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Química

Un truco copiado de la biología logra que el hierro convierta nitrato contaminante en amoníaco

Químicos de la Universidad de Michigan rodearon un átomo de hierro con puentes de hidrógeno, como hacen las proteínas que manejan nitrato, y lograron romper ese contaminante con calor o con luz. El resultado es de laboratorio y todavía no sirve para tratar agua.

por Patricia Rodriguez
Various glass flasks filled with blue liquid in a scientific setting, perfect for research themes.
Foto de cottonbro studio en Pexels

Un equipo de químicos de la Universidad de Michigan encontró la forma de que un compuesto de hierro desarme el nitrato, el contaminante que los fertilizantes filtran a ríos y pozos. El truco consiste en rodear el hierro con puentes de hidrógeno, imitando a las proteínas que transportan y procesan nitrato en los organismos vivos. Con calor, el catalizador convierte el nitrato en óxido nítrico; con luz, lo lleva hasta amoníaco, la base de los fertilizantes nitrogenados. El estudio, publicado el 22 de septiembre de 2026 en Nature Chemistry, reporta números de recambio que, según sus autores, superan a los de los catalizadores moleculares homogéneos descritos antes. Todo ocurrió en matraces de laboratorio con disolventes orgánicos, lejos todavía de una planta de tratamiento.

Por qué el nitrato es tan difícil de romper

El nitrato es un átomo de nitrógeno unido a tres de oxígeno con enlaces muy firmes. El artículo recuerda que buena parte llega al agua subterránea por el uso intensivo de fertilizantes: lo que el cultivo no absorbe escurre, alimenta el crecimiento de cianobacterias y termina en eutrofización y muerte de fauna acuática.

Los métodos de separación que ya existen, como el intercambio iónico o la ósmosis inversa, sacan el nitrato del agua pero dejan un residuo concentrado que hay que volver a tratar. Reducirlo químicamente evitaría ese desecho, pero el primer paso, arrancarle el primer oxígeno, cuesta mucha energía porque el nitrato apenas se une a los metales de transición.

Nathaniel K. Szymczak, químico de la Universidad de Michigan que dirigió el trabajo, explicó a Earth.com de dónde salió la idea: «La biología ha aportado un plano extraordinario que detalla a nivel molecular lo necesario para reducir el nitrato». En las proteínas que transportan nitrato, dos aminoácidos sostienen al ion con puentes de hidrógeno; estudios previos citados en el paper mostraron que al sustituirlos la afinidad cae unas cien veces.

Zinc para medir, hierro para romper

El grupo diseñó un ligando de tres brazos, basado en la molécula tris(2-piridilmetil)amina, con un grupo anilina en cada brazo que actúa como donador de puentes de hidrógeno. Primero lo probó con zinc, un metal que no participa en reacciones redox, para aislar el efecto de esos enlaces.

La diferencia fue enorme: las versiones con los donadores se unieron al nitrato con una afinidad hasta siete órdenes de magnitud mayor, unos 10 millones de veces, que las versiones sin ellos. La difracción de rayos X mostró además que uno de los enlaces nitrógeno-oxígeno quedó estirado hasta figurar entre los más largos jamás medidos en un nitrato, por encima del percentil 99 de más de 15,000 estructuras registradas.

«Francamente, lo que más me sorprendió fue el grado de activación del enlace que lograron los puentes de hidrógeno», dijo Szymczak en declaraciones recogidas por Earth.com. El investigador añadió que la visión dominante en su campo sostiene que hacen falta centros metálicos muy reactivos para ese tipo de activación.

Al cambiar el zinc por hierro, el mismo andamiaje dejó de ser solo un sitio de unión y se convirtió en catalizador.

Dos rutas: calor da óxido nítrico, luz da amoníaco

En la ruta térmica, a 80 °C y con un ácido y un donador de átomos de hidrógeno añadidos, el hierro retiró un oxígeno al nitrato y liberó óxido nítrico. La mejor corrida alcanzó un número de recambio de 87, es decir, 87 nitratos procesados por cada molécula de catalizador, descontada la reacción de fondo. Un catalizador de hierro previo basado en la misma idea, publicado en 2016, había llegado a 3.5.

El control más revelador fue quitar los donadores de puentes de hidrógeno: con un grupo metilo o con un simple hidrógeno en su lugar, el rendimiento cayó al 2%, el mismo nivel que se obtiene sin catalizador.

La ruta fotoquímica llega más lejos. A 25 °C, con un éster de Hantzsch como reductor y una lámpara LED de 427 nanómetros, el catalizador llevó el nitrato hasta amoníaco con un rendimiento de 85% en las condiciones optimizadas. Con apenas 0.001 mol% de catalizador, una molécula por cada 100,000 nitratos, el número de recambio llegó a 4,000 con la versión original y hasta 10,000 con una variante que incorpora grupos trifluorometilo. Al repetir la prueba a una escala diez veces mayor para poder medir el amoníaco con fiabilidad, la cifra reproducible fue de 5,000.

Esa ruta tiene más ruido que la térmica, y el paper lo reconoce. Sin catalizador, la luz y el éster de Hantzsch ya generan un 30% de rendimiento de fondo, y las versiones sin puentes de hidrógeno no se apagan por completo: rinden entre 49% y 56%. Los autores calcularon sus números de recambio restando esa reacción de fondo y señalan que los valores dependen de la escala y del reactor.

Lo que el estudio todavía no demuestra

Las reacciones usaron nitrato en forma de sal de tetrabutilamonio, disuelto en acetonitrilo o tetrahidrofurano, no en agua contaminada real. Szymczak fue directo sobre el alcance:

«Creo que aplicar este enfoque a gran escala en una planta de aguas residuales sería bastante complicado por ahora, por la compatibilidad con otros productos presentes en esas aguas».

Según Earth.com, el investigador calcula que una estrategia química nueva como esta puede tardar muchos años y varios ciclos de desarrollo de catalizadores antes de convertirse en una solución de ingeniería. Su grupo también estudia usar el nitrato como reactivo en reacciones de oxidación orgánica, en lugar de solo eliminarlo.

Lo que deja el trabajo es un principio de diseño medible: bien colocados, unos pocos puentes de hidrógeno bastan para que un metal barato como el hierro rompa el nitrato. Probar si esa química sobrevive en agua, con las concentraciones de un pozo contaminado, es el siguiente paso pendiente.

Fuentes: 1, 2

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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