Un equipo internacional liderado por la Universidad de Ginebra (UNIGE) confirmó que GJ 3090 b, un subneptuno que orbita una enana roja a unos 73 años luz, se mueve en sentido contrario a la rotación de su estrella. El ángulo entre su órbita y el ecuador estelar ronda los 136 grados, y eso lo convierte en el primer planeta retrógrado detectado alrededor de una estrella de tipo M, según el estudio publicado el 21 de septiembre de 2026 en Astronomy & Astrophysics. Lo desconcertante es lo que falta: los astrónomos no encontraron una estrella compañera ni un planeta gigante capaz de haberlo volteado, que es la explicación habitual para órbitas así. Su hipótesis mira hacia el pasado del sistema, a un segundo disco de gas y polvo que la estrella habría capturado con otra orientación.
Un subneptuno que gira a contracorriente
Los planetas suelen heredar el giro del disco de gas y polvo del que nacen, el mismo que forma a su estrella. Por eso casi todos orbitan en la misma dirección en la que rota su sol y cerca de su plano ecuatorial. En el sistema solar, ese ángulo, que los astrónomos llaman Psi, va de unos 3 a 7 grados según el planeta; el de la Tierra supera por poco los 7.
GJ 3090 b rompe esa norma por mucho. Tiene un radio de 2.18 veces el terrestre y una masa de 4.52 veces la de la Tierra, completa una vuelta a su estrella en unos 2.9 días y fue detectado originalmente por el telescopio espacial TESS de la NASA. Su estrella es una enana roja de tipo M2, más pequeña y fría que el Sol, con una edad estimada de alrededor de 1,070 millones de años. El sistema tiene además un segundo subneptuno confirmado, con órbita de 16 días, y un tercer candidato de 13 días.
"Para nuestra gran sorpresa, el planeta GJ 3090 b no solo está en una órbita muy desalineada, sino que además orbita de forma retrógrada, en dirección opuesta a la rotación de su estrella", dijo Yann Carteret, doctorando de la UNIGE y primer autor del estudio, en el comunicado de la universidad.
La medición salió de NIRPS, un espectrógrafo infrarrojo instalado en el telescopio de 3.6 metros de ESO en La Silla, Chile. El equipo observó seis tránsitos del planeta con ese instrumento, cuatro de ellos también con HARPS, para un total de unas 23 horas y 193 espectros. La técnica aprovecha el efecto Rossiter-McLaughlin: cuando el planeta cruza frente a la estrella tapa zonas que giran hacia nosotros o se alejan, y el orden en que lo hace revela en qué sentido se mueve respecto a la rotación estelar.
El resultado final depende de cinco tránsitos de NIRPS. Los autores descartaron los datos de HARPS, cuya señal en luz visible era demasiado débil para una estrella tan roja, y una noche de NIRPS con baja calidad. El ángulo lleva un margen amplio: en el intervalo de una desviación estándar va de 118 a 160 grados, aunque el estudio excluye una órbita polar, de 90 grados, con 2.5 sigmas de confianza. GJ 3090 b es también el planeta más pequeño alrededor de una enana roja con una medición de este tipo en tres dimensiones.

El sospechoso habitual no aparece
Las órbitas muy inclinadas no son nuevas. Lo raro es este sistema en concreto. El estudio cuenta seis sistemas multiplanetarios confirmados con un planeta desalineado más de 70 grados, y en los otros cinco hay una estrella compañera lejana o un planeta masivo exterior que explica el desorden por gravedad. En GJ 3090 no aparece ninguno de los dos.
Para buscarlos, el equipo combinó velocidades radiales de HARPS y NIRPS, imágenes de alta resolución y datos del satélite Gaia. La siguiente tabla resume las explicaciones posibles y lo que encontró cada comprobación. Una unidad astronómica (UA) equivale a la distancia media entre la Tierra y el Sol.
| Explicación | Qué haría falta | Qué encontró el equipo |
|---|---|---|
| Estrella compañera lejana | Una segunda estrella que perturbe la órbita con su gravedad | Descartada con velocidades radiales, imágenes de alta resolución y datos de Gaia |
| Planeta gigante exterior | Un mundo masivo más lejos de la estrella que incline la órbita | Sin rastro: se excluye uno de más de 1 masa de Júpiter a menos de 15 UA y de más de 13 a menos de 100 UA, si comparte plano con GJ 3090 b |
| Paso cercano de otra estrella | Un encuentro que torciera el disco original hasta invertirlo | Poco probable: ese tipo de encuentro transfiere mal el giro necesario para un disco retrógrado |
| Segundo disco capturado tarde | Gas del entorno que cayera sobre la estrella con otra orientación | La explicación que favorecen los autores, pendiente de más observaciones |
Hay otro detalle que complica la historia gravitacional. GJ 3090 b es el planeta más interno del sistema, y los mecanismos que recurren a un compañero masivo actúan sobre todo en los planetas exteriores: habrían destruido al interno o lo habrían dejado alineado. Voltearlo sin desestabilizar a sus vecinos resulta muy difícil, según el artículo.
Un segundo disco, la pista que proponen
"La ausencia de un compañero masivo que explique esta órbita inusual nos llevará a explorar otras hipótesis", dijo Vincent Bourrier, investigador del Departamento de Astronomía de la UNIGE y coautor del estudio. "En el caso de GJ 3090, la estrella podría haber acretado un disco secundario desalineado y retrógrado en el que después se formaron los planetas del sistema".
El paper detalla el mecanismo. En una fase tardía de su formación, la estrella habría recibido una caída de gas desde el medio interestelar, con una orientación al azar. Ese material habría formado un disco nuevo, torcido respecto al eje de giro estelar, y los planetas se habrían formado en él y migrado hacia dentro, heredando la inclinación y conservando un mismo plano entre ellos. Los autores consideran este escenario el único viable para el caso, porque una caída de gas sobre el disco original difícilmente lo invertiría alrededor de una enana roja.
El cálculo tiene un límite. La estrella conserva su orientación mientras el material acretado no supere unas 1,500 masas terrestres, lo que equivale a unas 15 masas terrestres de polvo si se asume la proporción habitual de 1 parte de polvo por 100 de gas. Como los planetas del sistema suman una fracción importante de ese polvo, el equipo deduce que la mayor parte del disco secundario terminó convertido en planetas en lugar de caer sobre la estrella.
Las mareas juegan en contra de esta configuración: en las enanas rojas suelen realinear con eficacia las órbitas cercanas, pero en GJ 3090 b, a unas 13 veces el radio estelar, su efecto es débil. Por eso la inclinación habría sobrevivido. Para los autores, la órbita retrógrada está entre las pruebas más sólidas hasta ahora de un disco de segunda generación completamente renovado.
El trabajo no cierra el caso. Queen Mary University of London, que participó con el astrónomo Andrew Winter, señala que se necesitarán más observaciones para poner a prueba el escenario y saber si otros sistemas esconden configuraciones igual de extremas. Lo que sí deja es una herramienta: NIRPS demostró que puede medir la arquitectura de planetas pequeños alrededor de enanas rojas, las estrellas más comunes de la galaxia, un terreno que hasta ahora había quedado casi fuera de alcance.