Saltar al contenido

16 monos salvajes tocaron una pantalla con IA en Costa Rica, pero el test cognitivo aún no llega

En Costa Rica, 16 capuchinos salvajes tocaron una pantalla con IA por plátano. El test cognitivo aún no llega.

por Patricia Rodriguez
White-faced capuchin monkey perched in a lush Costa Rican rainforest.
Foto de Andre Vujovic en Pexels

TL;DR:

  • Un equipo de Emory y Georgia Tech instaló una caja de madera con pantalla táctil y reconocimiento facial en la Reserva Forestal Taboga, en Guanacaste, Costa Rica.
  • De los 16 capuchinos que la usaron, 10 aprendieron a activar la recompensa, 8 formaron la asociación completa y 5 la recordaban una semana después.
  • El único estímulo que vieron fue un cuadro azul: la batería de pruebas de memoria, control de impulsos y flexibilidad está diseñada, pero todavía no se aplicó.

Un equipo de la Universidad Emory y de Georgia Tech dejó una caja de madera con pantalla táctil en la Reserva Forestal Taboga, en la provincia costarricense de Guanacaste, y se apartó a esperar. Dos días sin visitas. Al tercero, un macho llamado Trompudo se trepó a la caja, la golpeó por detrás y terminó pegándole a la pantalla: cayó una rodaja de plátano seco. Ese fue el debut de CapuchinAI, el sistema que la revista American Journal of Primatology presentó como el primer método escalable para medir la cognición de primates salvajes sin sacarlos del bosque. Entre julio y agosto de 2025, 16 capuchinos carablanca interactuaron con el aparato y 10 aprendieron a activar la recompensa. Falta el detalle que casi ningún titular menciona: todavía no hubo una sola prueba cognitiva.

CapuchinAI es una estación de campo que combina reconocimiento facial en tiempo real, una pantalla táctil y un dispensador automático de comida. Detecta que se acerca un capuchino, empieza a grabar video, muestra un estímulo en la pantalla y suelta un premio si el animal responde. Todo eso corre dentro de una Raspberry Pi 5 metida en un marco de pino de 19 por 21 pulgadas que pesa unos 15.9 kilos y que carga una sola persona. La firman Federico Sánchez Vargas, Sai Rakshith Potluri, Jacob Abernethy y Marcela Benítez.

Lo que se midió fue participación, no inteligencia

El artículo es un trabajo de método, y su propio título lo dice: describe el desarrollo de un paradigma, no un hallazgo sobre la mente de los capuchinos. El estímulo que vieron los monos durante todo el piloto fue un cuadro azul que ocupaba la pantalla completa y soltaba plátano al tocarlo, con dos segundos de pantalla en negro entre intento e intento. Nada más.

Las pruebas que sí interesan a los investigadores están diseñadas y citadas en el texto, pero siguen sin aplicarse: tareas de emparejamiento demorado para medir memoria, ejercicios de "responde o no respondas" para control de impulsos y reversiones de regla para flexibilidad cognitiva. El modelo capaz de distinguir a los 16 individuos, que es el que permitiría asignarle a cada mono su propio nivel, apenas está en etiquetado.

⚠️
El artículo no reporta ninguna prueba cognitiva. El único estímulo aplicado fue un cuadro azul que dispensaba plátano al tocarlo. La batería de memoria, control de impulsos y flexibilidad está diseñada, pero todavía no se administró.

Los números del piloto tampoco dan para hablar de un examen. Los investigadores presentaron el aparato a dos grupos habituados, Tenori (25 individuos) y Palmas (26), durante seis sesiones con cada uno. Dieciséis monos lo tocaron y otros 14 se quedaron mirando sin acercarse. De esos 16, 10 aprendieron a activar la recompensa y 8 formaron la asociación completa, definida como dirigir casi todos los toques a la pantalla y anticipar el premio girando hacia el dispensador antes de recibirlo. Cinco la conservaban intacta tras una semana sin ver la caja. Hubo un noveno candidato en el grupo Tenori que quedó sin confirmar por una razón muy de campo: se acabaron las rodajas de plátano.

El beso a la pantalla es una decisión de hardware

El detalle que se llevó los titulares tiene una explicación menos pintoresca de lo que parece. La pantalla lleva una capa táctil infrarroja, que el equipo eligió porque es barata, resistente y se activa con cualquier parte del cuerpo. El artículo lo enumera sin ceremonia: dedo, mano, boca, uña o lengua. Los capuchinos que investigaron la caja con los labios descubrieron que los labios funcionaban.

Eso no es un truco aprendido, es estilo exploratorio individual, y resulta ser justo lo que el sistema se construyó para registrar. Sánchez Vargas, primer autor y doctorando en antropología en Emory, se lo explicó por correo a IFLScience:

"Además de su naturaleza exploradora, algo notable de los capuchinos es su persistencia."

Conviene precisar otra cosa que la cobertura ha aplanado: no es la primera pantalla táctil que entra a un bosque. Harrison, Mohr y van de Waal ya llevaron una portátil a monos vervet en libertad en 2023, y el propio artículo los cita. Lo nuevo aquí es el circuito cerrado, que el aparato reconozca quién está enfrente y decida qué mostrarle sin que haya nadie operándolo.

La muestra del piloto quedó cargada de machos

El apartado de limitaciones trae el dato que nadie levantó, y viene de los autores. El modelo de reconocimiento facial, Multiple Capuchins v1.0, se entrenó con 2,160 imágenes repartidas por igual entre seis machos adultos: Pery, Pirulo, Pele, Pesto, Pio y Pedro. En el piloto, los usuarios más frecuentes también fueron machos, adultos y subadultos. Una hembra adulta y una juvenil se acercaron a investigar la caja y fueron desplazadas antes de llegar a usarla.

Para un método cuyo argumento de venta es medir la variación entre individuos, empezar con una muestra sesgada por sexo es un problema de primer orden, y el equipo lo reconoce. Su propuesta es instalar varias estaciones repartidas por el territorio de cada grupo, para que el acceso no dependa de quién manda en la plataforma. Sobre el papel funciona: el sistema ya limita cuántos premios puede llevarse un mismo animal por sesión, precisamente para que un dominante no monopolice la máquina.

Marcela Benítez, profesora asistente de antropología en Emory y autora sénior, resume así por qué vale la pena todo este esfuerzo en lugar de trabajar en un laboratorio, hablando del cerebro de los primates:

"No evolucionó en un laboratorio, sino en entornos complejos y competitivos."

Una Raspberry Pi, una caja de pino y un plano abierto para América Latina

Aquí está la parte que más puede rendirle a la región. La infraestructura es costarricense: Taboga son casi 300 hectáreas de bosque seco tropical dentro de una finca experimental de la Universidad Técnica Nacional (UTN), en Guanacaste, con permisos del SINAC y de la propia universidad. El proyecto Capuchinos de Taboga lleva ahí desde junio de 2017 y el sitio tiene la mayor densidad de capuchinos carablanca registrada en libertad.

La lista de componentes cabe en un recibo de ferretería:

  • Una Raspberry Pi 5 y una pantalla de 15 pulgadas con capa táctil infrarroja.
  • Una webcam HD que alimenta al modelo a más de 30 cuadros por segundo.
  • Un dispensador rotatorio impreso en 3D con capacidad para 32 rodajas de plátano seco, movido por un motor de 12 voltios.
  • Dos baterías portátiles de viaje y una de 12 voltios, suficientes para ocho horas seguidas.
  • Tablas de pino, sellador de terraza, tiras de hule y tubo plástico, comprados en una tienda de artículos para el hogar.

Benítez y Sánchez Vargas armaron la caja en el garaje de ella. El contraste con el resto del sector es difícil de ignorar: esta misma semana, otra empresa levantó cientos de millones de dólares para meter inteligencia artificial en operaciones mineras.

Mariana Minerals levanta $310M en Serie B
La startup minera capta $310 millones para ampliar proyectos de cobre y litio y desplegar MarianaOS.
Mono capuchino carablanca sobre una rama en un bosque tropical
Imagen ilustrativa de un capuchino carablanca, la especie con la que se probó el sistema en Guanacaste · Foto de Andre Vujovic en Pexels

El equipo publicó el código y el plano de construcción completos, en la misma lógica de modelos y pesos abiertos que domina la conversación de la industria. La versión del preprint que circula en bioRxiv incluso sumó un resumen en español. Y hay un dato que abre la puerta de verdad: al probar el modelo general, los autores encontraron que ya detecta caras humanas, de titíes y de macacos, así que una estación de campo con monos aulladores o araña tendría de dónde partir sin entrenar nada desde cero.

Digital Trends tituló la historia por el lado incómodo, con la idea de que ni los monos del bosque se salvan de servir de público de prueba para la IA. El artículo responde a esa objeción con decisiones concretas: sin cara de capuchino detectada no hay premio, así que los coatíes que se acercan a hurgar la caja se van con las manos vacías y pierden el interés; el plátano seco es un alimento que estos animales ya buscan por su cuenta; los datos de GPS de largo plazo no muestran cambios en sus rutas diarias; y los investigadores nunca fueron vistos manipulando las recompensas.

Preguntas rápidas sobre CapuchinAI

¿Qué es CapuchinAI?

Es una estación de prueba portátil desarrollada por Emory y Georgia Tech que une reconocimiento facial en tiempo real, una pantalla táctil y un dispensador automático de comida. Detecta a un mono que se acerca, le muestra una tarea y le entrega un premio si responde bien, sin que haya un investigador operándola.

¿Los monos hicieron un test de inteligencia?

No. Durante el piloto de 2025, el único estímulo fue un cuadro azul que soltaba plátano al tocarlo, para acostumbrarlos al aparato. Las pruebas de memoria, control de impulsos y flexibilidad cognitiva ya están diseñadas según el artículo, pero todavía no se han administrado.

¿Sirve para los monos de México y otros países de América Latina?

El código y el plano son públicos, y los autores reportan que su modelo general ya detecta caras de titíes y macacos. Advierten que funciona mejor donde los animales ya están acostumbrados a plataformas de prueba y donde los permisos permiten dar comida, dos condiciones que no todos los sitios cumplen.

Lo que Taboga demostró en dos semanas es que un mono salvaje se sienta voluntariamente frente a una pantalla y vuelve a hacerlo una semana después. Recién cuando el modelo distinga a cada uno de los 16 por su cara y les asigne su propia tarea, la primatología tendrá lo que lleva décadas persiguiendo: medir la cabeza de un animal en el mismo bosque donde esa cabeza evolucionó.

Fuentes: 1, 2, 3

Patricia Rodriguez imagen de perfil
por Patricia Rodriguez

Solo puedo decir que soy una apasionada con todo lo que tiene que ver con el mundo Digital me encanta todo lo que es escritura, IA, Ediciones de Video Reels y más. Me considero una persona "DIVERGENTE"

Suscríbete GRATIS

Recibe las noticias más importantes de política, tecnología, negocios, deportes, entretenimiento y cultura directamente en tu correo.

¡Listo! Revisa tu correo

Para completar la suscripción, haz clic en el enlace de confirmación que enviamos a tu correo. Si no llega en 3 minutos, revisa tu carpeta de spam.

Ok, gracias

Leer más de Tecnología y Ciencia