TL;DR:
- El conflicto armado y los daños en la infraestructura de Qatar aplazan un año la llegada de la sobreoferta de gas natural licuado (GNL).
- Se proyecta un superávit de más de 100 millones de toneladas para 2031, pero EE. UU. registrará un déficit interno en 2028.
- Las firmas de contratos a largo plazo se congelan en Europa ante el temor de compromisos costosos a 20 años.
El mercado global de gas natural licuado (GNL) entrará en una fase de sobreoferta en 2028, un año más tarde de lo previsto originalmente, debido al impacto de la guerra en Medio Oriente y los daños graves en la infraestructura de exportación de Qatar. Así lo detalla un nuevo informe de BloombergNEF (BNEF) publicado este lunes, que explica cómo el conflicto geopolítico está restringiendo el suministro a corto plazo y alterando los planes de un mercado que se preparaba para una inundación de gas barato. El retraso reconfigura el mapa energético global, dejando a importadores y exportadores en una tensa calma.


El impacto de los ataques en Ras Laffan y la reducción del suministro
El mercado mundial de gas se preparaba para recibir una ola de abundancia. La fecha marcada en el calendario era 2027. Sin embargo, las bombas cambiaron la jugada. En marzo de este año, los ataques de Irán contra el complejo de Ras Laffan, en Qatar, inhabilitaron de golpe cerca del 17% de la capacidad de exportación de GNL de ese país. Se trata de un golpe masivo: retiró del mercado global unas 12.8 millones de toneladas anuales, un volumen que se mantendrá fuera de circulación por un periodo de tres a cinco años, de acuerdo con Saad al-Kaabi, CEO de la estatal QatarEnergy.
A pesar de perder casi la quinta parte de la capacidad de exportación de GNL en el Golfo Pérsico, los precios no han escalado a los niveles catastróficos que se temían inicialmente. En los primeros días del conflicto, los precios de referencia en Asia (el marcador JKM) casi se duplicaron hasta rozar los 20 dólares por millón de unidades térmicas británicas (MMBtu), pero desde entonces se han replegado a unos 15 dólares.
Esta contención responde principalmente a la destrucción de la demanda generada por los altos precios y al incremento en el suministro desde Estados Unidos. Europa ha cargado con la peor parte. La firma de corretaje Poten & Partners calcula que el continente sufrió una reducción forzada de consumo de aproximadamente 17 millones de toneladas de GNL en un periodo de seis meses. La contracción del consumo en países fuertemente dependientes del suministro catarí, como Italia, se mantendrá durante gran parte del próximo año.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya había advertido en abril que las hostilidades retrasarían el periodo de abundancia previsto "al menos dos años". Por su parte, los analistas de la industria coinciden en que el impacto de la guerra solo estira los tiempos de manera temporal.
"Esencialmente, lo que ha hecho la guerra es retrasar ese periodo de abundancia que todos esperaban", detalló Jason Feer, director global de Inteligencia de Negocios de Poten & Partners, situando el inicio del superávit definitivo hacia 2029.
El dilema de Estados Unidos: exportación récord frente a un posible déficit interno
El reporte de BNEF estima que, pese a las interrupciones bélicas, la expansión de terminales de licuefacción a nivel mundial sigue su curso. Para 2031, el mercado global acumulará un excedente superior a las 100 millones de toneladas de GNL.
Pero esta avalancha futura oculta un giro paradójico para la principal potencia exportadora. Suministrar combustible a las gigantescas terminales de exportación de GNL en las costas de Estados Unidos se ha convertido en el factor de mayor crecimiento para la demanda de gas de los productores estadounidenses. La velocidad de este proceso es tan acelerada que BNEF proyecta que el propio suministro doméstico de gas estadounidense caerá en déficit para 2028.
El país que solía inundar de energía barata al mundo podría enfrentar tensiones para cubrir su propio consumo doméstico antes de que termine la década. Para evitarlo, se requeriría un incremento sustancial en la perforación de pozos o una aceleración drástica en la adopción de gas en Asia que absorba de forma diferente los flujos comerciales.
Parálisis en las negociaciones y la cautela de los compradores europeos
La volatilidad actual y la certeza de que el superávit terminará llegando han congelado la firma de contratos de suministro a largo plazo. Hasta mayo de 2026, apenas se concretaron 25 acuerdos que amparan 26 millones de toneladas, una cifra muy lejana de los cerca de 70 contratos firmados a lo largo de 2025.
Los compradores de Europa se muestran reacios a comprometerse. Las empresas del viejo continente se niegan a firmar contratos de compra obligatoria a 20 años con desarrolladores estadounidenses. Saben que su consumo interno de gas está en declive estructural y que, tarde o temprano, la marea de gas barato llegará. ¿Para qué atarse a compromisos costosos a largo plazo en un mercado que se encamina al superávit?
Para los desarrolladores de proyectos de exportación en Norteamérica, este estancamiento es un dolor de cabeza. Sin acuerdos de compra firmes, conseguir el financiamiento bancario para levantar nuevas plantas multimillonarias se vuelve una misión casi imposible. A esto se suman los brutales sobrecostos de construcción en la región, que según un estudio del grupo de presión estadounidense Public Citizen superan el 60% de promedio respecto al presupuesto original de los proyectos analizados.
Al final, el conflicto en Medio Oriente ha comprado tiempo para una industria que avanzaba directo hacia una crisis de sobrecapacidad. Los precios actuales de 15 dólares por MMBtu mantienen a flote las finanzas de los productores, pero la amenaza de una inundación de gas barato para la próxima década sigue latente. El mercado opera hoy bajo una tregua armada: los compradores prefieren esperar inmóviles antes de comprometer su futuro a tarifas que, en unos años, podrían parecer astronómicas.