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Limpiar la órbita ya es un negocio, pero aún nadie ha bajado una pieza grande de chatarra

Astroscale cobra 13,200 millones de yenes por retirar un cohete. La ESA cataloga 46,160 objetos en órbita.

por Patricia Rodriguez
SpaceX Dragon spacecraft in orbit, highlighting advanced space technology with cloud backdrop.
Foto de SpaceX en Pexels

TL;DR:

  • Astroscale firmó con la agencia japonesa JAXA un contrato de unos 13,200 millones de yenes con impuestos para retirar un solo cohete abandonado; la misión ADRAS-J2 sigue en desarrollo y apunta al ejercicio fiscal 2027.
  • La ESA cataloga unos 46,160 objetos espaciales y más de 17,000 toneladas en órbita, con datos actualizados al 31 de julio de 2026.
  • El dinero que ya circula está en vigilar el tráfico y alargar la vida de los satélites: en España, GMV opera el centro nacional de seguimiento espacial por encargo de la Agencia Espacial Española.

Un grupo de empresas apuesta a que recoger la chatarra que dejamos arriba puede convertirse en un negocio propio y no solo en un gasto ambiental. CNBC publicó este 8 de agosto de 2026 un reportaje de Elsa Ohlen sobre esa carrera, con la japonesa Astroscale y la suiza ClearSpace al frente. Los números oficiales marcan el tamaño del hueco entre la ambición y lo hecho: la Agencia Espacial Europea cataloga unos 46,160 objetos en órbita, con más de 17,000 toneladas de masa, y la misión mejor financiada del sector apunta a bajar exactamente uno. Se firmó por unos 13,200 millones de yenes y no despega antes del ejercicio fiscal 2027.

Andrew Faiola, vicepresidente comercial de Astroscale, resumió así el diagnóstico ante CNBC:

"El espacio es un bien común y lo estamos ensuciando"

Faiola compara una colisión orbital con una granada estallando contra un coche: deja una nube de fragmentos, muchos demasiado pequeños para seguirlos desde tierra y con trayectorias que nadie puede anticipar. Su argumento comercial no apela al altruismo, sino a la regulación. Nadie discute, dice, que las centrales nucleares haya que desmantelarlas al final de su vida.

Esta nota da el paso siguiente al reportaje que FomoEra publicó el 5 de agosto sobre lo que ya está cayendo.

Basura espacial: una tonelada cae cada semana
Cae una tonelada de basura espacial por semana. El convenio que debería pagar los daños se ha invocado una sola vez.

El contrato más grande del sector paga por retirar una sola pieza

Astroscale Japan firmó con JAXA la Fase II del programa CRD2, la demostración japonesa de retiro de chatarra a gran escala. La propia empresa publica la cifra en la ficha de la misión: unos 13,200 millones de yenes con impuestos. El objetivo es una etapa superior de un cohete H-2A que lleva desde 2009 dando vueltas, de unos 11 metros de largo, 4 de ancho y 3 toneladas de peso. La nave la agarrará por su adaptador de carga útil con un brazo robótico y la empujará hacia abajo.

El ensayo previo ya terminó, y salió bien. ADRAS-J, el primer satélite comercial que se acercó a un objeto real de basura, pasó 293 días en órbita, llegó a 15 metros de la etapa, dio vueltas a su alrededor y validó su sistema autónomo de evasión de colisiones. El 25 de marzo de 2026 empezó su propio desorbitado controlado: bajó a una altura desde la que reentrará por sí solo en menos de cinco años. En la casa llaman a este tipo de trabajo asistencia en carretera, pero espacial.

"Astroscale ha logrado una ventaja competitiva importante en el mercado de servicios en órbita"

Lo dijo Nobu Okada, fundador y consejero delegado, al cerrar la misión. El matiz que conviene subrayar: ADRAS-J miró y fotografió, no retiró nada. Del lado europeo, ClearSpace, el consorcio suizo salido de la Escuela Politécnica Federal de Lausana que la ESA eligió en 2019 para bajar un adaptador Vespa de un Vega de 2013, sigue sin volar. Fortune reportó en diciembre de 2024 que hubo que cambiar de objetivo porque el original recibió el impacto de chatarra no rastreable, con lo que el propio problema retrasó a la misión que venía a resolverlo.

Satélite con paneles solares desplegados sobre el fondo de la Tierra vista desde órbita
Imagen ilustrativa: los cuerpos de cohete concentran casi una cuarta parte de la masa en órbita · Foto de SpaceX en Pexels
⚠️
Ninguna misión ha capturado y desorbitado todavía una pieza grande de basura que ya estuviera en el espacio. Las dos que lo intentarán, ADRAS-J2 de Astroscale y ClearSpace-1 de la ESA, siguen en desarrollo.

Las cifras que circulan no cuadran porque no cuentan lo mismo

Aquí hay una trampa que casi ninguna cobertura desarma. CNBC cita a OrbitRadar con casi 30,000 objetos seguidos, de los cuales unos 18,500 serían satélites activos. La Oficina de Desechos Espaciales de la ESA, con datos actualizados al 31 de julio de 2026, publica otras: unos 46,160 objetos catalogados y seguidos de forma regular, unos 18,840 satélites todavía en órbita y unos 16,000 en funcionamiento. No hay error en ninguna de las dos. El catálogo público estadounidense es más estrecho que el europeo, y "sigue arriba" no significa "sigue sirviendo".

El resto del inventario oficial ordena la escala del encargo:

  • Unos 7,320 lanzamientos desde 1957, sin contar los fallidos, pusieron unos 27,490 satélites en órbita.
  • Más de 660 eventos de fragmentación entre explosiones, colisiones y anomalías.
  • El modelo MASTER-8 de la ESA estima además 1.2 millones de fragmentos de 1 a 10 centímetros y 140 millones por debajo del centímetro, imposibles de seguir uno a uno.

Un cálculo sobre las propias tablas de la ESA explica por qué las misiones de retiro apuntan a cohetes viejos y no a fragmentos: los cuerpos de cohete son solo 2,086 objetos del catálogo, pero suman 3,882.6 toneladas, casi una cuarta parte de toda la masa que hay arriba. Cada uno de esos tanques vacíos es una bomba de fragmentos esperando su turno.

Tim Flohrer, jefe de esa oficina, avisó a CNBC de algo que el sector repite y los presupuestos ignoran: aunque mañana se detuvieran todos los lanzamientos, la basura seguiría aumentando, porque los objetos se rompen más rápido de lo que la atmósfera los devuelve. El riesgo que dibuja es dejar ciertas órbitas inutilizables. La ESA, recuerda, no es un regulador: solo puede imponer reglas a sus propias misiones.

Y el reloj se movió por su cuenta. SatNews apuntó el 2 de agosto que el ciclo solar 25 está expandiendo la termosfera y frenando a los satélites muertos antes de lo previsto. La sonda Van Allen Probe A de la NASA, de 600 kilos, cayó años antes de lo calculado. Baja más chatarra, sí, pero también se vuelve menos predecible dónde termina.

Lo que ya se factura no es recoger, es vigilar y alargar la vida

El mercado real de 2026 tiene tres patas, y solo una consiste en retirar cosas:

  • Vigilancia y evitación de colisiones: contratos públicos recurrentes, con clientes que pagan todos los años.
  • Extensión de vida y servicio en órbita: acoplarse a un satélite geoestacionario sano y darle más años de operación, el terreno del vehículo LEXI de Astroscale.
  • Retiro activo de un objeto grande: la pata que todavía no ha demostrado nada y donde vive casi todo el discurso.

En esa primera pata está el ángulo español, y es más grande de lo que parece. La multinacional GMV opera el Centro Español de Vigilancia y Seguimiento Espacial (S3TOC), dentro del proyecto SST financiado por la Agencia Espacial Española y gestionado por la ESA mediante acuerdo con terceros. La agencia le adjudicó la operación y el mantenimiento del centro por 4.2 millones de euros en abril de 2025, según la adjudicación publicada en el Boletín Oficial del Estado y recogida por Actualidad Aeroespacial. GMV lidera además, con HISDESAT e ImmediaIT, el grupo que está definiendo cómo será la próxima generación de ese centro. Alberto Águeda, su director de vigilancia espacial, lo plantea como preparación para una época de megaconstelaciones y objetos cada vez menos controlados.

El capital privado ya venía mirando hacia allá: la salida a bolsa de SpaceX empujó el radar de los fondos hacia el retiro de basura orbital y otras apuestas que hace tres años sonaban a ciencia ficción.

La regulación es lo que puede convertir esa expectativa en facturas. La FCC estadounidense y la propia ESA empujan a los operadores del viejo plazo de 25 años para desorbitar hacia cinco años o directamente hacia reentradas controladas, según recogió SatNews. Faiola apuesta abiertamente a que esa presión, y no la conciencia, cree el mercado. Flohrer matiza desde el otro lado: el cumplimiento mejora, sobre todo entre operadores comerciales, pero no lo bastante rápido para frenar el crecimiento del problema.

Preguntas rápidas sobre el negocio de la basura espacial

¿Ya se puede contratar el retiro de un satélite muerto?

Todavía no como servicio comercial abierto. Las misiones existentes son contratos con agencias: Astroscale trabaja para JAXA en ADRAS-J2, prevista para el ejercicio fiscal 2027, y ClearSpace para la ESA con una misión que sigue sin volar. Lo que sí se contrata hoy es vigilancia orbital y extensión de vida de satélites.

¿Cuánta basura espacial hay ahora mismo?

La Oficina de Desechos Espaciales de la ESA cataloga unos 46,160 objetos seguidos de forma regular y más de 17,000 toneladas de masa en órbita, con datos al 31 de julio de 2026. Su modelo MASTER-8 estima además 1.2 millones de fragmentos de 1 a 10 centímetros que nadie puede rastrear individualmente.

¿Hay empresas españolas trabajando en basura espacial?

Sí. GMV opera el Centro Español de Vigilancia y Seguimiento Espacial por encargo de la Agencia Espacial Española, con gestión de la ESA, y lidera junto a HISDESAT e ImmediaIT el grupo que diseña su próxima generación. Su terreno es el seguimiento de objetos y la prevención de colisiones, no la captura.

Durante veinte años la basura espacial se contó como un problema ambiental sin dueño. Ahora tiene facturas, clientes y un calendario: 13,200 millones de yenes por bajar un cohete de tres toneladas, con la primera captura real apuntada al ejercicio fiscal 2027. Enfrente siguen los 46,160 objetos del catálogo de la ESA, que ese día seguirán siendo 46,159.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Solo puedo decir que soy una apasionada con todo lo que tiene que ver con el mundo Digital me encanta todo lo que es escritura, IA, Ediciones de Video Reels y más. Me considero una persona "DIVERGENTE"

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