TL;DR:
- La ESA publicó el 6 de agosto de 2026 la imagen del mes de Webb: el Cofre del Tesoro, un glóbulo cometario dentro de la nebulosa de Carina, a 7,500 años luz.
- Dentro hay unas 70 estrellas jóvenes. La edad estimada del cúmulo pasó de menos de 100,000 años, según el estudio de 2005, a unos 1.3 millones.
- Muchas de esas estrellas conservan discos de polvo donde podrían formarse planetas, en uno de los entornos de radiación ultravioleta más duros de la Vía Láctea.
La Agencia Espacial Europea publicó el 6 de agosto de 2026 la imagen del mes del telescopio espacial James Webb, y el objeto elegido tiene nombre de caricatura y un problema científico real: el Cofre del Tesoro, una nube compacta de gas y polvo dentro de la nebulosa de Carina, a 7,500 años luz de la Tierra. La cámara de infrarrojo cercano NIRCam atravesó una pared de polvo que ningún telescopio óptico puede cruzar y mostró el interior: un cúmulo de unas 70 estrellas jóvenes, la más masiva de ellas con unas 19 veces la masa del Sol. Lo nuevo aquí no es el retrato. Es la edad. ESA sitúa el cúmulo en torno a 1.3 millones de años, trece veces más que el cálculo con el que se dio a conocer en 2005. Esa diferencia decide cuánto tiempo les queda a los discos de polvo que rodean a esas estrellas antes de que la radiación de la vecindad los borre.
La edad saltó de 100,000 años a 1.3 millones, y el comunicado no dice de dónde sale la cifra
El Cofre del Tesoro se describió a fondo hace dos décadas. Nathan Smith, Keivan Stassun y John Bally lo publicaron en The Astronomical Journal en febrero de 2005: compararon el diagrama color-magnitud del cúmulo con isócronas de presecuencia principal y obtuvieron una edad probable menor a 100,000 años, consistente con la edad dinámica de la cavidad en expansión, de unas pocas decenas de miles de años. Con esos números, el Cofre del Tesoro era candidato a cúmulo estelar más joven conocido.
El texto que acompaña la imagen de Webb corrige esa cifra a unos 1.3 millones de años y menciona la estimación anterior en una sola línea, sin identificar el trabajo del que proviene el número nuevo ni el método que lo produjo. No es un detalle menor: entre 100,000 y 1.3 millones de años cabe la diferencia entre un cúmulo que apenas empieza y uno que ya lleva buena parte de su etapa embebida consumida.
Dos tercios de esas estrellas tenían disco, y Eta Carinae está a 39 años luz
El mismo trabajo de 2005 aportó el dato que vuelve interesante al objeto: dos tercios de los miembros del cúmulo mostraban exceso infrarrojo compatible con discos circunestelares, una proporción que los autores calificaron como posiblemente de las más altas vistas en un cúmulo joven. Un disco circunestelar es el anillo de gas y polvo del que salen los planetas.
El problema es el vecindario. A 39 años luz hacia el noroeste, medidos sobre el plano del cielo, está Eta Carinae, el objeto más luminoso de toda la nebulosa. Es un sistema con al menos dos estrellas, una de ellas con 100 veces la masa del Sol y unos 5 millones de veces su luminosidad. Al lado trabaja el cúmulo Trumpler 16, con varias estrellas masivas extremadamente calientes. Esa radiación esculpió la forma de cofre y sigue empujando desde afuera, mientras la estrella de tipo O del interior ioniza el gas desde adentro.
Por ahora el polvo del glóbulo actúa como escudo. No por mucho: los autores del estudio de 2005 ya describían al cúmulo como uno que acaba de romper su nube natal y sale a la región de formación estelar masiva que lo rodea. Cuando eso termine, los discos quedan expuestos.
¿Se pueden formar planetas dentro del Cofre del Tesoro?
No hay respuesta confirmada. El programa 5408 de Webb, dirigido por Megan Reiter, de Rice University, mide justo eso: cuánto gas acumulan estas estrellas y cuánto expulsan en chorros. La incógnita es si los discos aguantan la radiación de Eta Carinae el tiempo suficiente. La ESA no adelanta un resultado.
El peso del cofre se midió desde Atacama, no desde el espacio
La cifra que falta en toda la cobertura de esta semana viene de Chile. En 2019, un equipo encabezado por Bhaswati Mookerjea mapeó este mismo glóbulo, catalogado como G287.84-0.82, con el telescopio APEX en el desierto de Atacama y con el instrumento upGREAT a bordo del observatorio aéreo SOFIA. El resultado se publicó en Astronomy & Astrophysics y puso una báscula donde Webb pone un retrato: la masa total del glóbulo ronda las 1,000 masas solares, y cerca de la mitad se rastrea con la línea del carbono ionizado.
Ese trabajo también confirmó que las colas de gas apuntan en dirección contraria a Eta Carinae y a las estrellas O de Trumpler 16, y que el miembro más brillante del cúmulo es CPD-59 2661, clasificada como O9.5 V. La radioastronomía del hemisferio sur lleva años describiendo el objeto que ahora se ve bonito en infrarrojo, y no es la primera vez este mes que un instrumento instalado en Chile aporta la medición que sostiene un titular.

Lo que la imagen no resuelve: qué apareció primero
La ESA reconoce un debate abierto sobre si primero se formó el cúmulo o primero se esculpió la forma cometaria del glóbulo. El escenario que considera más probable es que las estrellas nacieran antes, dentro de una nube más grande que el Cofre del Tesoro actual, y que la presión de las estrellas masivas cercanas barriera el gas menos denso hasta dejar solo el núcleo compacto que hoy se ve.
Webb tampoco llegó aquí por casualidad. La imagen sale del programa de observación 5408, titulado "Diving Deeper: uncovering the full spectrum of accretion and outflow in the heart of the Carina Nebula", con 70.7 horas asignadas en el Ciclo 3 según su ficha en el Space Telescope Science Institute. Es la continuación directa del trabajo con el que Megan Reiter y su equipo identificaron al menos 24 chorros protoestelares invisibles hasta entonces en NGC 3324, la región de los Acantilados Cósmicos que estrenó a Webb ante el público en julio de 2022.
La nebulosa de Carina mide unos 260 años luz de lado a lado y es la región de formación de estrellas masivas más cercana en la que se puede estudiar el rango completo del proceso, desde protoestrellas hasta gigantes como Eta Carinae. Esa cercanía es la razón editorial y científica de que Webb vuelva una y otra vez al mismo sitio: es el único laboratorio accesible donde se puede comprobar, y no solo modelar, qué le hace un entorno ultravioleta brutal a los discos que fabrican planetas. La respuesta todavía no está publicada.