La Inteligencia Artificial supone un cambio de paradigma en nuestros días. Lejos han quedado los tiempos donde todo, absolutamente todo, se hacía 100% a mano. ¿Leer un PDF de 40 páginas sin interlineado ni ajustes de márgenes? Le pides a la IA que lo resuma. ¿Responder a un correo genérico con una respuesta todavía más genérica y formal? Le pides a la IA que cree el primer borrador. ¿Analizar datos en crudo para crear dashboards atractivos, porque la reunión es mañana? Le pides a la IA que te ayude con la labor.
Un estudio de Deliotte UK lo confirma
Lo anterior es lo típico, pero a la vez lo más común en la rutina laboral, por lo que cada vez son más los trabajadores que se amparan en herramientas de inteligencia artificial para sacar adelante cada una de sus tareas diarias.
El problema. Que no le están diciendo nada al empleador de que están ocupando tales herramientas.
Y es que hasta 958 millones de libras al año se gastan 25.000 personas encuestadas entre mayo y junio de este año por la citada agencia, y un 31% de ellos no le habría informado a su empleador, por varias razones:
- Que no los despidan, al asumir los jefes que su trabajo pueda ser automatizado o realizado sin que intervenga un humano.
- Porque hicieron la solicitud formal de una herramienta de IA y nunca les dieron una respuesta adecuada.
- Porque aparte de lo que hayan obtenido en la empresa, utilizan otras herramientas porque les ayuda a ser más productivos, aunque sea pagando de su propio bolsillo.
No es productividad todo lo que reluce
Todos sentimos que la IA nos ha hecho más productivos, más eficientes. Pero realmente son pocos los que se ponen a medir cuánto en realidad se mejoró en productividad, en eficiencia, o si sencillamente la sensación de inmediatez que ocasionan las respuestas de IA hacen que la correlación con el tiempo y esfuerzo invertidos se rompa definitivamente.
Los encuestados por Deloitte UK tenían claro que se ahorraban hasta 70 minutos de trabajo por semana en tareas como buscar información, redactar correos electrónicos o resumir documentos densos y/o extensos. Todo ello, poniendo muchas veces en riesgo a sus empresas y clientes.
Y es que organizaciones como SentinelOne o la gigantesca Cloudflare son tajantes al hablar del Shadow AI y lo que puede ser recurrente en cuanto a riesgos:
- Filtración de datos confidenciales.
- Exposición de propiedad intelectual.
- Resultados incorrectos, sesgados o no adaptados al contexto de la empresa y sus clientes.
Todo eso, sin ahondar siquiera en que en algunos casos las respuestas pudieran ser códigos generados con IA sin revisiones de seguridad, lo que ocasiona más adelante vectores de ataque que la empresa no conocería para poder defenderse. Así, el Shadow AI, justificado por el miedo al empleador, pudiera representar la típica del pan para hoy, hambre para mañana, de manera que la recomendación es obvia: definir políticas de uso, no demonizar su utilización en los entornos laborales, y formar a los empleados en el aprovechamiento seguro de las capacidades de la IA.