James Turrell inaugura su Skyspace número 100 en Dinamarca: una cúpula subterránea a escala del Panteón
La obra As Seen Below abre en el museo ARoS de Aarhus, una cámara de 40 metros que enmarca el cielo.
TL;DR:
- La obra As Seen Below – The Dome abrió el 19 de junio de 2026 en el museo ARoS de Aarhus, en una fecha elegida para coincidir con el solsticio de verano.
- La cámara abovedada bajo tierra mide 16 metros de alto y 40 de diámetro, con una abertura central de 6 metros hacia el cielo.
- El proyecto se anunció en 2015 y acumuló retrasos por problemas financieros y técnicos, incluida la quiebra del proveedor de la tapa de la cúpula.
El artista estadounidense James Turrell abrió este 19 de junio de 2026 su Skyspace número 100, la instalación más ambiciosa de su carrera, en el museo ARoS Aarhus de Dinamarca. Se titula As Seen Below – The Dome y es una enorme cámara abovedada bajo tierra que enmarca el cielo a través de una abertura cenital. Su estreno se programó para coincidir con el solsticio de verano, el día con más luz del año: un guiño nada casual para alguien que lleva medio siglo trabajando con ella. La pieza pasa a formar parte de la colección permanente del museo y pone punto final a un proyecto que tardó más de una década en levantarse.
Turrell resumió en pocas frases lo que persiguió con la obra:
"En As Seen Below estoy dando forma a la experiencia de ver, en lugar de entregar una imagen. La arquitectura acerca el cielo, de modo que uno reconoce que el acto de mirar es la obra en sí. Aquí la luz no es descripción: es la sustancia dentro de la cual uno se encuentra."
El museo la describe como su Skyspace más significativo hasta la fecha, y Artnet la sitúa como la mayor que el artista ha construido para una institución pública. Funciona, además, como pieza central de una ampliación de 4.000 metros cuadrados firmada por el estudio danés Schmidt Hammer Lassen. Rebecca Matthews, directora de ARoS, le puso palabras al peso institucional del estreno:
"El Skyspace más significativo del artista hasta la fecha es una obra extraordinaria que invita a los visitantes a bajar el ritmo, mirar hacia arriba y experimentar la luz, el tiempo y el espacio de formas profundamente conmovedoras. No es solo una incorporación monumental para ARoS, sino también un regalo para el público."
Tres formas de mirar el cielo desde el subsuelo
La obra no se vive de una sola manera. ARoS la programó en tres modos que cambian por completo lo que el visitante ve dentro de la cúpula:
- Open Sky. La cámara aparece sin límites, con una vista despejada del cielo a través del óculo. Es como suele encontrarse la obra al llegar. Desde el 20 de junio puede experimentarse en el horario del museo, sin reserva.
- Colour Shift. La abertura se sella y el protagonismo pasa del cielo a la luz: las paredes parecen disolverse y el espacio se transforma. Estas sesiones ocurren cada hora durante el horario del museo de mayo a agosto; el resto del año, cada dos horas entre el amanecer y el atardecer.
- Twilight. Reservables al alba y al ocaso, dejan la abertura abierta mientras la luz interior se sincroniza con el cielo que cambia. Sobre este modo, Turrell lanza una frase que es casi una declaración de principios: "Puedo cambiar el cielo al color que quieras."
Una cúpula de 40 metros a la altura del Panteón
Por fuera, la estructura asoma en el parque del museo como un montículo cubierto de césped. Por dentro guarda una sala de 16 metros de altura y 40 de diámetro, con una abertura central de 6 metros en la cúspide. Ese diámetro la sitúa a la altura de la cúpula del Panteón de Roma, aunque la danesa es mucho más baja y achatada. El óculo no siempre queda al descubierto: una tapa operable de 100 metros cuadrados puede cerrarlo y, de paso, hace las veces de sistema de iluminación.
El interior es sobrio, con hormigón visto y pavimento de ladrillo en tonos grises y un graderío que envuelve el espacio. Para llegar hasta ahí, el visitante recorre un corredor subterráneo iluminado que une el edificio principal con la ampliación, bautizada The Next Level, que también suma una nueva plaza de arte al aire libre y la sala Salling, abierta antes este año.
Encajar todo eso en un parque público fue, según el propio estudio, lo más difícil. Jette Birkeskov Mogensen, directora de Schmidt Hammer Lassen, explicó a Dezeen que el reto era insertar la ampliación con tal delicadeza que aportara algo al parque en lugar de estropearlo; tanto, que el parque terminó rediseñándose alrededor de la cúpula.
Diez años de retrasos, una quiebra y un sobrecosto
La cúpula se anunció por primera vez en 2015, dentro de la colaboración con Schmidt Hammer Lassen, y debía abrir en 2023. No fue así. El proyecto chocó con contratiempos financieros y técnicos hasta acumular tres años de retraso. El golpe más reciente: el proveedor de la tapa de la gran cúpula quebró durante el proceso.
Las cifras también se movieron. La ampliación se estimó en 40 millones de euros allá por 2016 (unos 47 millones de dólares de entonces), y la prensa danesa reportó que este año hubo que conseguir 6,7 millones de coronas adicionales —cerca de 670.000 dólares— para sacarla adelante. Un recordatorio de que detrás de una experiencia que invita a la calma hubo una obra de ingeniería que no la tuvo.
De Varese a Monterrey: medio siglo enmarcando el cielo
Turrell instaló su primer Skyspace en la Colección Panza, en Varese, Italia, en 1974, y acuñó el propio término en los años setenta. Desde entonces la serie creció hasta repartirse por más de 26 países. Su obsesión con la luz viene de lejos: la moldearon su crianza en una familia cuáquera, con el silencio y la contemplación en el centro, y sus horas como piloto frente a la inmensidad cambiante del cielo.
Para el lector hispanohablante hay un dato cercano que el estreno danés vuelve a poner sobre la mesa: no hace falta volar a Aarhus para ver un Turrell. Entre sus instalaciones recientes —una ladera de Colorado, una escuela cuáquera de Manhattan— figura también un Skyspace en un parque de Monterrey, en México, según consigna Artnet. Su vocabulario de luz ya está, literalmente, del lado de acá.
Queda, eso sí, una obra mayor todavía sin terminar. En el desierto de Arizona, Turrell sigue transformando el cráter de un volcán en un observatorio de la luz: el Roden Crater, un proyecto que arrancó en 1977 y que aún no tiene fecha de apertura.
Que Aarhus haya inaugurado una pieza monumental y concluida cobra otro sentido visto así. El artista que lleva casi medio siglo persiguiendo su obra definitiva acaba de entregar, terminada y abierta al público, la número 100 —y deja a Escandinavia un nuevo destino para quien quiera detenerse, levantar la vista y dejar que el cielo haga el resto.