La NASA se prepara para dar una segunda vida al Starliner de Boeing justo cuando SpaceX planea jubilar la nave que hoy sostiene sus vuelos tripulados. Según reportó Ars Technica el 17 de septiembre de 2026, fuentes de la agencia adelantaron que en los próximos días anunciará la compra de dos misiones tripuladas adicionales a Boeing, aportará fondos para reparar los propulsores defectuosos de la cápsula y ayudará a certificarla sobre un cohete distinto al Atlas V, próximo a retirarse. El detonante: SpaceX comunicó a la NASA que pretende retirar el Crew Dragon hacia 2030, o antes, para volcarse en Starship. Como el Dragon es hoy el único vehículo operativo de EE. UU. para llevar astronautas a la órbita baja, la jugada busca que la agencia no vuelva a depender de un solo proveedor.
SpaceX quiere jubilar el Dragon y deja a la NASA sin repuesto
El Crew Dragon es hoy la única nave estadounidense certificada y en servicio para llevar tripulaciones a la órbita baja, y SpaceX ya no la quiere volando a largo plazo. La compañía comunicó a la NASA en los últimos meses su intención de retirarla hacia 2030, según Ars Technica, para concentrar recursos en Starship, el cohete con el que planea desplegar sus satélites Starlink y una nueva megaconstelación. Tras señalarlo en privado durante meses, SpaceX empezó a confirmarlo en público, un giro llamativo para un vehículo que apenas comenzó a volar con humanos en 2020.
Elon Musk añadió otra pieza el mes pasado: elevar la cadencia de Starship también obligaría a ir apagando el Falcon 9, el cohete que hoy lanza la mayoría de las misiones de carga y tripulación a la estación. Consultada esta semana sobre si mantendría el Dragon en operación, la presidenta y directora de operaciones de SpaceX, Gwynne Shotwell, evitó comprometerse a un plazo largo y apuntó a que existe otro proveedor, Boeing, al que le toca dar el paso y cumplir con el contrato que el gobierno ya financió.

El encargo incluye arreglar los propulsores y buscar otro cohete
El plan que describe Ars Technica tiene tres partes. La NASA compraría a Boeing dos misiones tripuladas adicionales, sumaría fondos, sin cifra pública conocida, para resolver los fallos de propulsión que la cápsula arrastra desde sus dos últimos vuelos, y ayudaría a certificar el Starliner sobre un cohete nuevo.
Ese último punto es el más delicado. El Atlas V de United Launch Alliance (ULA), el lanzador para el que se diseñó la cápsula, está por retirarse y usa motores de fabricación rusa. Quedan seis unidades, según Ars Technica, una reservada para el vuelo de prueba no tripulado del Starliner 1 y cinco para las misiones tripuladas siguientes. Mantener la nave operativa más allá de esa reserva, sobre todo si Boeing quiere ofrecerla a las futuras estaciones comerciales, obliga a homologarla en otro cohete. La competencia, apunta el reporte, se reducirá casi con seguridad al Vulcan de ULA y al New Glenn de Blue Origin, dos vehículos que todavía no vuelan con regularidad.
El Starliner llega tocado a esta segunda oportunidad
La cápsula no aterriza en esta segunda oportunidad en su mejor momento. En su primer vuelo de prueba tripulado, en junio de 2024, el Starliner llevó a los astronautas Butch Wilmore y Suni Williams a la estación con una fuga de helio y, durante el acoplamiento, con cinco de sus 28 propulsores de control fallando, según relató Space.com. La NASA concluyó que era demasiado arriesgado traerlos de vuelta en la nave: los dejó en la estación cerca de nueve meses y los repatrió en 2025 a bordo de un Crew Dragon, mientras el Starliner regresaba vacío. Más tarde la agencia clasificó el episodio como un accidente de categoría A, de riesgo mortal para la tripulación.
El programa también se encogió sobre el papel. En noviembre de 2025, la NASA recortó el contrato de Boeing de seis a cuatro vuelos, tres tripulados y uno sin tripulación previsto para abril de 2026, con dos misiones adicionales opcionales, informó el medio especializado Infoespacial. La modificación restó 768 millones de dólares al contrato, que quedó en 3,732 millones; para entonces la agencia ya había pagado unos 2,200 millones, según una revisión de Reuters de los datos contractuales. El primer regreso al vuelo, el Starliner 1, llevará carga y no astronautas, y solo después de certificarse podría encadenar hasta tres rotaciones de tripulación. Son justamente esas dos misiones opcionales las que la NASA se dispondría ahora a activar.
El trasfondo es una paradoja incómoda para la agencia. La NASA insistió durante años en operar dos naves estadounidenses para no quedar atada a un solo proveedor, y hoy es su socio dominante, SpaceX, quien la empuja de vuelta hacia el Starliner que el propio programa tenía en la banca. Con el Dragon en cuenta regresiva y la cápsula de Boeing aún sin volar tripulada desde el fallido ensayo de 2024, el encargo que la NASA prepara es, sobre todo, un seguro para no volver a depender de un solo vehículo tripulado.