TL;DR:
- Un equipo dirigido por el cristalógrafo Luca Bindi, de la Universidad de Florencia, describió en Science Advances una aleación metálica sin equivalente conocido ni en la naturaleza ni en la industria.
- La partícula mide unas 10 micras, poco más que un glóbulo rojo, y apareció dentro de una sola de las 34 hiroshimaítas recogidas en la arena de la bahía de Hiroshima.
- Mezcla hierro, cromo, níquel, manganeso, molibdeno, silicio y aluminio, y el enfriamiento ultrarrápido de la bola de fuego dejó congelada una estructura que en condiciones normales se habría simplificado.
Un equipo internacional encabezado por el cristalógrafo Luca Bindi, de la Universidad de Florencia, identificó una aleación metálica que no tiene equivalente conocido ni en la naturaleza ni en la metalurgia industrial. Se formó en los segundos que siguieron a la detonación de Little Boy sobre Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, y sobrevivió ocho décadas dentro de un grano de vidrio enterrado en la arena de la bahía. El estudio se publicó el 29 de julio de 2026 en Science Advances. La partícula metálica mezcla hierro, cromo, níquel, manganeso, molibdeno, silicio y aluminio en una disposición cristalina que ningún laboratorio había producido antes. Su valor no está en lo que se pueda fabricar con ella, porque no alcanza ni para un alfiler, sino en lo que demuestra: una explosión puede escribir combinaciones atómicas que la ingeniería todavía no sabe alcanzar.
Un solo grano entre 34 partículas de la bahía
Las hiroshimaítas son partículas vítreas de tamaño micrométrico a milimétrico que se formaron cuando el plasma de la explosión se condensó y llovió sobre la ciudad. Están hechas sobre todo de calcio, aluminio y silicio, y siguen ahí, revueltas con la arena de las playas de la bahía. Las identificó por primera vez en 2019 el geólogo jubilado Mario Wannier, hoy coautor del estudio, mientras revisaba muestras de esa misma arena.
El equipo examinó 34 de esas partículas, de unas pocas centenas de micras hasta unos milímetros. En una sola encontró fragmentos metálicos, que ocupaban entre el 1 y el 3 por ciento del volumen. Casi todos correspondían a aleaciones de hierro y cromo ya conocidas. Uno no.
Ese grano, de unas 10 micras según los datos que C&EN publicó de la investigación, resultó tener mucho más silicio del habitual para esa mezcla de metales. Los investigadores lo extrajeron y lo pasaron por difracción de rayos X de monocristal. La respuesta fue una estructura que no figuraba en ningún catálogo.
El enfriamiento brutal congeló una estructura que debió desaparecer
La bomba estalló a unos 580 metros de altura y generó una bola de fuego que superó los 7,000 °C, con una energía equivalente a unos 12.5 kilotones de TNT. Ahí dentro se vaporizaron aceros estructurales de hierro, cromo y níquel, aleaciones de aluminio, piezas con cobre y otros metales industriales, todo el inventario de una ciudad convertido en vapor y mezclado en el mismo remolino.
Después vino la parte que importa para la química. El vapor metálico se condensó en gotas diminutas y la temperatura se desplomó a una velocidad extraordinaria. Ese enfriamiento violento le quitó a los átomos el tiempo que necesitaban para reacomodarse en las estructuras simples que suelen preferir, y dejó la disposición original atrapada tal cual.
Los datos técnicos que reporta el equipo:
- Composición atómica dominada por el hierro, con cerca de un 59 por ciento, seguido de cromo y de un 13 por ciento de silicio, según las proporciones publicadas por IFLScience.
- Estructura cristalina ordenada de tipo AlAu4, una derivada del beta-manganeso, en el grupo espacial P213.
- Formación por condensación de un vapor metálico mixto seguida de un temple ultrarrápido.
El propio artículo señala que esa arquitectura queda cerca del territorio de los cuasicristales por sus motivos locales y su genealogía estructural. No es uno de ellos, aclara Bindi, pero se parece lo suficiente a ciertos arreglos cuasiperiódicos como para ayudar a entenderlos mejor. Es el mismo terreno matemático que FomoEra revisó al contar cómo el mosaico "einstein" tuerce la luz en molinete: patrones que se repiten sin repetirse nunca.
"La bola de fuego dejó materiales que nunca antes existieron."
Bindi describe la explosión como un laboratorio gigante y accidental de ciencia de materiales. Él mismo explica el hallazgo en video:

Qué gana la ciencia de materiales con un grano irrepetible
Una aleación multicomponente es una mezcla de cinco o más elementos metálicos principales, según la definición que usa el propio estudio. Se fabrican fundiendo cada metal y dejando que la mezcla solidifique, y son un campo caliente porque suelen ofrecer resistencia mecánica, estabilidad térmica y protección contra la corrosión difíciles de conseguir con aleaciones convencionales.
Ese punto lo desarrolló para C&EN Ángelo Oñate Soto, ingeniero y científico de materiales de la Universidad de Concepción, en Chile, que no participó en el trabajo y que investiga precisamente el diseño de aleaciones multicomponente y de alta entropía. En su lectura, hallazgos fortuitos como este abren líneas de investigación nuevas sobre cómo se forman y cómo se comportan estos materiales. La conexión no es anecdótica: el campo que la explosión rozó por accidente se trabaja hoy en laboratorios de habla hispana.
Michael Widom, físico de Carnegie Mellon que ha colaborado antes con Bindi, aportó a Scientific American la lectura más útil para calibrar el entusiasmo: hay un mundo entero de materiales que no se dejan crear en condiciones termodinámicamente estables, y a esos hay que ir a buscarlos a lugares raros. Bindi ya lleva tres. En 2021 describió un cuasicristal en la trinitita roja del ensayo Trinity, en mayo de 2026 un clatrato de calcio, cobre y silicio en esos mismos escombros, y ahora esto.
"Estas partículas no son simples restos fundidos."
El laboratorio accidental tuvo un costo que el propio estudio reconoce
Conviene decirlo sin adornos. El plasma que fabricó esta aleación estaba hecho de materiales de construcción, metales, suelo, agua y, como apunta Physics World sin rodeos, parte de los habitantes de la ciudad. Las cifras de víctimas varían según el corte temporal que se use: IFLScience habla de 120,000 muertos en los primeros cuatro días y Physics World de hasta 140,000, con cerca del 70 por ciento de los edificios destruidos.
Hiroshima y Nagasaki siguen siendo las dos únicas veces que esa energía se liberó sobre una ciudad, y ahí está la ironía incómoda del asunto: es justo la variedad de metales de un entorno urbano lo que amplió el catálogo de lo que la bola de fuego pudo cocinar. En un desierto o en un atolón no había tanto de qué echar mano.
Bindi también apunta al uso práctico. Desde la perspectiva de la ciencia forense nuclear, estas partículas codifican información diagnóstica sobre los materiales del artefacto, el entorno local y las condiciones termoquímicas de la detonación. Dicho de otro modo, un grano de polvo puede reconstruir lo que pasó en dos segundos hace ochenta y un años.
Preguntas rápidas sobre la aleación de Hiroshima
¿Se puede fabricar esta aleación en un laboratorio?
Por ahora no. Bindi declaró a C&EN que solo apareció un grano, de unas 10 micras, así que la fase parece rara. El propio estudio señala que las condiciones que la formaron, mezcla extrema, alta temperatura y temple ultrarrápido, se dan en impactos de meteorito y en bolas de fuego nucleares, no en un horno industrial.
¿Qué es exactamente una hiroshimaíta?
Son partículas vítreas de tamaño micrométrico a milimétrico formadas cuando el plasma de la explosión del 6 de agosto de 1945 se condensó y cayó sobre la zona. Están compuestas sobre todo de calcio, aluminio y silicio, y se conservan en los sedimentos de la bahía de Hiroshima. Las identificó en 2019 el geólogo Mario Wannier.
¿Es un cuasicristal como el que se halló en el ensayo Trinity?
No. Bindi aclaró a Scientific American que esta aleación no es un cuasicristal, aunque su estructura se parece a ciertos arreglos atómicos de los materiales cuasiperiódicos y puede ayudar a entenderlos. El cuasicristal de trinitita, hallado por el mismo investigador, se describió en 2021 y salió del ensayo Trinity, en Nuevo México.
Los autores piden en el artículo que este tipo de estudios se realicen de forma sistemática y con manejo ético y legal. Es una frase inusual en un paper de cristalografía y dice bastante sobre el material que tienen entre manos: la línea de investigación que se abre aquí salió de la ceniza de una ciudad, y ese origen no se separa del hallazgo por más limpio que se vea el patrón de difracción.