Una meta de presión sistólica inferior a 120 mm Hg redujo los eventos cardiovasculares graves frente a una meta inferior a 140 mm Hg en un ensayo con 4,368 personas que habían sufrido un ictus isquémico o un ataque isquémico transitorio. El grupo con tratamiento más intensivo también registró más problemas en una medida de función renal.
Los resultados de OPTIMAL-STROKE se publicaron el 7 de noviembre de 2026 en The New England Journal of Medicine y se presentaron en las sesiones científicas de la American Heart Association. El ensayo asignó al azar a participantes de 30 centros de Brasil a una de las dos metas de presión, que se intentaron alcanzar mediante tratamiento farmacológico.
Qué significa la diferencia entre los grupos
Los investigadores siguieron a los participantes durante una mediana de 3.9 años. El desenlace principal reunía la primera aparición de muerte cardiovascular, infarto no mortal, ictus no mortal u hospitalización por angina inestable o insuficiencia cardíaca.
Alguno de esos eventos ocurrió en 236 de las 2,172 personas del grupo intensivo, el 10.9%, y en 297 de las 2,196 del grupo estándar, el 13.5%. La diferencia entre esas proporciones fue de 2.6 puntos porcentuales, equivalente a unos 26 eventos menos por cada 1,000 participantes durante el seguimiento del ensayo.
El análisis del tiempo hasta el primer evento arrojó una razón de riesgo de 0.79, que corresponde a una reducción relativa del 21% para el conjunto de eventos. Esa cifra no significa que el 21% de los pacientes haya evitado una complicación ni que todos los componentes se redujeran por igual.
La presión sistólica es el primer número de una lectura de presión arterial. Después de excluir los primeros tres meses, su promedio durante el seguimiento fue de 122.0 mm Hg en el grupo intensivo y de 135.2 mm Hg en el estándar. No todas las personas del primer grupo alcanzaron la meta inferior a 120.
En la presentación, los investigadores también comunicaron que un ictus ocurrió en el 4.7% del grupo intensivo y en el 6.4% del estándar. La publicación médica HCPLive explicó que los autores consideraron ese resultado secundario como evidencia de apoyo, no confirmatoria: las pruebas estadísticas jerárquicas se detuvieron después de que la mortalidad cardiovascular no mostrara una diferencia significativa. Las proporciones de muerte cardiovascular fueron 4.6% y 4.7%, respectivamente.
La función renal también cambió
Una medida combinada de problemas renales apareció en el 3.9% de los participantes del grupo intensivo y en el 2.2% del grupo estándar, según los resultados recogidos por HCPLive. Esa medida incluía una caída sostenida de al menos el 50% en la filtración glomerular estimada, un indicador de la función de los riñones, o la progresión a enfermedad renal terminal.
La diferencia fue de 1.7 puntos porcentuales. Los eventos renales fueron más frecuentes en el grupo intensivo, aunque la proporción general de acontecimientos adversos graves fue similar: 15.1% frente a 15.3% en el grupo estándar. Esa similitud no elimina la señal renal observada en el ensayo.
La investigadora principal, Gisele Sampaio Silva, señaló en el comunicado de la American Heart Association que las metas más bajas requieren supervisión médica y seguimiento adicional, en particular de la función renal.
Lo que el ensayo permite comparar
Los participantes tenían presión sistólica elevada y antecedentes de ictus isquémico o ataque isquémico transitorio, una interrupción temporal del flujo sanguíneo al cerebro. La edad media era de 63.9 años y el 47.9% eran mujeres. Aproximadamente el 92% había tenido un ictus isquémico; el resto, un ataque transitorio. La mediana entre el episodio y la asignación al ensayo fue de 1.1 años, informó TCTMD.
El estudio exigió que los pacientes estuvieran clínicamente estables y excluyó a quienes tenían una filtración glomerular estimada inferior a 20 mL/min/1.73 m². Sus resultados no pueden trasladarse automáticamente a pacientes con enfermedad renal más avanzada, a quienes hayan sufrido un ictus hemorrágico o a la fase inmediatamente posterior a un episodio. El tratamiento fue abierto: los participantes y sus médicos conocían el grupo asignado, aunque un comité que desconocía esa asignación evaluó los resultados clínicos.
La guía de presión arterial de 2025 de la American Heart Association y el American College of Cardiology plantea, en términos generales, una meta de tratamiento inferior a 130/80 mm Hg para adultos, con consideraciones individuales. OPTIMAL-STROKE comparó objetivos sistólicos inferiores a 120 y a 140 mm Hg; no incluyó un grupo asignado a una meta inferior a 130. Por eso, no determina directamente cuánto aporta perseguir 120 frente a esa referencia intermedia.
El cardiólogo Christopher Kramer dijo a TCTMD que el promedio de 122 mm Hg alcanzado en el grupo intensivo tampoco demuestra que sea imprescindible estar por debajo de 120 para obtener el beneficio observado. La decisión sobre una meta concreta depende de la situación clínica de cada paciente y de la vigilancia de posibles efectos adversos; el tratamiento prescrito no debe modificarse por cuenta propia.
El Hospital Israelita Albert Einstein financió el ensayo con apoyo del Ministerio de Salud de Brasil. La comparación aporta datos para valorar el equilibrio entre protección cardiovascular y función renal en personas con antecedentes de ictus isquémico o ataque isquémico transitorio.