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Terraformar Marte sigue fuera de alcance, pero la hoja de ruta de 2026 ya no apuesta al CO2

El estudio que declaró imposible terraformar Marte es de 2018. La hoja de ruta de 2026 propone tres vías distintas.

por Alejandro Castillo Leone
High-resolution image of Mars shining in the vast universe, showcasing its surface details.
Foto de Zelch Csaba en Pexels

TL;DR:

  • El "no se puede terraformar Marte" sale de un análisis de Nature Astronomy del 30 de julio de 2018, financiado en parte por la NASA, que evaluó una sola vía: liberar el dióxido de carbono que le queda al planeta.
  • Ese inventario tope se queda muy corto para calentar Marte, y buena parte de ese gas ni siquiera se puede movilizar.
  • El 2 de abril de 2026, un equipo de 25 autores publicó una hoja de ruta con tres vías distintas y la definió como investigación en etapa temprana.

Marte no puede convertirse hoy en una segunda Tierra, y el dato que sostiene esa frase tiene ocho años. La conclusión viene de un trabajo que Bruce M. Jakosky, de la Universidad de Colorado, y Christopher S. Edwards, de la Universidad del Norte de Arizona, publicaron en Nature Astronomy el 30 de julio de 2018, financiado en parte por la NASA a través de las misiones MAVEN y Mars Odyssey. Sumaron el dióxido de carbono todavía disponible en los casquetes polares, el suelo y los minerales marcianos con dos décadas de datos de sondas, y su resumen lo dice sin adornos: no queda suficiente CO2 en el sistema marciano para provocar un calentamiento de invernadero apreciable, y la mayor parte de ese gas no es accesible. De ahí la frase que se repite desde entonces, que terraformar Marte "no es posible con la tecnología actual". Esa conclusión, sin embargo, se refiere a una ruta concreta. Y la investigación ya tomó otra.

Conviene precisar qué tipo de texto es. No fue un descubrimiento nuevo sino una Perspective, el formato de análisis con el que la revista revisa un problema a la luz de lo que ya se sabe. Space Daily, que volvió sobre el estudio el 1 de agosto de 2026, cifra el techo de presión que arrojó ese inventario en torno al 7% de la terrestre, muy lejos del umbral que haría falta.

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El estudio que se cita como prueba de que Marte no puede terraformarse se publicó el 30 de julio de 2018 en Nature Astronomy y evaluó una sola vía: movilizar el CO2 que queda en el planeta. No midió los métodos que la investigación propone desde 2024, basados en aerosoles fabricados, membranas y reflectores en órbita.

Marte tuvo una atmósfera más densa y la fue perdiendo al espacio, un escape que MAVEN y Mars Express midieron directamente. Es un planeta que cambió de estado, no un mundo que naciera muerto, y esa es exactamente la razón por la que sigue interesando a la ciencia planetaria.

Venus: pudo tener océanos en el 90% del planeta
Un estudio en Earth and Planetary Science Letters ve huellas de océanos antiguos en tres relieves de Venus.

De la ruta del CO2 a los aerosoles: lo que cambió en 2024 y 2025

El 7 de agosto de 2024, Science Advances publicó un trabajo firmado por Samaneh Ansari, Edwin S. Kite, Ramses Ramirez, Liam J. Steele y Hooman Mohseni que atacó el problema por otro lado. En lugar de gases de invernadero, propone nanovarillas conductoras de unos 9 micrómetros fabricadas con el propio polvo marciano, rico en hierro y aluminio. Esas partículas dispersan la luz solar hacia adelante y bloquean el infrarrojo que sube desde el suelo, y el paper calcula que serían más de 5,000 veces más eficaces que el mejor gas disponible. Con dos modelos climáticos distintos y una vida útil de partícula de diez años, la liberación sostenida de 30 litros por segundo calentaría Marte de forma global en unos 30 kelvin y empezaría a derretir el hielo.

Nada de eso convierte a Marte en un lugar respirable. Derretir hielo y subir la temperatura media es el primer escalón de una escalera larga, y todo el resultado sale de simulaciones, no de un experimento.

En mayo de 2025, la misma Nature Astronomy que había publicado el "imposible" abrió la puerta al otro lado del argumento. El 13 de mayo de 2025 apareció "The case for Mars terraforming research", firmado por Erika Alden DeBenedictis, Kite, Robin Wordsworth, Nina Lanza, Charles Cockell, Pamela Silver, Ramirez, John Cumbers, Mohseni, Christopher Mason, Woodward Fischer y Christopher P. McKay, del centro Ames de la NASA, con adscripciones en Harvard, Caltech, Los Álamos, Chicago, Edimburgo y la Universidad de Florida Central. El texto cita el trabajo de Jakosky y Edwards en su bibliografía y sostiene que los avances en ciencia marciana, modelado climático, capacidad de lanzamiento y biociencia justifican volver a mirar el problema, porque han aparecido técnicas capaces de subir la temperatura media del planeta decenas de grados en unas pocas décadas.

Kite, de la Universidad de Chicago, resumió a Space.com por qué le importa el asunto más allá de la colonización:

"Un campamento base a escala de la galaxia es un planeta habitable"

La hoja de ruta de abril de 2026 nombra tres vías y les pone condiciones

El documento más reciente del debate se subió a arXiv el 2 de abril de 2026 y lo firman 25 autores de la Universidad de Chicago, el Instituto Astera, Los Álamos, el Observatorio Haystack del MIT, el JPL-Caltech, Harvard, Northwestern, Stanford, la Universidad de Florida, Pioneer Labs, Terraform Industries, la Universidad de Florida Central, Weill Cornell, Breakthrough Initiatives, SynBioBeta y la Universidad de Edimburgo. Su primera línea aclara el terreno: el texto no presupone que calentar Marte sea deseable, y su propósito es identificar qué tendría que ser cierto para lograrlo, cuánto costaría y qué podría salir mal.

Las tres vías que considera prometedoras son estas:

  • Membranas de invernadero en estado sólido, que darían calentamiento local para cosechar agua, producir alimento y generar oxígeno cerca de bases humanas. Phys.org y Universe Today, que reportaron el preprint en abril, describen cubiertas de materiales tipo aerogel de sílice que dejan pasar la luz visible y atrapan el infrarrojo, con la idea de crear oasis templados de escala reducida.
  • Reflectores en órbita capaces de calentar puntos concretos, como las propias bases y los depósitos de hielo de CO2, aunque el área combinada que haría falta es grande.
  • Reforzar el efecto invernadero natural del planeta, la vía más ambiciosa, que podría calentar regiones extensas o el globo entero y también la que deja más flecos sin resolver.

Las prioridades inmediatas que fija el documento son terrestres, no marcianas: probar en la Tierra los parámetros que dirán si el calentamiento por aerosoles fabricados es viable, evaluar si se puede producir hábitats de bioplástico de forma exponencial y diseñar los experimentos de proceso que habría que llevar a Marte. Los autores señalan además cuál es la variable que no controlan, y es económica: si los costos de lanzamiento siguen bajando o no. El propio texto se etiqueta como investigación en etapa temprana e incluye qué se aprendería aunque los resultados salieran negativos.

Mientras tanto, vivir en Marte significa vivir sellado

Todo lo anterior habla de décadas. La superficie marciana, en cambio, es la de hoy. La atmósfera es dióxido de carbono en más del 95% y la presión ronda el 1% de la que hay al nivel del mar en la Tierra, tan baja que el agua hierve a temperatura corporal. Un traje presurizado ahí no es un accesorio para respirar mejor, sino lo que impide que la sangre y los tejidos de una persona se conviertan en vapor.

La lista sigue. La temperatura media anda en los 60 grados bajo cero. La gravedad es cerca del 38% de la terrestre. Sin campo magnético global ni atmósfera que la frene, la radiación llega casi entera al suelo: Space Daily, apoyándose en la ficha de datos de la NASA, sitúa la dosis que midió el rover Curiosity en superficie en torno a 0.7 milisieverts diarios. Y el suelo está cargado de percloratos, tóxicos para la tiroides, que habría que lavar de cualquier cosa cultivada en él.

Cúpula geodésica de vidrio y estructura metálica levantada sobre un terreno desértico, con cielo despejado al fondo
Imagen ilustrativa: los diseños de asentamiento marciano parten de hábitats sellados y presurizados, no de salir a la intemperie · Foto de Jonathan Cooper en Pexels

También hay recursos reales. El hielo de agua se puede minar para beber, para obtener oxígeno y para fabricar combustible, y el CO2 de la atmósfera se puede procesar en oxígeno respirable, algo que la NASA ya demostró a pequeña escala a bordo del rover Perseverance. Marte queda relativamente cerca y recibe luz suficiente para que la energía solar funcione, cosa que no ocurre más allá.

La incógnita mayor no es de ingeniería. Hay décadas de datos sobre el cuerpo humano en gravedad normal y en la casi ingravidez de la órbita, y prácticamente nada en medio. Si una persona puede mantenerse sana durante años al 38% de la gravedad terrestre, o criar hijos ahí, es una pregunta que ningún rover puede contestar.

El "2050" que circula esta semana es una cita de 2023

El titular que ha vuelto a circular estos días, el de un ingeniero que da por hecha una colonia marciana para 2050, tiene autor y fecha. Serkan Saydam, subdirector del Centro Australiano de Investigación en Ingeniería Espacial y profesor de la Universidad de Nueva Gales del Sur, se lo dijo a Live Science para un artículo firmado por Patrick Pester y publicado el 2 de abril de 2023:

"Creo que para 2050 tendremos una colonia humana en Marte"

Saydam es ingeniero de minas y su especialidad es la minería del futuro. En esa misma entrevista puso el freno él solo: casi todo el equipo saldría de la Tierra, porque no ve manera de fabricar un camión en la superficie marciana. Y Live Science apuntó en el mismo texto que no existe consenso científico sobre una colonia para 2050, citando a Louis Friedman, cofundador de The Planetary Society, que en 2019 dijo a Gizmodo que la colonización marciana era improbable en el horizonte visible, y a la neurocientífica Rachael Seidler, de la Universidad de Florida, que calificó el optimismo de poco realista.

La aritmética orbital pone el otro límite. Las ventanas de lanzamiento hacia Marte se abren cada 26 meses y la siguiente cae entre noviembre y diciembre de 2026, con la posterior en 2028. SpaceX ha planteado enviar naves Starship sin tripulación en esa ventana como primer paso hacia la ciudad de un millón de habitantes que Elon Musk propuso en 2016, y el propio Musk ha estimado públicamente en torno a un 50% las probabilidades de llegar a tiempo. Cuando Live Science hizo su recuento en 2023, China apuntaba a misiones tripuladas desde 2033 y la NASA a finales de los treinta o principios de los cuarenta.

El tercer texto que alimentó la conversación esta semana no es científico. El escritor australiano Jordan Prosser publicó en la sección de libros de The Guardian, con fecha del 7 de agosto de 2026, un ensayo titulado "Tech barons dream of human colonies on Mars, but I can't think of a worse place to die". Es el mismo mes en que UQP lanza su segunda novela, Blue Giant, sobre una mujer de Melbourne que se obsesiona con ser la primera persona en Marte tras el anuncio de un empresario danés que recluta para un viaje sin retorno. El telón de fondo de esa ficción, un planeta agotado del que conviene irse, coincide con la aceleración del calentamiento global que los datos ya registran.

Preguntas rápidas sobre terraformar Marte

¿Ya se descartó terraformar Marte?

No. El análisis de Nature Astronomy de 2018 concluyó que no era posible con la tecnología de entonces movilizando el CO2 marciano. La hoja de ruta subida a arXiv el 2 de abril de 2026 propone tres vías distintas, y sus 25 autores la describen como investigación en etapa temprana cuya principal incógnita externa es si los costos de lanzamiento siguen bajando.

¿Cuándo llegará el primer humano a Marte?

No hay fecha confirmada. Las ventanas de lanzamiento se abren cada 26 meses y la siguiente cae entre noviembre y diciembre de 2026, seguida de la de 2028. SpaceX planea usar una de ellas para naves sin tripulación. En su recuento de 2023, Live Science situaba a China con misiones tripuladas desde 2033 y a la NASA hacia finales de los años treinta.

¿Qué significa terraformar un planeta?

Jakosky y Edwards lo definen en su trabajo como modificar el ambiente de un planeta para acercarlo al terrestre, de modo que la vida de la Tierra, humanos incluidos, pueda sobrevivir en la superficie sin sistemas de soporte vital. Vivir dentro de hábitats presurizados queda fuera de esa definición, porque ahí el planeta sigue igual y lo que cambia es el refugio.

Ocho años después de aquel inventario de CO2, la pregunta sigue abierta, pero cambió de forma. Ya no se discute si alcanza el gas que Marte guarda bajo el suelo, sino si un puñado de técnicas fabricadas en la Tierra funcionan como dicen los modelos, y si lanzarlas allá costará lo suficientemente poco para intentarlo. Lo único que no está en disputa es la parte que le toca a quien vaya primero: viviría sellado, bajo tierra o bajo una cubierta, con la puerta cerrada.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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