TL;DR:
- China alista Chang'e-7 para despegar desde Wenchang con un orbitador, un módulo de alunizaje, un rover y un vehículo saltarín que buscará hielo de agua en el polo sur de la Luna.
- Estados Unidos llevará el módulo Griffin de Astrobotic al mismo polo a finales de 2026, pero su equipo para perforar y analizar ese hielo no llega antes de 2027.
- Pekín apunta a alunizar con taikonautas para 2030 y la NASA para 2028, aunque su fecha ya se movió varias veces y los módulos de SpaceX y Blue Origin siguen sin probarse.
China prepara el lanzamiento de Chang'e-7 desde el centro espacial de Wenchang, en la isla de Hainan, y las referencias del propio programa apuntan a que puede ocurrir este mismo mes. Estados Unidos planea posar su módulo Griffin, construido por Astrobotic, en el mismo destino hacia finales de 2026. Las dos misiones son robóticas y las dos van al polo sur de la Luna por la misma razón: el hielo de agua atrapado en cráteres que llevan miles de millones de años sin ver el Sol. Ese hielo se convierte en combustible, en aire respirable y en agua potable, que es lo que separa una visita de una base habitada. La diferencia está en el calendario. Chang'e-7 lleva instrumentos para perforar y analizar el hielo en el sitio; el equipo estadounidense capaz de hacer lo mismo no llega antes de 2027.
Ahí empieza lo interesante. La nave china viajó de Pekín a Hainan en un Antonov An-124 en abril, según reportó SpaceNews, y buscará posarse en el entorno del cráter Shackleton. Va acompañada de cargas científicas de Egipto, Baréin, Italia, Rusia, Suiza, Tailandia y del Observatorio Lunar Internacional con sede en Hawái. La siguiente, Chang'e-8, está fijada para antes de 2029 y ya no solo mirará: probará cómo usar los recursos del terreno.

El premio no es la bandera, es quedarse
Doce astronautas de la NASA caminaron sobre la Luna y volvieron con unos 385 kilos de roca y suelo. Después de 1972, nadie más. Repetir aquello sería, en términos técnicos, un problema resuelto hace medio siglo; construir un lugar donde la gente viva es otra cosa completamente distinta.
Clayton Swope, subdirector del Proyecto de Seguridad Aeroespacial del Center for Strategic and International Studies, lo describió a CNN en términos que se alejan de la épica de los sesenta: habla de generaciones, de personas que nacen y mueren fuera de la Tierra, de algo que se parece más a una ciudad que a una expedición polar. Nadie en ninguno de los dos gobiernos promete eso para esta década, pero es el horizonte contra el que se están construyendo los cohetes.
Y el hielo es el primer eslabón. Tang Yuhua, subdiseñadora jefe de Chang'e-7, explicó a medios estatales chinos en 2025 que localizarlo abarataría el sostenimiento de una base al ahorrar el transporte de agua desde la Tierra. Guo Hongfeng, investigador de los Observatorios Astronómicos Nacionales de la Academia China de Ciencias, ha ido más lejos y señala al helio-3 como el recurso lunar más valioso, por delante del titanio, el silicio y el aluminio, por su posible uso en fusión nuclear y computación cuántica.
China fusionó sus dos programas lunares, y eso pesa más que los discursos
Aquí está el dato que casi nadie está cruzando. Mientras el debate público gira alrededor de fechas de alunizaje, Pekín reordenó por dentro toda su maquinaria espacial en 2026.
El 9 de abril, la oficina del programa espacial tripulado chino (CMSE) anunció que profundizaría la integración de sus misiones lunares tripuladas y robóticas, estas últimas gestionadas hasta entonces por la agencia espacial CNSA. La justificación oficial fue explícita:
"para aprovechar plenamente las ventajas del nuevo sistema de movilización nacional"
El 23 de mayo, en rueda de prensa, un portavoz detalló que la fusión abarca tres dimensiones (misiones, recursos y equipos) y que el conjunto pasa a llamarse Programa de Exploración Lunar. La analista Kristin Burke documentó el proceso para el China Brief de la Jamestown Foundation y añade el resto del inventario: tras el cuarto pleno del Partido Comunista de noviembre de 2025, el sector aeroespacial fue designado industria pilar, una categoría reservada a los sectores que sostienen la economía nacional y que trae horizontes de planificación más largos y trato preferente. La CNSA creó además un Departamento de Espacio Comercial y, en junio de 2026, un centro de monitoreo y alerta temprana de asteroides.
Nada de eso sale en un titular, pero describe mejor la trayectoria que cualquier declaración. Un país que reorganiza sus oficinas está resolviendo problemas de coordinación de largo plazo, no ganando un ciclo de noticias.
Esa opacidad es, a la vez, el gran obstáculo para saber quién va adelante. El exadministrador de la NASA Jim Bridenstine lo resumió a CNN señalando que con China no hay transparencia. Y después añadió la observación que de verdad inquieta en Washington:
"Pero lo que sí sabemos es que, cuando se fijan objetivos, los cumplen."
El portavoz de la agencia espacial tripulada china, Zhang Jingbo, dijo en mayo que no escatimarán esfuerzos para lograr el primer alunizaje chino en 2030. Por la precisión con la que el país ha ejecutado sus misiones Chang'e, buena parte de los especialistas consultados por CNN cree que llegará a tiempo.
La NASA depende de una maniobra que nunca se ha hecho
El calendario estadounidense es más ambicioso sobre el papel y más frágil en la práctica. La hoja de ruta de la NASA propone bajar astronautas en 2028, una fecha que ya se movió varias veces. Artemis II cumplió en abril de 2026 al llevar a cuatro tripulantes alrededor de la Luna, pero la agencia todavía no tiene un vehículo capaz de posarlos en la superficie.
La diferencia de arquitectura explica casi todo. Los medios estatales chinos describen un esquema de dos cohetes: uno sube la cápsula Mengzhou con la tripulación, otro el módulo de alunizaje Lanyue, y ambos se acoplan en órbita. Se acoplan, nada más. El plan estadounidense necesita que Starship o Blue Moon repongan propelentes en órbita terrestre antes de intentar el descenso, lo que implica trasvasar toneladas de fluidos criogénicos entre dos naves unidas en el vacío. Eso no se ha hecho jamás en la historia del vuelo espacial.

La primera prueba seria llegaría el año próximo con Artemis III, cuando SpaceX y Blue Origin deberían enviar cada una un prototipo a órbita baja para ensayar el acoplamiento con la cápsula Orion. China, por su parte, ya voló en febrero de 2026 una prueba del cohete Long March 10 con la nave Mengzhou, y en agosto de 2025 mostró en tierra los sistemas de navegación, propulsión y detección del Lanyue.
Patrick Besha, exasesor estratégico de la NASA y especialista en el programa chino, dijo a CNN que el camino técnico de Pekín hacia 2030 luce más directo y que los obstáculos que quedan no son de los que no tienen solución. Del lado presupuestario, Casey Dreier, director de política espacial de The Planetary Society, apunta a la incoherencia de fondo: Estados Unidos nunca financió a la NASA como si esto fuera una carrera y ahora corre el riesgo de enmarcarla como una derrota. El administrador Jared Isaacman fue menos matizado en febrero, durante una conferencia en Virginia recogida por la revista Aerospace America de la AIAA:
"Si nos quedamos atrás, quizá nunca podamos alcanzarlos."

Nadie ha escrito las reglas para extraer recursos
El Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 sigue siendo el documento central del derecho espacial y prohíbe que un país se apropie de la Luna por reclamo de soberanía, uso u ocupación. Lo que no resuelve es qué pasa cuando alguien instala una central nuclear que necesita un perímetro de seguridad alrededor, o cuando una empresa empieza a extraer material y venderlo.
Swope resume el nudo en una pregunta que no tiene respuesta jurídica limpia: si no puedes apropiarte de algo, cómo puedes poseerlo. Su lectura es que ese hueco se ha ido salvando mirando hacia otro lado, y que Estados Unidos ya lo hizo con su propia legislación.
Los Acuerdos Artemis, firmados en 2020, son el intento estadounidense de fijar el marco: reconocen el derecho de países y empresas a extraer recursos y admiten "zonas de seguridad" que dejan fuera a terceros. Setenta países los han firmado, según la lista de la NASA que cita CNN. China no está, y tampoco Rusia, Bielorrusia, Pakistán ni Egipto. Besha, que sigue de cerca la postura china en Naciones Unidas, describe el patrón de Pekín como acercarse al límite del tratado sin cruzarlo.
El desacople es profundo. Estados Unidos prohibió en 2025 que ciudadanos chinos con visado trabajen en la NASA, y la enmienda Wolf, vigente desde 2011, restringe desde antes cualquier cooperación bilateral de la agencia. En paralelo, China planea su base con Rusia, cuya experiencia en reactores de fisión espaciales es real: Moscú heredó más de treinta satélites lanzados con reactores durante la Guerra Fría, frente a uno solo del lado estadounidense, el SNAP-10A de 1965. Wu Weiren, diseñador jefe del programa lunar chino, dijo a Reuters en 2025 que en energía nuclear espacial Rusia lleva ventaja incluso sobre Estados Unidos. El mismo Wu ha situado la primera estación básica de la Estación Internacional de Investigación Lunar hacia 2035 y una instalación ampliada hacia 2045, según recogió Aerospace America. El objetivo declarado de un asentamiento permanente chino apunta a 2040.
Mientras tanto, la parte comercial avanza por su cuenta. Varias empresas estadounidenses ya trabajan en planes para extraer y vender recursos lunares, y el mercado castiga o premia esas promesas en tiempo real, como se vio cuando SpaceX cayó a su mínimo histórico tras prometer fábricas en la Luna.
España y buena parte de América Latina ya eligieron lado
Esta historia se cuenta casi siempre como un duelo de dos, y no lo es del todo. Entre los firmantes de los Acuerdos Artemis figuran España, México, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Uruguay y Perú, que ya asumieron el marco estadounidense sobre extracción de recursos y zonas de seguridad. El cuarto taller de los Acuerdos se celebró en Lima los días 13 y 14 de mayo de 2026, la primera vez que los países firmantes se reunieron en América Latina, según reportó Infodefensa.
Del otro lado hay un detalle que resume lo permeable que sigue siendo la frontera: Egipto no firmó los Acuerdos Artemis y sí lleva carga científica a bordo de Chang'e-7. Los dos bloques compiten por reglas y por socios, y varios países todavía se mueven entre ambos según la misión.
Preguntas rápidas sobre la carrera lunar
¿Cuándo despega Chang'e-7?
Las referencias del programa apuntan a agosto de 2026, en un cohete Long March 5 desde el centro de Wenchang, en Hainan, aunque no hay fecha oficial confirmada. La nave llegó al puerto espacial en abril y buscará posarse en el entorno del cráter Shackleton, cerca del polo sur lunar.
¿Quién va a llegar primero a la Luna con astronautas?
China apunta a 2030 y la NASA a 2028, pero la fecha estadounidense se ha movido varias veces y sus módulos de alunizaje aún no se prueban. El exadministrador Jim Bridenstine cree que los próximos en pisar la Luna serán taikonautas; el actual, Jared Isaacman, dice que Estados Unidos llegará a tiempo.
¿Se pueden extraer recursos de la Luna legalmente?
El Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 prohíbe que un país se apropie de la Luna, pero no aclara qué ocurre con los materiales extraídos. Los Acuerdos Artemis de 2020, firmados por 70 países, sí reconocen ese derecho. China y Rusia no los han firmado.
Los dos calendarios se ponen a prueba en los próximos meses, y con datos que se podrán comprobar. El cohete de Chang'e-7 ya está en Wenchang esperando ventana. El trasvase de propelentes criogénicos del que depende el alunizaje estadounidense todavía no se ha demostrado ni una sola vez.