Trump acelera la IA militar en Estados Unidos y abre una nueva pelea con las big tech

Trump acelera el uso de IA en defensa e inteligencia, con límites a vigilancia ilegal.

por Ricardo Perez
Trump acelera la IA militar en Estados Unidos y abre una nueva pelea con las big tech
Photo by Louis Velazquez / Unsplash

TL;DR:

Donald Trump firmó el NSPM-11 para acelerar el uso de IA en inteligencia, defensa y operaciones militares.
El memorándum da 90 días para actualizar la directiva sobre sistemas de armas autónomas.
La orden busca evitar dependencia de un solo proveedor y limita el uso de IA para censura o vigilancia ilegal.

El 5 de junio de 2026, Donald Trump firmó un memorando de seguridad nacional que ordena el despliegue acelerado de la inteligencia artificial (IA) en la inteligencia, la defensa y el ejército de Estados Unidos. La Casa Blanca, mientras impulsa el rápido despliegue de modelos avanzados de IA, también intenta trazar líneas claras: la IA no debe ser abusada para censurar, difundir sesgos políticos o vigilancia ilegal. El alcance de esta decisión radica en redefinir la relación entre el gobierno de Estados Unidos, el Departamento de Defensa y las empresas privadas que desarrollan modelos innovadores de IA

La Casa Blanca quiere que la IA deje de ser solo una herramienta de apoyo y que la IA sea infraestructura estratégica. El memorándum identificado como NSPM-11 ordena acelerar la adopción de IA en el “national security enterprise”. El “national security enterprise” incluye al Departamento de Guerra, la comunidad de inteligencia y las agencias con funciones de seguridad nacional. Así es como la Casa Blanca quiere avanzar.

"Bajo mi Administración, Estados Unidos puede y acelerará responsablemente el uso de IA en los dominios de inteligencia y combate, en línea con los valores estadounidenses."

La frase atribuida a Trump marca el tono político de la orden: velocidad, ventaja tecnológica y control institucional. El documento sostiene que la IA puede ayudar a proteger a tropas estadounidenses, permitir operaciones más precisas y mantener ventaja técnica frente a adversarios y competidores estratégicos.

Pero el memorándum también reconoce el punto más delicado: una IA militar útil para defensa puede cruzar líneas rojas si se usa para vigilancia masiva, censura o decisiones letales sin supervisión clara.

a computer circuit board with a brain on it
Photo by Steve A Johnson / Unsplash

La orden no solo acelera la IA: también cambia las reglas para proveedores privados

El punto más relevante no está únicamente en el lenguaje militar. Está en el control de la cadena de suministro.

La Casa Blanca ha dado instrucciones a las agencias gubernamentales para reducir las barreras a la adopción de la IA y evitar la dependencia de una sola empresa trabajando con múltiples proveedores. Esta parte del memorando aborda directamente un problema que ya se está gestando en Washington: las empresas de IA quieren vender su tecnología al gobierno, pero al mismo tiempo limitar su uso con fines militares o vigilancia

El documento se apoya en cuatro pilares:

  • Adopción: identificar áreas donde la IA pueda mejorar operaciones y eliminar barreras de despliegue.
  • Adaptación: usar tecnologías comerciales, open-source o desarrollos internos cuando la misión lo requiera.
  • Aseguramiento: exigir que los sistemas sean confiables, robustos, controlables y verificables.
  • Rendición de cuentas: prohibir usos para censura, sesgo ideológico o vigilancia no autorizada.

El punto de aseguramiento es clave: el memorándum pide que ningún actor comercial o adversario pueda bloquear, desactivar, degradar o modificar sin aprobación federal un sistema de IA del que dependan los combatientes estadounidenses.

Traducido a lenguaje menos burocrático: si una empresa vende IA al gobierno, la Casa Blanca no quiere que esa empresa conserve un “botón de apagado” sobre capacidades críticas.

El choque con Anthropic explica por qué llega ahora

En un momento de tensiones entre el Pentágono y Anthropic, el desarrollador de Claude, se recibió una carta interna. En marzo, el Pentágono clasificó oficialmente a Anthropic como un riesgo en la cadena de suministro porque la compañía no levantó las restricciones sobre el uso de Claude en sistemas de armas autónomas o la vigilancia masiva dentro de Estados Unidos, informó Reuters.

Ese conflicto convirtió una discusión técnica en una pelea de poder: ¿puede una empresa privada imponer límites éticos al uso militar de su IA si el gobierno considera legal ese uso?

Associated Press también reportó que Anthropic pidió garantías contractuales para que su tecnología no se usara en armas completamente autónomas ni en vigilancia de estadounidenses. La posición atribuida al secretario Pete Hegseth fue distinta: el Pentágono debía poder usar la tecnología en cualquier aplicación que considerara legal.

La nueva política parece ser una respuesta a los conflictos recientes y, aunque no nombra directamente a Anthropic, establece un marco favorable a las empresas dispuestas a satisfacer las necesidades del gobierno federal, con la posibilidad de rescindir si las empresas celebran contratos con empresas que incumplen el acuerdo; pero en situaciones críticas, se permiten excepciones temporales de hasta un año

Armas autónomas, vigilancia y supervisión humana quedan en el centro

El memorándum da al secretario de Guerra 90 días para actualizar la directiva DOD Directive 3000.09 sobre autonomía en sistemas de armas. Esa actualización deberá revisarse cada año para responder al ritmo de avance de la IA.

La orden exige que la adopción de IA respete la cadena de mando y la autoridad operativa. AP recordó que la directiva, emitida en 2023 bajo la administración Biden, indica que los sistemas deben permitir a los comandantes y a los operadores ejercer juicio humano al usar la fuerza.

Esa frase se volvió el corazón del debate. Si la IA puede ayudar a identificar objetivos, priorizar amenazas o acelerar decisiones en combate, el reto político ya no es si el ejército la usará. El reto es quién responde cuando una recomendación automatizada termina en una acción letal.

El memorándum también prohíbe desarrollar o usar IA en seguridad nacional para:

  • Censurar libertad de expresión.
  • Insertar sesgos ideológicos.
  • Realizar vigilancia no autorizada o ilegal.
  • Operar fuera de las libertades civiles y protecciones constitucionales de Estados Unidos.

El problema es que las garantías quedarán a prueba en la implementación. La orden menciona la supervisión, las pruebas, la verificación y los controles. La orden también empuja al gobierno a moverse más rápido. La orden también empuja al gobierno a cerrar la brecha entre el mercado y las agencias de seguridad.

La Casa Blanca también quiere acceso temprano a modelos avanzados

El memorándum llega tres días después de otra orden ejecutiva firmada el 2 de junio de 2026, en la que la administración Trump pidió crear un marco voluntario para que desarrolladores de IA permitan al gobierno evaluar modelos de frontera antes de su lanzamiento.

Esa orden contempla hasta 30 días de acceso previo a ciertos modelos cubiertos, bajo condiciones de confidencialidad, ciberseguridad, protección de propiedad intelectual y controles de uso. También aclara que no crea un sistema obligatorio de licencias, permisos o autorización previa para publicar nuevos modelos.

Ese detalle importa para empresas como OpenAI, Anthropic, Google, Meta o xAI: Washington quiere mirar antes algunos sistemas avanzados por razones de ciberseguridad, pero intenta evitar que la medida parezca una licencia gubernamental para innovar.

La Casa Blanca también ordenó desarrollar procesos de benchmark clasificados para medir capacidades cibernéticas avanzadas de modelos de IA y determinar cuándo un sistema debe considerarse un “covered frontier model”.

El impacto para México y América Latina será indirecto, pero real

Aunque la orden aplica a Estados Unidos, sus efectos pueden llegar rápido a México y América Latina por tres rutas: proveedores tecnológicos, ciberseguridad y defensa.

Las empresas que vendan IA al gobierno estadounidense podrían ajustar contratos, políticas de uso y controles técnicos. Eso puede influir en versiones comerciales, servicios cloud y herramientas de ciberseguridad que también usan compañías y gobiernos fuera de Estados Unidos.

También se abre un precedente político: la IA deja de tratarse solo como producto tecnológico y entra con más fuerza en la categoría de activo estratégico nacional. Cuando Washington mueve esa frontera, otros gobiernos suelen reaccionar con sus propios marcos de seguridad, compras públicas y vigilancia.

La Casa Blanca apuesta por velocidad. Las empresas intentan proteger límites de uso y reputación. En medio queda la pregunta que definirá la siguiente etapa de la IA militar: quién controla realmente una tecnología cuando ya forma parte de la seguridad nacional.

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5

Ricardo Perez imagen de perfil
por Ricardo Perez

Leer más de Política