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El primer material cuántico que funciona a temperatura ambiente está hecho de oro

Físicos de LSU crean con oro el primer material cuántico que ordena estados de luz sin enfriamiento criogénico.

por Alejandro Castillo Leone
In-depth view of advanced laser equipment used for precise engraving and cutting.
Foto de Opt Lasers from Poland en Pexels

TL;DR:

  • Físicos de la Universidad Estatal de Luisiana (LSU) crearon el primer material cuántico que opera a temperatura ambiente, fabricado a partir de una delgada película de oro sobre un chip de vidrio.
  • El material, un metacristal plasmónico, ordena la luz según su estadística cuántica usando 100 nanoantenas de 200 por 400 nanómetros grabadas en el oro, en una lámina más delgada que un cabello humano.
  • Elimina la necesidad de refrigeración criogénica y abre la puerta a computación cuántica, comunicaciones seguras, sensores ultrasensibles y, potencialmente, paneles solares más eficientes.

Un equipo de físicos de la Universidad Estatal de Luisiana (LSU) fabricó el primer material cuántico capaz de funcionar a temperatura ambiente, el obstáculo que durante décadas mantuvo a buena parte de la física cuántica encerrada en laboratorios con refrigeración extrema. El material está hecho de oro y distingue entre distintos estados cuánticos de la luz para transportarlos de un punto a otro sin apenas alterarlos. El trabajo, dirigido por el profesor Omar S. Magaña-Loaiza y publicado en Nature el 15 de julio de 2026, no se queda en describir un dispositivo: entrega un plano para diseñar toda una nueva clase de materiales cuánticos, con usos que van de la computación cuántica a los paneles solares.

Un metacristal plasmónico cuántico es un material diseñado átomo por átomo que filtra la luz según su estadística cuántica, es decir, según cómo se comportan y fluctúan sus fotones. Hasta ahora no existía nada capaz de hacer eso sin frío extremo.

Cómo se fabrica un cristal que no existe en la naturaleza

En lugar de buscar un material natural con las propiedades correctas, el equipo lo construyó desde cero. Depositaron una película de oro sobre un chip de vidrio y, con haces de iones enfocados, tallaron cientos de ranuras microscópicas en el metal. Cada ranura se comporta como un átomo artificial, lo que los investigadores llaman un meta-átomo. Juntos forman un cristal que no tiene equivalente en la naturaleza y que resulta más delgado que el ancho de un cabello.

Las piezas clave del dispositivo, según el estudio en Nature, son estas:

  • Una película de oro de 110 nanómetros de espesor depositada sobre un sustrato de vidrio de 175 micras.
  • 100 nanoantenas grabadas en el oro, cada una de 200 por 400 nanómetros, separadas por una micra entre centros.
  • Una superficie de oro pulida hasta una rugosidad de apenas medio nanómetro.
  • Todo el proceso, desde la teoría y el diseño hasta la nanofabricación y las pruebas, hecho dentro del Quantum Photonics Group de LSU.

Para Chenglong You, exinvestigador posdoctoral del grupo y hoy profesor en la Universidad de Ciencia y Tecnología Electrónica de China, lo más satisfactorio llegó cuando el enfoque poco ortodoxo funcionó tal como predecía la teoría.

"Una de las partes más emocionantes de este proyecto fue darnos cuenta de que podíamos construir un material que hace algo que la naturaleza no ofrece por sí sola. Verlo funcionar exactamente como lo predijimos fue increíblemente gratificante." Chenglong You
Chip dorado con microestructuras vistas de cerca sobre fondo oscuro
Imagen ilustrativa: el material se fabrica grabando estructuras microscópicas sobre una película de oro. Foto de archivo. · Foto de Alexandra Krainyukhova en Pexels

Un filtro para la "estadística" de la luz

No toda la luz se comporta igual. La luz del sol, la de un láser y la de un tubo fluorescente contienen fotones, pero esos fotones fluctúan e interactúan de maneras distintas. Esas diferencias sutiles definen cómo actúa la luz a nivel cuántico, y detectarlas exigía tradicionalmente instrumentos sofisticados, detectores criogénicos y millones de mediciones.

El metacristal lo hace solo. En vez de responder únicamente al color o la intensidad de la luz, detecta esas diferencias cuánticas y encamina cada estado por una ruta distinta dentro del cristal. Algunos estados pasan casi intactos y otros quedan bloqueados o modificados. El equipo describe ese comportamiento como bandas estadísticas cuánticas, unas permitidas y otras prohibidas, en analogía directa con las bandas de energía que deciden cómo conduce electricidad un semiconductor. Para comprobarlo, iluminaron el cristal con 13 fuentes de luz distintas, desde luz coherente hasta luz térmica y supertérmica.

"Al diseñar la distribución de los meta-átomos en el metacristal plasmónico, podemos dictar de forma sistemática qué estadísticas cuánticas pueden atravesar la estructura. Así que nuestro cristal actúa, en esencia, como un filtro estadístico de estados cuánticos." Riley B. Dawkins

Dawkins, quien recién terminó su doctorado y se incorpora al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) de Estados Unidos, resume con esa frase el corazón del hallazgo: el cristal no lee un color, lee la naturaleza cuántica de la luz.

Por qué la temperatura ambiente lo cambia todo

Aquí está el verdadero salto. Casi todos los materiales cuánticos conocidos solo muestran sus propiedades cuando se enfrían cerca del cero absoluto. A temperatura ambiente, el calor genera vibraciones atómicas constantes que arrasan con el delicado comportamiento cuántico, y mantenerlas a raya obliga a usar aparatosos sistemas de refrigeración criogénica. Eso convierte a estos materiales en herramientas potentes dentro del laboratorio, pero difíciles de llevar a la vida real.

El metacristal esquiva ese problema. Deja que ciertos estados cuánticos se propaguen con muy pocos cambios en su estadística, y lo hace sin congeladores de por medio. El equipo lo bautizó transporte robusto, y es justo lo que las tecnologías cuánticas necesitan para salir del laboratorio.

"Lo llamamos transporte robusto. Estos estados cuánticos transportan información. Nuestro cristal puede distinguirlos y moverlos de un punto a otro de forma robusta sin necesidad de enfriamiento criogénico. Eso es lo que abre la puerta a las tecnologías cuánticas prácticas." Omar S. Magaña-Loaiza

Preservar ese comportamiento colectivo, lo que los físicos llaman coherencia cuántica, es uno de los grandes retos de la información cuántica. En el artículo, los autores presentan su cristal como el primer material de temperatura ambiente intrínsecamente sensible a la coherencia cuántica de sistemas de muchas partículas. Y hay un detalle que lo vuelve más que una curiosidad: el mismo diseño sirve de receta. Ajustando el tamaño y el arreglo de los meta-átomos, los investigadores deciden qué estados pasan sin cambios y cuáles no. Es decir, ya no dependen de encontrar un material afortunado en la naturaleza: pueden fabricarlo a la medida.

De las computadoras cuánticas a los paneles solares

Como el material trabaja a temperatura ambiente, sus posibles usos se estiran mucho más allá de la física básica. Las futuras computadoras cuánticas podrían mover información frágil sin depender de refrigeración voluminosa. Los mismos principios servirían para redes de comunicación cuántica más prácticas y para sensores capaces de detectar señales mínimas.

Y luego está la energía. En las celdas solares actuales, parte de la luz que entra queda atrapada dentro del material y termina convertida en calor en vez de electricidad, lo que recorta cuánta energía se aprovecha. Al guiar la luz por rutas más robustas, el metacristal podría ayudar a que más de esa energía siga circulando en lugar de perderse. Ese es, de hecho, el siguiente experimento del grupo: integrar el material en una celda solar y medir si aumenta la cantidad de luz solar que se convierte en electricidad utilizable.

⚠️
El uso del metacristal en paneles solares todavía no está demostrado. El propio equipo de LSU lo plantea como su siguiente experimento, no como un resultado ya conseguido.

La física cuántica lleva años prometiendo computadoras, sensores y redes imposibles de espiar, casi siempre con la misma condición incómoda: mantenerlo todo a un paso del cero absoluto. Sacar ese comportamiento de los congeladores y ponerlo sobre un chip de oro del tamaño de una uña es lo que vuelve a este trabajo algo más que un experimento de laboratorio. El proyecto contó con financiamiento del Departamento de Energía de Estados Unidos, a través de su Oficina de Ciencias Energéticas Básicas.

Fuentes: 1, 2

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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