TL;DR:
- Sor Juana dedicó cerca de 50 poemas a la virreina María Luisa Manrique de Lara, a quien llamaba Lisi, según el recuento del ensayista Sergio Téllez-Pon.
- La condesa se llevó los manuscritos a España y financió Inundación castálida (1689), la primera publicación europea de la monja, de donde salió el apodo de Décima Musa.
- Ningún documento conocido define la naturaleza del vínculo. Octavio Paz lo leyó como un amor jamás consumado; Téllez-Pon habla de una relación casta.
Cada tanto vuelve el mismo titular: la monja más brillante de América y la virreina de Nueva España tuvieron un romance. La afirmación descansa sobre un cuerpo documental que existe y es enorme, pero que no dice exactamente eso. Sor Juana Inés de la Cruz le escribió alrededor de cincuenta poemas a María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, XI condesa de Paredes y marquesa de la Laguna, y la llamó Lisi. Eso está probado. Que ese amor haya sido carnal, correspondido o meramente cortesano es, hasta hoy, lectura de especialistas. La distinción importa porque el sorjuanismo vive un momento activo: en abril de 2026 la Universidad del Claustro de Sor Juana abrió un centro de investigación dedicado precisamente a documentar lo que se puede documentar.
El expediente que sí existe
María Luisa llegó a Nueva España en 1680, acompañando a su marido, el virrey Antonio de la Cerda. Ya admiraba a la monja antes de conocerla y pidió que se la presentaran. La relación coincidió con el periodo más productivo de sor Juana, y ahí empieza lo verificable:
- Los poemas. Téllez-Pon, que reunió esa producción en la antología Un amar ardiente, contabiliza cerca de cincuenta piezas dedicadas a la virreina. En uno de los sonetos más citados, sor Juana declara que adora a Lisi sin pretender que le corresponda.
- El mecenazgo editorial. La condesa cargó los manuscritos rumbo a España. El poeta Jorge Gutiérrez Reyna, autor de La invención de sor Juana (Lumen, 2026), explicó a Milenio que Inundación castálida (1689), la primera publicación de la jerónima en Europa, salió adelante a instancias de María Luisa, y que ese libro es el que le confiere el título de Décima Musa. Sin ese viaje, buena parte de la obra se habría perdido.
- Los Enigmas. En 1968, Enrique Martínez López localizó en la Biblioteca Nacional de Lisboa los Enigmas ofrecidos a la Casa del Placer, un juego literario armado por encargo de la condesa entre sor Juana y unas monjas portuguesas. Están fechados en 1695, el año de su muerte: el vínculo seguía en pie casi hasta el final.
- Las cartas. En 2015, las investigadoras Hortensia Calvo y Beatriz Colombi encontraron en la Latin American Library de la Universidad de Tulane dos cartas firmadas por la virreina, una a su prima la condesa de Aveyro y otra a su padre, en las que habla de sor Juana.
Cuatro capas de evidencia. Ninguna es una confesión.
Dónde empieza la interpretación
Octavio Paz dedicó a la monja Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe (1985) y sostuvo que el romance nunca se consumó. Téllez-Pon, que es quien más ha empujado la lectura amorosa de esos versos, tampoco propone una historia de alcoba. En entrevista con El País describió el vínculo en cinco palabras:
"una relación intensa pero casta"
El propio ensayista agrega el matiz que suele perderse en los resúmenes: se enamoraron intelectualmente, dice, pero se enamoraron. Y describe a María Luisa como la persona que le quitó de encima al confesor Núñez de Miranda y la estimuló a escribir. Es una tesis, con argumentos y con nombre. No es un acta.

El archivo sigue creciendo en 2026
La Universidad del Claustro de Sor Juana inauguró en abril el Centro de Investigación y Documentación Sor Juana, dirigido por Carmen Beatriz López Portillo, con cuatro pilares declarados: investigación interdisciplinaria, documentación de acervos virreinales, publicación de tesis y mediación cultural. La sede es el antiguo Convento de San Jerónimo, cuyo sector más viejo data de 1585 y donde la monja vivió desde 1668 hasta su muerte. Su biblioteca resguarda más de 70 mil volúmenes, incluida la Colección Sor Juana, inscrita por la UNESCO en el registro Memoria del Mundo.
En el recorrido de apertura, Gutiérrez Reyna mostró un dato que resume el tipo de trabajo que hace falta: una nota firmada por Juana Inés en 1690 que prueba que ella, como contadora del convento, supervisó personalmente el cierre de los arcos del patio. Administró los bienes de la comunidad durante nueve años. Y bajo el sotocoro están los restos que se le atribuyen, identificados gracias a un rosario de madera y un medallón de carey; murió un 17 de abril, tras cuidar a sus hermanas durante una epidemia de tifus.
Ese es el punto. A sor Juana se le sigue encontrando en papeles: una nota de obra, un cuaderno en Lisboa, dos cartas en Nueva Orleans. Si algún día aparece un documento que responda la pregunta del romance, aparecerá igual, en un archivo y con fecha. Mientras tanto, lo que hay es una obra que la virreina salvó de la desaparición y un enigma que su autora no dejó por escrito.
Fuente: 1