TL;DR:
- Un equipo detectó helio escapando de LHS 1140 b, un planeta rocoso a unos 48 años luz: es la primera atmósfera confirmada en un mundo rocoso dentro de la zona habitable de otra estrella.
- La observación se hizo el 23 de septiembre de 2024 con el espectrógrafo WINERED del telescopio Magallanes/Clay, en el Observatorio Las Campanas (Chile), aprovechando una ventana de 39 minutos entre dos tránsitos.
- Cuando el equipo volvió a mirar en 2025, el helio no apareció. Un reanálisis independiente sostiene la detección de 2024, pero la variabilidad sigue sin explicación.
Astrónomos detectaron helio escapando de LHS 1140 b, un planeta rocoso que gira alrededor de una enana roja a unos 48 años luz de la Tierra, en la constelación de Cetus. Es la primera vez que se confirma una atmósfera en un mundo rocoso situado dentro de la zona habitable de su estrella, la franja orbital donde la temperatura permitiría agua líquida en la superficie. El estudio, encabezado por Collin Cherubim cuando terminaba su doctorado en Harvard, se publicó el 16 de julio de 2026 en la revista Science. La detección no vino de un telescopio espacial. Salió de una sola noche de septiembre de 2024 en el desierto de Atacama, en Chile. Y cuando el mismo equipo volvió a apuntar un año después, el helio no estaba.
Ese doble filo es lo que hace interesante al hallazgo. Durante casi tres décadas los astrónomos confirmaron atmósferas en gigantes gaseosos y en subneptunos, nunca en un planeta rocoso templado. David Charbonneau, catedrático de astrofísica en Harvard y codirector de la tesis de Cherubim, formó parte del equipo que en 2001 detectó la primera atmósfera de un exoplaneta, un Júpiter caliente. Veinticinco años después firma como coautor la primera en un mundo rocoso de zona habitable.
"Es perfectamente razonable imaginar que podría haber vida en ese planeta"
Charbonneau dijo eso a Harvard FAS y agregó de inmediato la salvedad: no existe ninguna evidencia de vida, solo están presentes las piezas que se consideran necesarias, es decir, superficie rocosa, temperatura adecuada y ahora una atmósfera.
39 minutos de alineación en el desierto de Atacama
La historia empieza en un modelo, no en un telescopio. Durante su doctorado, Cherubim desarrolló una simulación de cómo evolucionan las atmósferas planetarias a lo largo de miles de millones de años. La idea de fondo: casi todos los planetas nacen envueltos en hidrógeno y helio, y en cierto rango de masa y de radiación estelar el hidrógeno se fuga y el helio, más pesado, se queda y se concentra. En un artículo de 2025 el equipo publicó 30 candidatos con atmósferas ricas en helio. Dos de ellos orbitaban la misma estrella, LHS 1140.
Charbonneau, según contó él mismo, reaccionó con escepticismo: no hay nada parecido en el sistema solar y todo salía de un cálculo matemático. No lo frenó.
El siguiente paso fue de logística pura. Cherubim y Shreyas Vissapragada, hoy en Carnegie Science, revisaron el servicio de efemérides de tránsitos del archivo de exoplanetas de la NASA y encontraron que los dos planetas iban a pasar frente a su estrella la misma noche, con el egreso de LHS 1140 c y el ingreso de LHS 1140 b separados por 39 minutos. Harvard calcula que esa coincidencia no se repetirá en al menos medio siglo.

El instrumento fue el espectrógrafo WINERED, construido por un equipo japonés y montado en el telescopio Magallanes/Clay, de 6.5 metros, en el Observatorio Las Campanas. El sitio está en la Región de Atacama, a unos 2,400 metros de altura y a unos 170 kilómetros al norte de La Serena, y lo administra la Carnegie Institution for Science. Los dos Magallanes gemelos los opera Carnegie para un consorcio del que forman parte Harvard, el MIT y las universidades de Arizona y Michigan, y ahí está la explicación práctica de por qué un estudiante de doctorado de Harvard pudo pedir esa noche. En el mismo cerro se levanta hoy el Telescopio Gigante Magallanes, de 24.5 metros.
La técnica es vieja y sencilla de explicar: cuando el planeta cruza frente a la estrella, parte de la luz atraviesa el gas que lo rodea y ciertos elementos se comen una franja muy estrecha del espectro. El helio en estado metaestable absorbe en los 1,083.3 nanómetros, en el infrarrojo cercano. Ahí apareció la firma. Y apareció además antes de que el planeta empezara a tapar el disco estelar, señal de que hay material fugándose por delante.
El helio de 2024 no reapareció en 2025
Un año después el equipo repitió el experimento y no midió nada. Cherubim lo describió sin rodeos en una entrevista con The Planetary Society: pasó meses desarmando los datos de 2024 buscando el error propio, y terminó mandándolos a un colega para un reanálisis ciego con una tubería de procesamiento completamente independiente. El resultado se sostuvo. La señal de 2024 sigue ahí y la de 2025 sigue ausente.
La explicación más plausible que maneja el equipo apunta a la estrella. La radiación de rayos X y ultravioleta es la que calienta la atmósfera alta y empuja el escape, y esa emisión varía con los ciclos magnéticos estelares. El helio que se mide no es helio ordinario: es un estado excitado que vive muy arriba, en la exosfera, y que depende de manera fina de cuánto ultravioleta llega y de cómo sopla el viento estelar. Cherubim señala que, en las decenas de observaciones de helio hechas en otros planetas, la variabilidad entre campañas casi parece la norma. Ya tiene en marcha un programa para vigilar los rayos X y el ultravioleta de la estrella y ver si el vaivén cuadra.
Es el mismo problema que se repite cuando una atmósfera se mide en dos momentos distintos y da resultados distintos.

Zona habitable no significa habitable
Aquí conviene bajarle varias rayas al entusiasmo. Lo que se detectó es helio fugándose por la parte más externa del planeta, no el aire que se respiraría parado en la superficie. Los gases pesados se quedan abajo y no producen esa firma. El resultado responde una pregunta binaria, hay o no hay atmósfera, y deja abiertas casi todas las demás.
Tampoco hay biofirma. El modelo de Cherubim predice que la atmósfera baja debería estar oxidada, con dióxido de carbono, monóxido de carbono, agua y quizá algo de oxígeno molecular, y él mismo aclara que ese oxígeno vendría de procesos naturales de fraccionamiento, no de seres vivos. La razón hidrógeno/helio que midieron en el flujo de escape, cercana al 0.1%, apunta en esa dirección, aunque el propio autor advierte que los modelos todavía son simples y que no está muy confiado en ese número.
El recordatorio de que la etiqueta "zona habitable" no garantiza nada lo tenemos en el segundo planeta del sistema solar.
La orilla cósmica acertó cuál de los dos planetas tenía aire
El detalle que casi nadie levantó es que la noche del 23 de septiembre de 2024 sirvió para dos cosas a la vez. LHS 1140 c, el planeta interior, más pequeño y más caliente, no mostró rastro de atmósfera. LHS 1140 b, el exterior, más grande y más frío, sí.
Eso es exactamente lo que predice la llamada orilla cósmica, un concepto que Kevin Zahnle y colegas plantearon en 2017 al graficar los planetas del sistema solar según su gravedad y la radiación que reciben: se puede trazar una línea limpia con los que conservan atmósfera de un lado y los pelados del otro. LHS 1140 es el primer sistema conocido con dos planetas rocosos a cada lado de esa raya, y cada uno se comportó como tocaba.
Observar los dos la misma noche tuvo además un beneficio técnico. Las manchas y regiones activas de una estrella pueden imitar la firma de una atmósfera planetaria, un falso positivo clásico. Como ambos planetas cruzaron por franjas parecidas del disco estelar con pocas horas de diferencia, y solo uno dejó firma, la estrella queda descartada como origen del helio.
De la composición real todavía no hay nada firme. Un análisis previo de datos del telescopio James Webb encabezado por Charles Cadieux, de la Universidad de Montreal, apuntaba de forma tentativa a una atmósfera rica en nitrógeno y a un planeta con entre 9% y 19% de agua en masa. Cherubim reconoce que ni Webb ni Hubble han entregado firmas moleculares estadísticamente significativas para este mundo, y que hará falta acumular observaciones hasta que el ruido deje ver algo.
Ayuda que la estrella sea inusualmente tranquila. Las enanas rojas de su clase suelen ser volátiles, con fulguraciones y eyecciones frecuentes, pero a esta, de más de 3,000 millones de años, no se le ha registrado nunca una. El planeta recibe entre 3 y 10 veces los rayos X que recibe la Tierra del Sol. Para comparar: Proxima Centauri b, el planeta rocoso más cercano a nosotros, aguanta entre 200 y 300 veces esa dosis.
Preguntas rápidas sobre LHS 1140 b
¿Hay vida en LHS 1140 b?
No hay ninguna evidencia de vida. El estudio detectó helio escapando, lo que confirma que el planeta tiene atmósfera, pero no identificó ninguna biofirma. El coautor David Charbonneau resume que están presentes los ingredientes considerados necesarios, no una señal biológica.
¿Cómo es LHS 1140 b comparado con la Tierra?
Según el catálogo de exoplanetas de la NASA es una supertierra con 1.73 veces el radio terrestre y 5.6 veces su masa. Completa una vuelta a su estrella en 24.7 días, a 0.0946 unidades astronómicas. Fue descubierto en 2017 por el método de tránsito.
¿Desde dónde se hizo el descubrimiento?
Desde el Observatorio Las Campanas, en la Región de Atacama, Chile. Se usó el espectrógrafo infrarrojo WINERED montado en el telescopio Magallanes/Clay, de 6.5 metros, la noche del 23 de septiembre de 2024. El observatorio lo administra la Carnegie Institution for Science.
El paso siguiente no depende de una nave ni de un telescopio nuevo, sino de otra noche despejada. Cherubim calcula que cuatro o cinco observatorios apuntarán al planeta en su próximo tránsito visible desde tierra, y de esas mediciones saldrá la respuesta a si el helio va y viene o si 2025 fue una casualidad. Mientras tanto, el primer mundo rocoso templado con atmósfera confirmada quedó anotado gracias a un cielo del norte de Chile y a 39 minutos que no se van a repetir.