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Basura espacial: cae una tonelada por semana y el convenio de 1972 solo se ha usado una vez

Cae una tonelada de basura espacial por semana. El convenio que debería pagar los daños se ha invocado una sola vez.

por Patricia Rodriguez
Star trails creating a circular pattern over a communication tower at night.
Foto de Anas Fakhari en Pexels

TL;DR:

  • Estados Unidos emitió alertas por casi 820 objetos que reentraron en la atmósfera el año pasado, contra unos 110 hace una década.
  • El riesgo anual de que una persona resulte herida por basura espacial sigue por debajo de 1 entre 100,000 millones, según la ESA, y no hay ninguna muerte confirmada en casi 70 años.
  • El Convenio de Responsabilidad de 1972 registra una sola reclamación en toda su historia: Canadá cobró 3 millones de dólares canadienses en 1981.

Un anillo metálico de unos 500 kilos cayó en diciembre de 2024 sobre un campo de cultivo en Mukuku, un poblado keniano a tres horas de Nairobi. La Agencia Espacial de Kenia lo describió a principios de 2025 como un evento aislado. No lo era. El año pasado la Fuerza Espacial de Estados Unidos emitió alertas por casi 820 objetos que volvieron a entrar en la atmósfera, frente a unos 110 hace diez años, y hoy regresa al menos un objeto de una tonelada o más cada semana, según la Agencia Espacial Polaca. Un reportaje de Selam Gebrekidan para The New York Times, publicado el 31 de julio de 2026, reconstruye ese ritmo y llega a la parte que casi nadie levanta: por el anillo de Mukuku no pagó nadie, y el mecanismo internacional que debería obligar a hacerlo se ha usado una sola vez desde 1972.

El objeto era el anillo que conectaba dos partes de un cohete y debía haberse desintegrado al volver. Los vecinos lo vieron enfriarse de brasa incandescente a gris apagado. Se tomaron selfies mientras esperaban a los funcionarios que llegaron de la capital.

Cielo nocturno con múltiples estelas luminosas de satélites cruzando un campo de estrellas en una fotografía de exposición larga
Imagen ilustrativa: la población de objetos en órbita baja se multiplicó en la última década · Foto de Anas Fakhari en Pexels

Las 820 alertas cuentan avisos, no un censo de lo que cae

La cifra que ordena toda la cobertura mide advertencias emitidas, no objetos aterrizados, y esa vara tiene agujeros documentados. El caso más reciente ocurrió sobre suelo español. El 16 de octubre de 2025, a la 01:57:27 UTC, el satélite chino XJY-7, de entre 3 y 5 toneladas, reentró sobre Tenerife y se fragmentó a unos 60 kilómetros de altura. La Agencia Estatal de Meteorología lo detectó desde su estación de Izaña, junto al Observatorio del Teide.

"Su fragmentación produjo un tren de ondas sónicas", explicó el profesor Josep Trigo, del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC).

Trece estaciones sísmicas del Centro Geofísico de Canarias registraron el paso. Y aun así, según el investigador Marco Langbroek, de la Universidad Tecnológica de Delft, que participó en la identificación del objeto, el Mando Espacial de Estados Unidos nunca emitió una alerta de reentrada para él, algo que calificó de extraño tratándose de un objeto de ese tamaño.

La imprecisión tampoco es un detalle menor. Un error de un solo minuto al predecir una reentrada mueve la zona de impacto unos 500 kilómetros, según la Aerospace Corporation. La propia ESA explica por qué: la velocidad a la que decae una órbita depende de la densidad de las capas altas de la atmósfera, que a su vez depende del modelo que se use y de una actividad solar que no se puede pronosticar bien.

Basura espacial medida a 36,000 km con radar
El telescopio Lovell midió un fragmento de 66 cm a 36,000 km de la Tierra con una técnica de radar inédita.

El convenio que todos citan tiene una sola reclamación en 54 años

Aquí está el hueco real de la historia. El Convenio sobre la Responsabilidad Internacional por Daños Causados por Objetos Espaciales, firmado en 1972, es un tratado que impone responsabilidad absoluta al Estado que lanzó un objeto por los daños que ese objeto cause en la superficie terrestre o a aeronaves en vuelo. Sobre el papel es contundente. En la práctica se ha invocado exactamente una vez.

Fue en enero de 1978, cuando el satélite soviético Cosmos 954, con un reactor nuclear a bordo, se desintegró sobre los Territorios del Noroeste de Canadá y esparció fragmentos radiactivos por miles de kilómetros cuadrados de tundra. Canadá presentó su reclamación formal el 23 de marzo de 1979 por unos 6 millones de dólares canadienses. Las negociaciones tardaron dos años.

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El único pago registrado bajo el Convenio de 1972 se firmó en Moscú el 2 de abril de 1981: 3 millones de dólares canadienses, cerca de la mitad de lo reclamado. El texto del protocolo, publicado por la ONU, tiene tres artículos y no reconoce responsabilidad en ninguno.

América Latina ya vivió el otro extremo del problema, y sin ningún expediente abierto. El 7 de febrero de 1991, la estación soviética Salyut-7, acoplada al Kosmos-1686 y con unas 40 toneladas en conjunto, cayó descontrolada sobre Capitán Bermúdez, en las afueras de Rosario, Argentina. Los vecinos encontraron metal en calles y jardines. Es, según el registro de reentradas no controladas que mantiene el analista Theodore Kruczek en KeepTrack, la segunda mayor de la historia después del Skylab, y nadie pagó nada por ella.

Lo que sí está medido no es el golpe, es el cielo cerrado

El riesgo personal es tan bajo que cuesta explicarlo sin sonar frívolo, y la ESA lo pone en números: menos de 1 entre 100,000 millones al año de que una persona resulte herida por basura espacial. Eso es unas 65,000 veces menos que morir alcanzado por un rayo y unas tres veces menos que ser golpeado por un meteorito. En casi setenta años de vuelos espaciales no hay ninguna víctima mortal confirmada, y el único caso documentado de impacto es el de Lottie Williams, de Tulsa, Oklahoma, rozada en el hombro por un fragmento de una segunda etapa Delta II en enero de 1997. Salió ilesa.

Lo que sí está creciendo, y está cuantificado en un estudio publicado en Scientific Reports por el equipo de Ewan Wright, de la Universidad de Columbia Británica, es la interferencia con la aviación:

  • Las zonas de alta densidad de tráfico alrededor de los grandes aeropuertos tienen un 0.8% de probabilidad anual de verse afectadas por una reentrada no controlada.
  • En espacios aéreos más amplios pero igual de concurridos, como el noreste de Estados Unidos o el norte de Europa, esa probabilidad sube al 26% anual.
  • La probabilidad de que un fragmento golpee un avión sigue siendo baja, advierten los autores, pero el resultado de un impacto así sería catastrófico.

El ensayo general ya ocurrió. En enero, la etapa superior de un cohete Zhuque-3 de la empresa china Landspace quedó fuera de control y las agencias la siguieron durante cuatro días. Pesaba unas 11 toneladas, demasiado para confiar en que se incinerara del todo, y sus últimas órbitas pasaron sobre Europa. Autoridades británicas pidieron a las redes móviles probar el sistema de alertas de emergencia. Terminó cayendo al Índico o al Pacífico.

Mientras tanto, el problema también viaja en la otra dirección: este 5 de agosto una etapa de Falcon 9 abandonada desde 2025 se estrella contra la Luna, donde ningún convenio de responsabilidad tiene a quién indemnizar.

SpaceX pasó de decir que todo se incinera a admitir un 5%

La regulación es el capítulo donde el reportaje muerde más fuerte. Más de 300 cohetes despegaron el año pasado, casi cuatro veces más que hace una década. Hay unos 16,000 satélites en órbita y buena parte volverá. SpaceX, con más de 10,000 propios, ya solicitó permiso para lanzar un millón más; Blue Origin persigue algo parecido y las megaconstelaciones chinas apuntan a cientos de miles.

Durante un tiempo la empresa de Elon Musk sostuvo que todos sus satélites se incineraban por completo al volver. En 2024 apareció un trozo de metal de SpaceX en una granja canadiense. Hoy la compañía dice que hasta un 5% de la masa de algunos satélites puede no desintegrarse, según recoge el reportaje. Un estudio encargado por la FAA concluyó que, hacia 2035, los restos de los satélites de SpaceX por sí solos podrían herir o matar a alguien cada dos años. La empresa discrepó de ese informe en su momento y no respondió a las preguntas del diario.

El mapa normativo va detrás. La FCC obliga a las compañías a reportar el riesgo de víctimas por satélites que caen, pero su competencia central son las frecuencias de radio. La FAA propuso una regla para ordenar la eliminación de desechos orbitales y la retiró en enero tras la presión de la industria. Las directrices de Naciones Unidas sobre basura espacial son de 2007, cuando había una fracción de los satélites actuales, y no son vinculantes.

Del lado europeo el movimiento existe pero es voluntario o gradual: la ESA impulsa su enfoque Zero Debris para 2030, con una carta redactada junto a cuarenta actores del sector, y trabaja en el llamado design for demise, el diseño de naves con materiales que se consuman enteros al reentrar. Reguladores a ambos lados del Atlántico empujan además el paso de la vieja guía de 25 años para desorbitar un satélite a un plazo de cinco o a reentradas controladas.

Preguntas rápidas sobre la basura espacial

¿Qué probabilidad hay de que me caiga basura espacial encima?

La ESA calcula el riesgo anual de que una persona resulte herida por basura espacial en menos de 1 entre 100,000 millones. Es unas 65,000 veces menos probable que morir alcanzado por un rayo y unas tres veces menos que ser golpeado por un meteorito. En casi setenta años de vuelos espaciales no hay ninguna víctima mortal confirmada.

¿Ha caído basura espacial en España o América Latina?

Sí. El 16 de octubre de 2025 el satélite chino XJY-7, de entre 3 y 5 toneladas, reentró sobre Tenerife y su fragmentación quedó registrada en trece estaciones sísmicas del Centro Geofísico de Canarias, según el ICE-CSIC. En febrero de 1991 la estación soviética Salyut-7 cayó sobre Capitán Bermúdez, en las afueras de Rosario, Argentina.

Si me cae un pedazo de cohete, ¿quién presenta la reclamación?

Tu gobierno, no tú. El Convenio de 1972 fija responsabilidad absoluta del Estado que lanzó el objeto por los daños en la superficie terrestre, pero la reclamación se tramita de Estado a Estado. Antes hay que identificar al dueño del objeto, y ese trámite puede tardar meses o no completarse nunca.

En Mukuku, ese trámite se atascó justo ahí. Las autoridades kenianas tardaron meses en confirmar que el anillo pertenecía a un cohete francés que había puesto en órbita un satélite de televisión estadounidense y que llevaba más de dieciséis años dando vueltas, según la agencia espacial francesa. El ministerio francés de Exteriores dice que Kenia nunca presentó una reclamación formal. Los vecinos, que vieron agrietarse sus casas, tampoco recibieron esa información, según el senador Daniel Maanzo, que representa la zona.

"Eso no ocurrió. No hubo compensación", dijo Maanzo.

La única vez en la historia que ese mecanismo terminó en un pago hicieron falta dos años de negociación entre dos gobiernos, y el cheque fue por la mitad de lo pedido. Fue en 1981, cuando había un puñado de satélites arriba. Hoy hay dieciséis mil y en camino la solicitud de un millón más.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Solo puedo decir que soy una apasionada con todo lo que tiene que ver con el mundo Digital me encanta todo lo que es escritura, IA, Ediciones de Video Reels y más. Me considero una persona "DIVERGENTE"

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