El primer índice de Axios y CivicScience sobre inteligencia artificial encontró una diferencia entre dos expectativas en Estados Unidos: las opiniones fueron más favorables que negativas sobre el efecto de la IA en el crecimiento económico, pero se inclinaron en contra de que genere más empleos. El resultado, basado en más de 7,300 respuestas recopiladas en octubre, muestra que la perspectiva económica y la laboral pueden despertar reacciones distintas ante la misma tecnología.
El índice combina seis aspectos, entre ellos los efectos esperados de la IA en la sociedad, la calidad de vida, el trabajo y la economía. También pregunta por el desarrollo de la tecnología y los nuevos centros de datos. Los resultados se publicaron el 30 de octubre y proceden de una encuesta en línea a adultos realizada entre el 1 y el 26 de ese mes.
La diferencia aparece en el saldo entre respuestas positivas y negativas: fue de +10 para el crecimiento económico y de -30.4 para la posibilidad de que la IA cree más puestos. El resultado general del índice fue de 41.8 en una escala de 0 a 100. Son indicadores de opinión, no un cálculo de cuántos empleos se crearán o perderán.
Más optimismo en algunos países de Asia
La inquietud estadounidense contrasta con las expectativas que Gallup y Microsoft encontraron en otros países. En su encuesta de 37 territorios, publicada en septiembre, el 93% de las personas que conocían la IA en China y el 91% en Vietnam pensaban que beneficiaría principalmente a la población de su país. En Estados Unidos, esa respuesta llegó al 36%.
La pregunta de Gallup medía el efecto esperado sobre la población, mientras que el índice de Axios y CivicScience separa crecimiento económico y creación de empleo. Los porcentajes y saldos no son intercambiables, pero juntos muestran que la respuesta cambia tanto por el lugar como por aquello que se pregunta.
La comparación tampoco implica que todas las personas en Asia sean optimistas o que la preocupación sea exclusiva de Occidente. En la misma encuesta de Gallup, Bangladesh se situó entre los países con expectativas más bajas: el 34% de quienes conocían la IA creía que ayudaría principalmente a la gente de su país.

Corea del Sur ofrece otro matiz. En el AI Monitor 2026 de Ipsos, el 74% de los encuestados surcoreanos dijo sentirse entusiasmado con la IA, pero el 55% esperaba que su uso empeorara el mercado laboral y solo el 14% anticipaba una mejora. Son respuestas a preguntas distintas y no indican necesariamente que las mismas personas eligieran ambas opciones.
El papel de la confianza y las políticas laborales
Las diferencias económicas no explican por sí solas el estado de ánimo. Un análisis académico de encuestas en 20 países, basado en 24,790 respuestas, encontró una asociación entre confiar más en el gobierno y en los científicos y tener una opinión más favorable de la IA. Los autores también observaron relaciones con características individuales como la edad y la educación. El estudio de Sai Wang identifica asociaciones, no demuestra que la confianza institucional cause el optimismo.
Las políticas de preparación laboral son una pieza de ese contexto. El Gobierno de Singapur describe programas de orientación, capacitación y búsqueda de empleo para acompañar la transición. Desde el 16 de septiembre, los ciudadanos que se inscriben en determinados cursos de IA de SkillsFuture reciben seis meses de acceso gratuito a herramientas de pago para practicar lo aprendido. La existencia de esos apoyos no demuestra que hayan generado la opinión positiva medida por Gallup.
En Estados Unidos, el debate sobre la infraestructura también llegó a las urnas el 3 de noviembre: votantes de varias comunidades respaldaron límites a los centros de datos o rechazaron medidas que habrían favorecido su construcción. El efecto legal de cada decisión depende de la pregunta local; esos resultados tampoco prueban que el electorado nacional rechace por igual la IA.

La cultura importa, pero no da una respuesta única
La relación con las máquinas también se ha estudiado desde la psicología. Una investigación publicada en 2025 examinó, en dos estudios con 1,659 participantes, cómo reaccionaban personas de distintos contextos culturales ante la posibilidad de conversar o establecer un vínculo social con un chatbot.
En determinadas pruebas, participantes de origen asiático oriental o residentes en China y Japón mostraron mayor disposición a ese tipo de interacción que los grupos comparados de origen europeo o residentes en Estados Unidos. Los autores relacionaron parte de esa diferencia con la tendencia a atribuir características humanas a la tecnología.
El trabajo se centró en conversaciones y situaciones hipotéticas con chatbots sociales. No permite concluir que una tradición cultural explique por sí sola la opinión sobre toda la IA, sus riesgos laborales o la construcción de centros de datos.
Por ahora, el índice de Axios y CivicScience deja una distinción concreta: en Estados Unidos, las respuestas sobre crecimiento fueron más favorables que las relativas al empleo. Sus responsables prevén publicar nuevas mediciones mensuales a partir de diciembre, lo que permitirá seguir cómo cambia esa percepción.

