TL;DR:
- El estrecho de Ormuz se encuentra bloqueado, lo que desplomó el tráfico de buques tanque de fertilizantes en más de un 90%.
- El precio de la urea se duplicó al superar los 850 dólares por tonelada en abril, asfixiando los costos de producción agrícola.
- Brasil enfrenta un riesgo extremo de desabasto para sus siembras de 2026 y 2027 debido a su alta dependencia de importaciones.
El conflicto armado en el Golfo Pérsico interrumpió de forma severa el comercio internacional de fertilizantes de urea y fosfato, encendiendo alarmas rojas sobre la estabilidad alimentaria del planeta. Según un reporte de datos publicado por la Organización Mundial del Comercio (OMC) el 10 de julio de 2026, los envíos de estos insumos clave a través de la región se detuvieron casi por completo tras el estallido de las hostilidades en febrero de este año. La parálisis de esta vía comercial asfixia a las principales potencias agrícolas mundiales, que ahora encaran sus temporadas críticas de siembra con bodegas vacías y costos de producción que amenazan con dispararse.


El estrecho de Ormuz se cierra para los buques de carga
La geografía del problema es tan simple como devastadora. El conflicto militar provocó el cierre de facto del estrecho de Ormuz, un paso marítimo por donde circula aproximadamente un tercio de todos los fertilizantes que se comercializan en el planeta. La caída del tránsito de barcos cisterna en este punto estratégico superó el 90%, de acuerdo con las estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Este cuello de botella estranguló la oferta global de forma inmediata. Los productores del Golfo Pérsico se vieron forzados a recortar de tajo sus exportaciones al no tener rutas seguras de salida. Como consecuencia, los precios internacionales reaccionaron con violencia. Datos recopilados por el Banco Mundial muestran que el precio de la urea sufrió un aumento del 46% a nivel mensual solo entre febrero y marzo de 2026.
El encarecimiento alcanzó su punto más crítico en abril, cuando la tonelada métrica de urea superó los 850 dólares, partiendo de un promedio de 400 dólares antes de que estallara la crisis. Aunque la cotización internacional se moderó hasta los 453 dólares en junio, los costos acumulados y la escasez física de producto mantienen en vilo a los agricultores.
Proteccionismo y escasez golpean la cadena de suministro
El impacto no se limita al Golfo. Ante el temor de un desabasto interno, varios países productores de fertilizantes levantaron barreras comerciales. El informe de la OMC advierte que las restricciones a la exportación implementadas a raíz del conflicto ya afectan al 15% del comercio mundial de estos químicos.
Esta dinámica proteccionista agrava la vulnerabilidad de las naciones importadoras. El director general adjunto de la OMC, Jean-Marie Paugam, ya había anticipado los riesgos de esta parálisis a principios de año:
"Si los fertilizantes del Golfo no circulan, sentiremos un impacto directo en el suministro de los principales países productores justo cuando comienzan las temporadas de siembra", advirtió Paugam.
Brasil encara un escenario de riesgo extremo para sus cosechas
El ejemplo más claro de esta crisis global se vive en América Latina. Brasil, uno de los mayores gigantes agrícolas de la región y del mundo, importa más del 80% de los fertilizantes que consume. El Ministerio de Agricultura de ese país clasificó la situación actual de abastecimiento como un escenario de "riesgo extremadamente alto" para la campaña agrícola 2026/2027.
La tormenta es perfecta para el campo brasileño. A la parálisis del estrecho de Ormuz se suman las restricciones que China impuso a la exportación de sus fosfatos. Según un análisis de la Universidad de Illinois, la dependencia de Brasil hacia los nutrientes importados creció de manera constante durante el último lustro, alcanzando un récord histórico de 49 millones de toneladas métricas importadas en 2025. Aunque el gobierno brasileño ya busca alternativas para reducir esta dependencia externa a mediano plazo, las opciones para cubrir la demanada inmediata de este año son casi inexistentes.
El mercado de la alimentación no tolera la falta de insumos básicos. El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, enfatizó que la caída en los despachos del Golfo genera un déficit global inmediato y difícil de subsanar debido a la falta de reservas internacionales estratégicas de fertilizantes.
Con un crecimiento del comercio global que ya se perfila a la baja para el cierre de 2026, la tensión en Medio Oriente sigue presionando tanto los costos logísticos como los mercados de materias primas. Sin una reapertura segura de las rutas marítimas, el encarecimiento de los fertilizantes terminará por trasladarse a los precios de los alimentos en los supermercados de todo el mundo.