocados para revisar el borrador que habían preparado el custodio del riesgo de polvo lunar y marciano del Centro Espacial Johnson, su grupo de toxicología y el equipo de normas de la oficina médica de la agencia. El resultado quedó en el reporte NASA/SP-20260005907.

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El requisito [V2 6253] de NASA-STD-3001 exige mantener el polvo marciano menor a 10 micras por debajo de 0.1 mg/m³ como promedio de 24 horas en estancias de hasta 30 días. El reporte recomienda además un techo instantáneo de 10 mg/m³ para los picos que entran al hábitat después de una caminata.

La cifra es el límite lunar dividido entre tres

No hay muestras de polvo marciano auténtico en la Tierra y, a diferencia de la Luna, no se espera que las haya pronto. Así que la NASA partió de lo que sí tiene medido. La traducción del estándar lunar a una exposición continua de 30 días da 0.4 mg/m³. A ese valor se le aplicó un factor de incertidumbre de base de 3, para cubrir lo que se desconoce del polvo real marciano, las diferencias con los simulantes y su mayor contenido de hierro. El resultado, 0.13, se redondeó a 0.1.

El propio reporte explica por qué el factor no fue más alto. Con un multiplicador de 10 el límite habría bajado a 0.04 mg/m³, más estricto que el límite de la OSHA para sílice cristalina, que es de 0.05 mg/m³. Los estudios comparativos disponibles muestran que el polvo lunar y el marciano son menos tóxicos que el cuarzo, no más, y el panel consideró poco defendible un umbral que los tratara como peor cosa.

Los 30 días tampoco son arbitrarios: es la duración aproximada de una estancia en superficie para una misión de clase oposición, la ventana corta que hoy resulta viable por mecánica orbital. El estándar asume que el sistema de soporte vital de la nave de regreso se encarga del resto del viaje, y advierte que habrá que reevaluarlo si las estancias se alargan.

El calendario también pesa. La actividad de tormentas de polvo tiene temporada, los eventos que envuelven al planeta entero se han contado 12 veces desde 1971, tardan entre 10 y 40 soles en formarse y hasta 150 en disiparse. La agencia puede anticipar las estaciones de mayor actividad, pero no el inicio de una tormenta concreta.

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El perclorato preocupa, pero el reparto lo mandan los cultivos

Aquí está la parte que no llegó a los titulares. El panel evaluó si los componentes químicos del polvo necesitaban límites propios y concluyó que el cromo hexavalente, el manganeso y el perclorato son de riesgo bajo por inhalación siempre que se cumpla el límite general de masa de polvo. En palabras del reporte, "la masa total de polvo sigue siendo la principal preocupación de ingeniería a corto plazo".

Los márgenes explican la conclusión. Con el límite de 0.1 mg/m³ y una inhalación de 20 metros cúbicos diarios, la dosis de perclorato que entraría por los pulmones sería de unos 0.01 miligramos al día: cerca del 0.3% de la ingesta admisible de 3 mg diarios que la NASA maneja como valor interino para astronautas sanos y con yodo suficiente. Para el manganeso el margen es de unas 20 veces frente a su umbral de neurotoxicidad.

Lo que sí recomendó el panel fue sacar el perclorato del terreno exclusivamente respiratorio y gestionarlo como exposición acumulada por todas las vías. El reporte propone un reparto de referencia entre aire, agua y cultivos: 1%, 10% y 89%. Ese último número es el que importa. Brian Hynek, del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad de Colorado Boulder y miembro del panel, lo dijo con todas sus letras a Space.com: si se cultiva comida en suelo marciano, la exposición de la tripulación podría llegar más por lo que coman que por el polvo suspendido.

El mecanismo está descrito en la revisión que Hynek firmó con médicos de la Universidad del Sur de California y de UCLA, publicada en GeoHealth en febrero de 2025. El perclorato compite con el yoduro en el transportador que lo mete a las células tiroideas, y al bloquearlo reduce la producción de hormona tiroidea. La contramedida que proponen es tan poco espectacular como suplementar yodo y vigilarlo con análisis de sangre.

¿El polvo de Marte causa cáncer?

El panel de la NASA juzgó que el riesgo de cáncer es un factor poco probable para las primeras misiones marcianas de 30 días, y que la fibrosis pulmonar requeriría exposiciones más altas y prolongadas. El foco a corto plazo son las respuestas inflamatorias agudas por inhalación. La revisión de GeoHealth de 2025 sí identifica componentes cancerígenos en el polvo, pero evalúa exposiciones sin un límite aplicado.

La sílice del titular no es la sílice que enferma

El polvo marciano es basáltico y silicatado: alrededor del 45% de su peso es dióxido de silicio. De ahí sale el titular de que está "lleno de sílice". Pero la forma que provoca silicosis es la sílice cristalina respirable, y tanto en el polvo lunar como en el marciano está por debajo del 1 o 2%. La razón geológica es simple: Marte carece de vulcanismo de alta sílice y de tectónica de placas, los procesos que en la Tierra producen cuarzo en cantidad.

El tamaño juega a favor por la misma vía contraintuitiva. El polvo marciano promedia cerca de 1.5 micras en suspensión estacional y supera las 4 durante los eventos de polvo, entre cinco y seis veces más grande que la fracción fina lunar. Partículas más grandes penetran menos profundo en el aparato respiratorio. Hynek describió a Space.com partículas más redondeadas y "no tan dentadas ni cortantes" que las lunares, porque en Marte sí hubo erosión.

De los metales pesados, el arsénico fue descartado como riesgo relevante con los datos actuales, y el cromo detectado por los rovers aparece sobre todo en su forma trivalente, la de baja toxicidad. La propia revisión de GeoHealth admite que el riesgo real del cromo, el berilio, el arsénico y el cadmio a las concentraciones medidas es cuestionable, y que los incluye por completitud.

El hierro es la duda que el panel sí dejó abierta

Donde nadie cerró el caso fue en el hierro. El regolito marciano supera con frecuencia el 20% de óxido de hierro en masa, muy por encima del polvo lunar o de la ceniza volcánica terrestre, y una parte está en fases nanométricas y amorfas capaces de generar especies reactivas de oxígeno por química de Fenton.

La evidencia toxicológica revisada no encontró correlación clara entre esa generación de radicales y el daño pulmonar en modelos animales. Un trabajo con muestras de meteoritos mostró diferencias de órdenes de magnitud en producción de radicales que no se tradujeron en más toxicidad en ratones. Aun así, el panel colocó al hierro por encima del manganeso en riesgo relativo y pidió priorizarlo para estudio y para un posible límite propio.

Vale la pena notar quién estaba en la mesa: dos de los cinco panelistas vienen de la salud por ceniza volcánica. David Damby es químico investigador del programa de riesgos volcánicos del Servicio Geológico de Estados Unidos, y Claire Horwell es catedrática de geosalud en la Universidad de Durham y fundó la red internacional que estudia los riesgos sanitarios de los volcanes. El análogo terrestre estándar para el polvo marciano es ceniza basáltica hawaiana.

El único perclorato terrestre a escala marciana está en Chile

El perclorato es raro en la Tierra y se acumula solo en desiertos extremos. De todos ellos, el desierto de Atacama es el único con concentraciones comparables a las marcianas: hasta cerca de 0.6% en peso en vetas dentro de menas de nitrato, frente a valores por debajo del 0.004% en el oeste de Texas, los valles secos antárticos, las playas bolivianas o Nuevo México. Los rovers han medido entre 0.2% y 0.5% en los suelos polvosos de Marte, dentro de ese mismo orden.

A striking view of the Atacama Desert salt flats with turquoise lagoons and mountains under a clear blue sky.
El desierto de Atacama es el análogo terrestre más cercano al perclorato marciano. Imagen ilustrativa. · Foto de Jose en Pexels

La historia del perclorato marciano también lleva firma hispanohablante. Cuando el módulo Phoenix lo detectó en 2008, el mexicano Rafael Navarro-González, del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, reexaminó los datos que las sondas Viking habían tomado en 1976 y demostró en laboratorio que los clorohidrocarburos hallados entonces podían venir de materia orgánica marciana reaccionando con percloratos al calentar la muestra. Navarro-González murió el 28 de enero de 2021, y el equipo del instrumento SAM del Curiosity lo reconoce como pieza central de lo que hoy se sabe de estos compuestos.

Ese perclorato no es solo un problema. Unos 60 kilos de regolito marciano bastarían para el oxígeno diario de un astronauta si se descompone por calor o por reducción microbiana, y las salmueras de perclorato podrían aportar agua. La misma sal que obliga a vigilar la tiroides es también un recurso.

Lo que falta por medir

El panel dejó claro qué no resuelve el número. Ninguna misión ha traído polvo marciano auténtico, así que el estándar se sostiene sobre toxicología lunar, simulantes y datos geoquímicos de rovers. Las mediciones de perclorato más sólidas vienen de suelo excavado, no de la fracción suspendida que de verdad entraría al hábitat, y esa diferencia sigue sin verificarse.

En lo operativo, el valor de trabajo del programa Artemis es de unos 100 gramos de polvo por caminata y por tripulante, de los cuales cerca del 1% es respirable. Un gramo por salida no suena a mucho hasta que se multiplica por la cadencia de actividad en superficie y se encierra en un volumen sellado con humedad bajísima. Los filtros HEPA funcionan bien con estas partículas, y su punto débil está en las 0.3 micras, un tamaño que el polvo marciano suele superar. El pendiente no es la tecnología, es verificar en cada vehículo cuánto tarda en limpiar el aire.

Ese es el cambio real que introduce el requisito. Mientras la discusión sobre habitar Marte sigue en el terreno de lo que todavía está fuera de alcance, el polvo dejó de ser una advertencia general y pasó a ser un número contra el cual los proveedores tendrán que diseñar filtros, esclusas y protocolos de limpieza, y demostrar que cumplen.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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por Patricia Rodriguez

Solo puedo decir que soy una apasionada con todo lo que tiene que ver con el mundo Digital me encanta todo lo que es escritura, IA, Ediciones de Video Reels y más. Me considero una persona "DIVERGENTE"

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