TL;DR:
- Un estudio publicado el 21 de julio de 2026 en Nature Communications identifica a IC 443 (la Nebulosa Medusa) y a la vecina G189.6+3.3 como los restos de dos estrellas de un mismo sistema binario.
- El equipo usó 16 años de datos del telescopio espacial Fermi de la NASA y situó ambos restos a unos 1.8 kiloparsecs, cerca de 5,900 años luz, en la constelación de Géminis.
- Sería el primer candidato conocido a un par de supernovas nacidas del mismo sistema estelar, con un desfase de entre 20,000 y 100,000 años entre las dos explosiones.
Astrónomos encontraron la primera evidencia de dos estrellas hermanas que, nacidas en el mismo sistema binario, estallaron por separado como supernovas. El trabajo, publicado el 21 de julio de 2026 en la revista Nature Communications, conecta dos objetos del cielo: IC 443, uno de los restos de supernova más estudiados de la Vía Láctea y conocido como la Nebulosa Medusa, y G189.6+3.3, un resto vecino mucho más tenue que había pasado casi desapercibido. Con 16 años de observaciones del telescopio espacial de rayos gamma Fermi de la NASA, el equipo liderado por Miltiadis Michailidis, astrónomo de la Universidad de Stanford, mostró que ambos restos están a la misma distancia y comparten la misma nube de gas. Eso apunta a un origen común.
Una supernova es la explosión con la que una estrella masiva termina su vida: cuando su núcleo se queda sin combustible, colapsa y revienta el resto de la estrella. Cada una deja tras de sí una nube de gas y polvo brillante. Hasta ahora nadie había encontrado dos de esas explosiones en un mismo sistema de estrellas, pese a que la mayoría de las estrellas grandes de la galaxia nacen acompañadas.
Un resto de supernova que se escondía a plena vista
El problema es que IC 443 brilla tanto que tapaba a su vecino. En 2023, un equipo con el telescopio de rayos X eROSITA detectó un cascarón de plasma calentado a más de ocho millones de grados Celsius en la zona de G189.6+3.3, pero faltaba la señal que confirmara que era un resto de supernova. Esa prueba llegó al mirar en rayos gamma: los 16 años de datos de Fermi revelaron un resplandor que calca la forma del cascarón de rayos X.
Al afinar la mirada, el equipo encontró algo más. La parte norte del resto emite una señal distinta al resto de la región, huella de dos tipos de partículas acelerándose dentro de las ondas de choque. En el norte, los rayos gamma vienen de protones que chocan contra una densa nube de hidrógeno llamada S249, la misma nube que ya se sabía que interactúa con la Nebulosa Medusa. Y eso cambia la lectura: refuerza que los dos restos son vecinos reales y no dos objetos lejanos que solo parecen cercanos vistos desde la Tierra.

Dos estrellas que nacieron juntas y murieron por separado
Con simulaciones de un millón de sistemas binarios, el equipo reconstruyó una secuencia plausible. Las dos estrellas empezaron como una pareja: dos astros muy masivos y de vida corta, unidos por su gravedad. Cuando la primera explotó, el empujón lanzó a la compañera lejos. Viajó lo suficiente para que, al estallar la segunda, esa explosión no se mezclara con los restos de la primera. Entre una y otra pasaron, según el estudio, entre 20,000 y 100,000 años, con una separación de unos 9 a 15 pársecs, es decir, decenas de años luz, entre los centros de las explosiones.
Ambas estrellas fueron muy grandes, con más de 20 veces la masa del Sol y posiblemente por encima de 30. Cuanto más masiva es una estrella, más probable es que haya nacido en pareja, hasta llegar al 100% en las más grandes. Ese dato juega a favor de la hipótesis binaria.
Michailidis subraya lo que cambia al tener un caso real y no solo teoría:
"Solo tenemos modelos teóricos para la evolución de las binarias y las distintas etapas de la evolución de una estrella".
Ahora esos modelos pueden contrastarse con observaciones físicas.
Por qué el hallazgo importa (y por qué aún es un candidato)
Los propios autores son cautos: lo presentan como un candidato, no como un hecho cerrado. Ninguna señal por sí sola prueba que dos restos vengan de un sistema binario, así que el caso se sostiene por la suma de pistas. Calculan que la probabilidad de que los dos restos coincidan por azar en el cielo y en distancia es de alrededor del 1% o menos.
Si la asociación se confirma, el premio es grande. Al tener dos supernovas ligadas, con su distancia y su desfase, se puede medir por primera vez no solo la energía de una explosión, sino cómo esa energía se propaga y dispara fragmentos estelares por el espacio. Según Mikako Matsuura, astrónoma de la Universidad de Cardiff que no participó en la investigación, estos restos podrían reproducir las condiciones del universo temprano, cuando el cosmos era más pequeño y estaba lleno de estrellas masivas de vida corta.
El equipo ya planea buscar más parejas como esta. Si aparecen, la Nebulosa Medusa habrá dejado de ser un objeto solitario para convertirse en la puerta de entrada a un tipo de sistema que hasta hoy solo existía en la teoría.