TL;DR:
- El 5 de julio de 2026, la sonda Hayabusa2 de la agencia espacial japonesa JAXA pasó a solo 800 metros del asteroide Torifune, el acercamiento más arriesgado de toda su misión.
- Voló a unos 5.3 kilómetros por segundo con cámaras que no fueron diseñadas para seguir un objeto a esa velocidad, y con un margen de error de puntería de apenas 200 metros.
- La JAXA afirma que ya domina la maniobra para estrellar una nave contra un cuerpo pequeño, un ensayo directo de defensa planetaria al estilo de la misión DART de la NASA.
La sonda japonesa Hayabusa2 pasó a apenas 800 metros del asteroide Torifune el 5 de julio de 2026 y devolvió imágenes con una nitidez que sorprendió a su propio equipo. El acercamiento, el más arriesgado de toda la misión, se aprobó tras meses de discusión y un pleito de último momento: una parte de los científicos de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) lo consideró demasiado peligroso para una nave ya envejecida que nunca se diseñó para pasar tan cerca, y tan rápido, junto a una roca de tamaño incierto. Salió bien. Y el premio va más allá de la fotografía: la JAXA sostiene que con esta maniobra ya dominó la técnica necesaria para chocar una nave contra un cuerpo pequeño, la base de la defensa planetaria.
Del plan seguro de 100 kilómetros a un roce de 800 metros
Lo contó Makoto Yoshikawa, exresponsable de la misión Hayabusa2, ante colegas reunidos en la conferencia Asteroids, Comets and Meteors celebrada en Poznan, Polonia, el 10 de julio. En un sobrevuelo normal, la distancia mínima suele ser de 100 kilómetros. Demasiado lejos para obtener buenas imágenes de Torifune. El equipo de ingeniería propuso bajar a 10 kilómetros, y luego confirmó que podía acercarse a un kilómetro del centro del asteroide. Los científicos estaban felices con esa cifra, porque garantizaba una buena foto.
Entonces, a un mes del sobrevuelo, el líder de la misión extendida, Yuya Mimasu, propuso arriesgar todavía más.
Yuya Mimasu dijo que la distancia mínima debía ser de 800 metros. Algunos de los científicos respondieron: "No, es demasiado peligroso", y empezó una discusión muy acalorada.
El temor tenía fundamento. El equipo desconocía el tamaño y la forma exactos de Torifune, así que trabajó con un escenario extremo: una roca de hasta 1.4 kilómetros de largo por 400 metros de ancho, según las observaciones desde tierra. Un paso a 800 metros del centro quedaba apenas fuera de esa zona de exclusión. Para colmo, la óptica de la nave arrastraba polvo desde el muestreo de Ryugu, y el análisis final de navegación dejó un margen de error de puntería de unos 200 metros. Poco espacio para fallar.
Un asteroide doble y una imagen mejor de lo que nadie esperaba
Hayabusa2 detectó a Torifune el 19 de junio. Se guio desde tierra hasta tres horas antes del encuentro y luego cambió a guía autónoma a bordo, con un software que el equipo desarrolló y cargó especialmente para esta maniobra. Lo que vieron no era lo que esperaban: Torifune es un binario de contacto, dos bloques de roca unidos por un cuello estrecho, la clásica silueta de "muñeco de nieve" que ya se vio en otros asteroides. Mide unos 450 metros y su superficie, salpicada de rocas, es sobre todo de minerales de silicato.
Yoshikawa reconoció que no anticipaban un binario de contacto y que esperaban una imagen mucho más pequeña que la que finalmente capturaron. Los cuatro instrumentos científicos entregaron datos: la cámara de navegación óptica tomó las fotos nítidas, el generador de imágenes térmicas registró nueve segundos de calor un instante antes del punto más cercano y confirmó por su cuenta la estructura doble, y tanto el espectrómetro infrarrojo como el altímetro láser funcionaron. Este último logró lo que quizá sea la primera medición de rango por láser durante el sobrevuelo de un asteroide. Por ahora solo llegaron a Tierra 25 MB de los cerca de 300 MB de datos científicos. El resto tendrá que esperar meses: el motor iónico se reactivó el 9 de julio para empezar el crucero hacia dos sobrevuelos de la Tierra en 2027 y 2028, y encenderá durante unos cuatro meses antes de poder enviar el material completo.
Por qué un sobrevuelo se convierte en un ensayo de defensa planetaria
Para Yoshikawa, el vuelo fue mucho más que una foto de bonus. En su cierre de la conferencia lo dijo sin rodeos:
La JAXA ha adquirido la tecnología para hacer colisionar una nave espacial contra un cuerpo celeste pequeño.
La comparación es directa con la misión DART de la NASA, que en 2022 estrelló una sonda contra un asteroide para desviarlo. Yoshikawa describió el sobrevuelo de Torifune como una demostración del concepto de "reconocimiento rápido": la capacidad de caracterizar a toda velocidad un asteroide desconocido, justo el tipo de información que haría falta antes de lanzar una misión de impacto contra una roca que amenazara a la Tierra. Dicho de otro modo, no se trató de chocar, sino de ensayar la puntería y la maniobra que un choque real exigiría.
El siguiente objetivo: una roca de 11 metros en 2031
Torifune (identificado también como 2001 CC21) fue una escala, no el destino final. El objetivo último de Hayabusa2 es 1998 KY26, un asteroide de rotación muy rápida y de apenas 11 metros de diámetro, ridículamente pequeño frente a los cientos de metros de Torifune y Ryugu. Descubierto en 1998, la cita está prevista para julio de 2031, después de esos dos sobrevuelos terrestres de 2027 y 2028.

Para entonces la nave llegará gastada: sus sensores han acumulado daño por radiación y sus motores iónicos están bastante desgastados, según reportó Hackaday. El plan es igual de ambicioso: entrar en órbita del diminuto asteroide, soltar su último marcador y proyectil, e intentar un aterrizaje, probablemente cerca de uno de sus polos. Será, con toda probabilidad, la última misión de una sonda que ya sobrevivió mucho más de lo previsto.
La foto del asteroide con forma de muñeco de nieve es lo más vistoso de esta misión. Su consecuencia práctica pesa más: una nave de más de once años, con daños acumulados, acaba de ensayar al primer intento las maniobras que la humanidad necesitaría si algún día una roca apuntara hacia la Tierra.