El vulcanólogo Bill McGuire volvió a plantear que un derrumbe de Cumbre Vieja, en la isla española de La Palma, podría generar un tsunami transatlántico. En un artículo publicado el 16 de octubre, citó un escenario con olas de unos 20 metros en Florida. La cifra procede de una simulación extrema de 2001 cuyos supuestos han sido cuestionados por investigaciones posteriores; no constituye un pronóstico de colapso inmediato.
McGuire escribió en BBC Science Focus que, a su juicio, una parte del flanco occidental del volcán terminará por deslizarse al mar y generar un gran tsunami. También reconoció que desconoce cuándo podría ocurrir y planteó que podrían transcurrir siglos o milenios.
La distancia entre esa posibilidad y una alerta concreta importa para las dos orillas del Atlántico. Los estudios difieren sobre cuánto material podría caer a la vez, cómo se movería y qué altura conservarían las olas después de recorrer el océano.
El cálculo de Florida depende de un derrumbe extremo
En 2001, Steven Ward y Simon Day publicaron en Geophysical Research Letters un modelo sobre el posible colapso del flanco oeste de Cumbre Vieja. En uno de sus escenarios, un bloque de 500 kilómetros cúbicos de roca se desplazaría hacia el mar hasta alcanzar una velocidad de 100 metros por segundo.
Bajo esas condiciones, los autores calcularon que una serie de olas atravesaría el Atlántico. Su simulación situó la llegada a Florida unas nueve horas después del derrumbe y estimó olas de entre 20 y 25 metros cerca de esa costa. La cifra de unos 20 metros que retoma McGuire se refiere a ese escenario, no a una medición de una ola observada ni a una fecha prevista para el volcán.
El trabajo también modeló un deslizamiento menor, de 150 kilómetros cúbicos, con alturas inferiores al otro lado del océano. El volumen y la velocidad son importantes porque modifican la cantidad de agua desplazada y, con ella, las olas generadas.
Por qué otros investigadores cuestionan la ola transatlántica
En una evaluación de 2021, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señaló que el escenario original suponía la caída rápida de un bloque enorme y coherente. Según la agencia, los mapas del fondo marino alrededor de Canarias indican que los derrumbes pueden producirse en varias etapas, mientras que los análisis de estabilidad apuntaban a un volumen potencial menor que el usado en el modelo de 2001.
El USGS indicó que otras simulaciones estimaban alturas máximas del orden de uno a dos metros en las costas orientales de América incluso en un escenario extremo. La agencia consideró que esas olas todavía podrían ser peligrosas. Las cifras corresponden a simulaciones con supuestos distintos y no permiten determinar la altura exacta de un futuro tsunami.
Una revisión publicada en 2026 en el Journal of Applied Volcanology examinó cómo circuló la hipótesis durante la erupción de La Palma de 2021. Sus autores señalaron que trabajos posteriores cuestionaron en gran medida la idea de un megatsunami devastador a escala de todo el Atlántico, aunque un derrumbe sí podría causar olas catastróficas cerca del origen.
McGuire, por su parte, mencionó depósitos de grandes rocas en Bahamas que algunos investigadores relacionan con antiguos tsunamis procedentes de Canarias. En su artículo reconoció que esa interpretación es discutida. Incluso si se aclarara el origen de esos depósitos, el tamaño de una ola futura dependería de las características del derrumbe que la generara.
El movimiento del terreno sigue bajo estudio
Un trabajo publicado en Geomorphology en 2024 analizó la forma del terreno, datos del fondo marino y registros sísmicos vinculados con la erupción de 2021. Los investigadores interpretaron que una zona del flanco occidental se desplaza lentamente hacia el mar y propusieron un posible límite para ese sector móvil.
El equipo señaló que todavía hace falta delimitar mejor su extensión y profundidad. Su investigación busca orientar futuras mediciones; no fija una fecha para un derrumbe ni demuestra que vaya a producirse el bloque único supuesto en 2001. El registro geológico, añadieron los autores, no muestra evidencia de un colapso anterior de Cumbre Vieja, aunque sí hay depósitos asociados con derrumbes de volcanes más antiguos de La Palma.
Qué significa el semáforo amarillo de La Palma
El Gobierno de Canarias mantiene el semáforo volcánico de La Palma en amarillo. En su página de situación explica que, tras el fin de la actividad eruptiva de 2021, permanecen riesgos para la población relacionados con emisiones de dióxido de carbono, altas temperaturas e inestabilidad en algunas zonas afectadas por las coladas.
Ese semáforo describe la situación volcánica y las medidas de protección en la isla. La explicación oficial de su estado actual no atribuye el color a un tsunami transatlántico.
Los tsunamis volcánicos sí han ocurrido. El USGS recuerda que el colapso parcial de Anak Krakatau, en Indonesia, generó en 2018 un tsunami que causó cientos de muertes en costas próximas. Ese antecedente muestra el peligro local de un derrumbe, pero por sí solo no determina lo que sucedería al otro lado del Atlántico.