Los agujeros negros lanzan sus potentes chorros de materia siguiendo la misma regla, sin importar si tienen diez veces la masa del Sol o millones de veces más. Un estudio publicado el 17 de septiembre de 2026 en Nature Astronomy concluye que esos chorros aparecen cuando el ritmo al que el agujero negro devora materia cae a cerca del 2% de su límite de Eddington, el punto en que la presión de la radiación equilibra la gravedad. La investigación, firmada por Adelle Goodwin (Universidad Curtin, Australia) y Andrew Mummery (Institute for Advanced Study, en Princeton), resolvió el enigma observando estrellas despedazadas por agujeros negros supermasivos. El resultado apunta a un único mecanismo físico detrás de estos chorros en todo el rango de masas y ofrece a los astrónomos una forma de anticipar qué agujeros negros los dispararán y cuándo.
Dos momentos en los que el agujero negro dispara un chorro
Al analizar el material que cae hacia el agujero negro, el equipo identificó dos fases distintas de lanzamiento. La primera ocurre pronto, cuando el objeto se alimenta a un ritmo altísimo, por encima del límite de Eddington. La segunda llega mucho después, entre cientos y miles de días más tarde, cuando ese ritmo de alimentación desciende hasta rozar el 2% de ese límite. Ese mismo umbral ya se conocía en los agujeros negros de masa estelar de nuestra galaxia, donde marca el cambio de estado a partir del cual se forma el chorro. Que la cifra coincida en objetos con masas tan dispares apunta a que un solo proceso físico, independiente del tamaño, gobierna el fenómeno.
Los agujeros negros suelen describirse como aspiradoras cósmicas, pero se parecen más a comensales desordenados. Cuando uno desgarra una estrella no engulle todo de forma limpia: parte del gas sale despedido en flujos violentos, los "eructos" capaces de recorrer distancias enormes e influir en la evolución de la galaxia que los alberga.
Cuando un agujero negro despedaza una estrella, no se traga todo de forma limpia.
La frase es de Adelle Goodwin, coautora del trabajo e investigadora del Centro Internacional de Investigación en Radioastronomía (ICRAR), en la Universidad Curtin.
Estrellas despedazadas para ver el proceso en años
Comprobar que la regla es universal era difícil porque los agujeros negros supermasivos evolucionan a lo largo de miles o millones de años, un plazo imposible de seguir. Los llamados eventos de disrupción de marea, en los que una estrella se acerca demasiado y queda destrozada por la gravedad del agujero negro, comprimen todo ese ciclo de alimentación en apenas unos años y abren una ventana para observarlo casi en directo.
El equipo revisó veinte de estos eventos con observaciones en luz visible, ultravioleta, rayos X y radio, y se quedó con diez casos de alta calidad en los que pudo modelar a la vez el ritmo de alimentación y el momento en que salían los flujos de radio. Los datos provienen de telescopios repartidos por Estados Unidos, Australia, India, Sudáfrica y el espacio.
Ahora se puede anticipar qué agujeros negros lanzarán chorros
Además de explicar por qué unos agujeros negros disparan su chorro justo tras devorar una estrella y otros tardan meses o años, el hallazgo tiene un uso concreto. Si se sabe cuándo es más probable que aparezca un chorro tardío, los astrónomos pueden programar mejor el tiempo de los grandes telescopios, un recurso muy disputado, y no desperdiciar observaciones. El propio trabajo apunta a instrumentos como el Square Kilometre Array, el radiotelescopio que prevé empezar a recoger datos científicos en 2028.

Durante décadas se sospechó que los agujeros negros seguían las mismas leyes físicas sin importar su tamaño. El estudio pone una cifra a esa intuición, el 2% del límite de Eddington, y convierte un rasgo antes difuso en una predicción que los radiotelescopios podrán poner a prueba.