Saltar al contenido

La 'mafia DeepMind' atrajo miles de millones a la IA de Londres, pero el Reino Unido sigue sin un modelo soberano

Exfundadores de DeepMind atraen miles de millones a Londres, pero ninguno construye un modelo frontera británico.

por Dilis Salazar
La 'mafia DeepMind' atrajo miles de millones a la IA de Londres, pero el Reino Unido sigue sin un modelo soberano
Photo by Robin the Bird / Unsplash

TL;DR:

  • Exalumnos de DeepMind levantan rondas récord en Londres: Ineffable Intelligence cerró 1,100 millones de dólares y Recursive Superintelligence unos 500 millones.
  • Ninguno construye un modelo de propósito general del que el Estado británico pueda depender; el Reino Unido financia apuestas menores, como un fondo soberano de 500 millones de libras.
  • El bloqueo del 12 de junio a los modelos Fable 5 y Mythos 5 de Anthropic mostró por qué la dependencia de la IA estadounidense importa, también para Europa y América Latina.

Los exalumnos de DeepMind —la llamada "mafia DeepMind"— están levantando rondas récord para sus laboratorios de inteligencia artificial en Londres, pero ninguno de los antiguos lugartenientes de Demis Hassabis está construyendo un modelo de IA de frontera que el Reino Unido pueda llamar propio. La paradoja quedó al descubierto este mes, cuando Washington bloqueó de golpe el acceso de cualquier extranjero a Fable 5 y Mythos 5, los modelos más potentes de Anthropic, y reavivó un debate de una década sobre la "soberanía de IA" británica. El dinero llega al barrio londinense de King's Cross como nunca; la capacidad de usar esa tecnología sin permiso ajeno, no. Esa es la tensión que recorre el reportaje del Financial Times sobre cómo el auge de la IA aterrizó en Londres.

Hace dos décadas, King's Cross era uno de los rincones más descuidados del centro de la ciudad. Hoy concentra las principales bases europeas de algunas de las empresas más ricas del planeta. El giro se explica en buena parte por una decisión de Hassabis: tras vender DeepMind a Google en 2014, mantuvo el laboratorio en Londres en lugar de mudarlo a la costa oeste de Estados Unidos. De ese semillero salió una generación de investigadores que ahora monta sus propias compañías.

Ineffable y Recursive: miles de millones, pero no el modelo que el Reino Unido necesita

El caso más sonado es Ineffable Intelligence, fundada en noviembre de 2025 por David Silver, profesor del University College London y ex jefe del equipo de aprendizaje por refuerzo de DeepMind. En abril de 2026 cerró una ronda semilla de 1,100 millones de dólares —la mayor de la historia en Europa— que la valoró en 5,100 millones, con Sequoia y Lightspeed al frente y Nvidia, Google y el fondo soberano de IA del Reino Unido entre los participantes.

Aquí está el matiz que cambia la historia: Ineffable no está construyendo un modelo de lenguaje grande al estilo de ChatGPT o Claude. Silver apuesta por un "superlearner" que aprende de su propia experiencia mediante aprendizaje por refuerzo, la misma técnica detrás de AlphaGo y AlphaZero. Su ambición la planteó así:

"Nuestra misión es hacer el primer contacto con la superinteligencia." — David Silver

La otra gran apuesta es Recursive Superintelligence, del también exDeepMind Tim Rocktäschel, constituida en el Reino Unido y que, según reportó el Financial Times, levantó cerca de 500 millones de dólares con demanda suficiente para estirar la cifra hasta los 1,000 millones. Los dos proyectos persiguen caminos nuevos hacia una IA más capaz. Ninguno apunta a darle al gobierno y a las empresas británicas el modelo de propósito general del que podrían depender sin pedirle permiso a nadie. El imán londinense, por cierto, sigue creciendo: el laboratorio de IA de Jeff Bezos, Project Prometheus, estaría buscando oficinas cerca del hub de Google en la ciudad, según reportes.

Symmetrical view of modern buildings against a bright sky
Photo by Mike Hindle / Unsplash

El apagón de Anthropic encendió la alarma de la soberanía

El recordatorio de por qué importa todo esto llegó el 12 de junio de 2026. Con apenas un aviso de hora y media, según el Financial Times, el Departamento de Comercio de Estados Unidos ordenó a Anthropic suspender el acceso a Fable 5 y Mythos 5 para cualquier ciudadano extranjero, estuviera dentro o fuera del país, incluidos sus propios empleados no estadounidenses. Como la empresa no podía filtrar a sus usuarios por nacionalidad, terminó apagando ambos modelos para todo el mundo. El acceso a sus modelos menos potentes, como Claude Opus 4.8, no se vio afectado.

El caso empujó la palabra "soberanía" hasta la mesa del G7 de este mes. Para Nathan Benaich, inversor de Air Street Capital y autor del informe State of AI, la lección incomoda: la IA más avanzada la construyen un puñado de empresas estadounidenses bajo ley estadounidense, y lo que los demás puedan hacer con ella puede cambiar de la noche a la mañana —literalmente un viernes por la tarde, como acababa de pasar—. Su diagnóstico sobre la dependencia europea va sin rodeos:

"Un país no necesita el mejor modelo del mundo para ser soberano; necesita uno creíble propio, en su propio suelo, lo bastante bueno como para que quedarse sin acceso sea sobrevivible y no catastrófico." — Nathan Benaich

El Reino Unido financia apuestas pequeñas, no un modelo bandera

Frente a ese riesgo, Londres no responde con un modelo de frontera nacional. Sus ministros reparten cheques más modestos: un fondo soberano de IA de 500 millones de libras (unos 678 millones de dólares), que ya tomó participación en Ineffable, y —según el reporte del Financial Times— hasta 60 millones de libras para que laboratorios de Oxford y el UCL desarrollen IA de código abierto capaz de correr en hardware común, dentro de una estrategia de 1,600 millones de libras de la agencia UKRI. La secretaria de Ciencia, Innovación y Tecnología, Liz Kendall, defendió la inversión en Ineffable con un mensaje político nítido:

"Esto subraya nuestra determinación de garantizar que el Reino Unido no sea solo un consumidor de IA, sino un creador de IA." — Liz Kendall

El argumento de quienes defienden este enfoque es que el Reino Unido no puede ganar la carrera del escalado —no tiene cómo financiarla— y le conviene apostar por la eficiencia y por nuevos paradigmas antes que pelear una guerra de cómputo perdida de antemano. Si eso cuenta como soberanía o es solo una aceptación cortés de la dependencia de los laboratorios estadounidenses es, en buena medida, la pregunta que hereda el próximo gobierno.

Por qué este debate también es nuestro

La discusión no se queda en Londres. El apagón de Anthropic golpeó por igual a usuarios de España y América Latina, que en la práctica corren su IA sobre tierra alquilada: infraestructura, modelos y chips diseñados y gobernados en Estados Unidos. La Comisión Europea reaccionó en caliente —su portavoz, Thomas Regnier, dijo a medios que examina las consecuencias prácticas de la medida y la aprovechó para reforzar el mensaje de autonomía tecnológica del bloque—, mientras Francia decidió reemplazar herramientas de Palantir por la francesa ChapsVision por miedo a esa misma dependencia.

En la región hispanohablante el dilema es aún más crudo. Gobiernos que apuestan su futuro a la IA dependen de una llave que está en Washington, justo como mostró el episodio de Anthropic. Y opera una trampa que el propio Benaich ha descrito como la paradoja de la soberanía de IA: cuanto más se persigue la independencia comprando capacidad estadounidense, más profunda se vuelve la dependencia. El modelo puede ser local, pero el chip, el software y la capa intermedia siguen siendo ajenos.

La soberanía tecnológica no se alquila: se construye, y eso pide años, talento y dinero que pocos países tienen. Londres ya probó que puede atraer a investigadores de primer nivel y miles de millones para retenerlos. Lo que todavía no probó —ni el Reino Unido ni casi nadie fuera de Estados Unidos y China— es que pueda apagar el riesgo de quedarse, un viernes cualquiera, sin acceso a la IA que ya da por sentada.

Fuentes: 1, 2, 3

Dilis Salazar imagen de perfil
por Dilis Salazar

Leer más de Tecnología y Ciencia