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Medio Ambiente

Un estudio explica por qué importa la rapidez del calentamiento para la AMOC

Un modelo sugiere que la velocidad del calentamiento puede cambiar la estabilidad de la AMOC. No fija una fecha de colapso ni demuestra que la circulación ya esté fallando.

por Patricia Rodriguez
Vibrant ocean waves crashing and creating a natural seascape of splashes and motion.
Foto de Marie Pankova en Pexels

La estabilidad de una gran circulación oceánica del Atlántico puede depender no solo de cuánto se calienta el planeta, sino también de la rapidez con que cambia el clima. Esa es la conclusión de un estudio de modelización sobre la Circulación de Retorno Meridional del Atlántico, o AMOC: en sus experimentos, una subida lenta de CO₂ permitió que el sistema siguiera funcionando con un calentamiento mucho mayor que cuando el CO₂ aumentó deprisa. El resultado no significa que la AMOC ya esté colapsando ni marca un termómetro universal para el mundo real.

La AMOC es un sistema de corrientes, no una sola “cinta transportadora”. Mueve agua cálida hacia el norte en superficie y devuelve agua más fría y densa en profundidad; la temperatura y la salinidad ayudan a impulsarlo. Por eso cualquier cambio sostenido en ese equilibrio importa para el clima regional y para la forma en que el océano redistribuye calor.

El experimento no encontró un único número mágico

El equipo de René M. van Westen, Reyk Börner y Henk A. Dijkstra comparó en un modelo climático varios ritmos de aumento del CO₂. Con el incremento más lento —0,5 partes por millón al año— la AMOC se mantuvo estable hasta alrededor de 5,5 °C de calentamiento dentro de la simulación. Con aumentos de 2,5 y 5 partes por millón al año, la circulación empezó a colapsar cerca de +2 °C en ese mismo modelo.

La diferencia no se explica solo por la temperatura final. Cuando el forzamiento avanza más despacio, las capas superficiales y el interior del océano tienen más margen para ajustarse. Cuando avanza muy rápido, el sistema puede no seguir ese estado estable: cambia el contraste de densidad que favorece el hundimiento de agua en el Atlántico Norte y la circulación pierde fuerza de forma abrupta.

Eso es lo que los autores describen como un punto de inflexión dependiente de la tasa. Es una advertencia metodológica importante: buscar una única cifra de calentamiento que resuma el riesgo puede ocultar que la trayectoria hasta esa cifra también modifica el resultado.

No es un pronóstico de colapso a 2 °C

Las cifras de +2 °C y +5,5 °C pertenecen a configuraciones concretas del modelo y a las tasas de CO₂ que el equipo eligió para probar el mecanismo. No son una fecha de colapso, ni un umbral físico ya medido en el Atlántico, ni una garantía de que todos los modelos climáticos produzcan el mismo desenlace.

Esa diferencia se pierde en varios titulares recientes. Hablar de una AMOC “en colapso” da a entender un hecho observado; el estudio analiza qué ocurre en simulaciones bajo cambios rápidos. Y escenarios de impacto alimentario o de una “válvula de calor” atlántica corresponden a investigaciones distintas, con supuestos y preguntas propias. No deben sumarse como si fueran una sola prueba.

Qué se sabe de la AMOC actual

La investigación observacional sí ha detectado señales compatibles con un debilitamiento de la AMOC durante el último siglo, pero todavía no permite afirmar que el sistema esté entrando ahora en un colapso. Las observaciones directas y continuas son recientes frente a la variabilidad natural del océano, por lo que distinguir una tendencia de largo plazo sigue siendo difícil.

Ese es el contexto que vuelve útil al nuevo trabajo. No resuelve cuánto se debilitará la AMOC ni cuándo podría cruzar un punto crítico. En cambio, propone que los modelos y las evaluaciones de riesgo no miren únicamente el nivel final de calentamiento: también deben probar la velocidad del cambio y la capacidad del océano para adaptarse durante el camino.

La conclusión más sólida por ahora no es que la circulación atlántica vaya a detenerse en una fecha concreta. Es que el ritmo del calentamiento puede ser una variable decisiva en sistemas climáticos con puntos de inflexión, y que confundir una simulación con una observación solo enturbia una señal científica que ya merece atención.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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