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Los 'puntos rojos' del James Webb: ¿agujeros negros o cúmulos de estrellas?

Estudios de 2026 chocan sobre los 'puntos rojos' del James Webb: ¿agujeros negros o cúmulos de estrellas?

por Alejandro Castillo Leone
Engineers in protective suits work on telescopic mirrors in a high-tech lab.
Foto de Pixabay en Pexels

TL;DR:

  • Los pequeños puntos rojos (LRD) son objetos compactos y brillantes que el telescopio James Webb ve por cientos en el universo temprano y que nadie logra clasificar.
  • En 2026 se aceleró la discusión con teorías rivales: agujeros negros de colapso directo, "black hole stars" y cúmulos de estrellas recién nacidos.
  • Un equipo de Yale halló "compañeros azules" en 36 de 83 puntos analizados; otro de UT Austin sostiene que no son agujeros negros, sino cúmulos globulares en formación.

El telescopio espacial James Webb lleva cuatro años fotografiando unos objetos que nadie logra clasificar: los pequeños puntos rojos, o LRD por sus siglas en inglés. Son compactos, muy brillantes y aparecen por cientos en el universo temprano, cuando había transcurrido menos del 10% de la edad actual del cosmos. En 2026 la discusión se aceleró. Un equipo de la Universidad de Yale, con un artículo en The Astrophysical Journal Letters, propone que cada punto rojo esconde un "compañero azul" cuya radiación desencadena el nacimiento de un agujero negro. Casi en paralelo, otro grupo de la Universidad de Texas en Austin sostiene lo contrario: que no son agujeros negros, sino cúmulos de estrellas recién nacidos. La pregunta de fondo sigue abierta, y de su respuesta depende cómo entendemos la formación de los primeros agujeros negros y galaxias.

Los puntos rojos desconciertan porque no encajan en ninguna casilla. Su luz, repartida por longitudes de onda, dibuja una curiosa forma de "V": muy azul en un extremo del espectro, muy roja en el otro y con una caída marcada en medio. Se parecen a galaxias densísimas, pero apretar tantas estrellas en un radio tan pequeño rompería las reglas conocidas de formación estelar. También muestran gas caliente típico de un agujero negro devorando material, solo que sin la fuerte emisión de rayos X que ese proceso suele dejar. Un poco galaxia, un poco agujero negro, un poco estrella.

Compañeros azules y agujeros negros que nacen "de golpe"

El trabajo liderado por la astrónoma Josephine Baggen, de Yale, revisó 83 puntos rojos captados por el Webb en sondeos ultraprofundos. En 36 de ellos, incluidos más del 80% de los más brillantes, apareció al menos un acompañante que brillaba en luz ultravioleta azulada. Puntos rojos con pequeños compañeros azules.

"Lo más sorprendente es que estos pequeños puntos rojos no son solo 'puntos rojos', sino que hay una emisión más compleja cerca y a su alrededor. Creemos que esos que llamamos 'compañeros' son luz de estrellas", explicó Baggen a Live Science.

La masa de esos compañeros va de cientos de millones a miles de millones de veces la del Sol, lo que apunta a que serían cúmulos de estrellas o galaxias pequeñas de las primeras épocas. Según la propuesta del equipo, su intensa radiación ultravioleta frena la fragmentación de enormes nubes de gas. En lugar de partirse en muchas estrellas, el gas se comprime en una estrella supermasiva que colapsa directamente en un agujero negro, saltándose la explosión de supernova. Ese mecanismo explicaría la forma de "V": la luz roja viene del punto rojo, la ultravioleta del compañero y la caída intermedia, del denso capullo de gas que lo envuelve.

Si la idea se sostiene, esos agujeros negros de entre 100.000 y un millón de masas solares serían las "semillas" que faltaban para explicar cómo los agujeros negros supermasivos crecieron tanto y tan pronto en la historia del cosmos.

La hipótesis que los saca del club de los agujeros negros

Otro estudio, encabezado por John Chisholm en la Universidad de Texas en Austin y también publicado en The Astrophysical Journal Letters, llega a una conclusión incómoda para la teoría anterior: los puntos rojos no serían agujeros negros en absoluto. Serían cúmulos globulares en formación, esas bolas antiguas de cientos de miles de estrellas que hoy orbitan a casi todas las galaxias grandes, incluida la Vía Láctea.

En esta lectura, la misma forma de "V" surge de dos fuentes de luz superpuestas. El lado azul lo aportan estrellas jovencísimas y calientes que arden en ultravioleta. El rojo vendría de una estrella supermasiva, de más de 10.000 veces la masa del Sol, que se forma cuando un cúmulo recién nacido y muy denso hace chocar y fusionar sus estrellas centrales en una reacción en cadena. Ese objeto brilla de forma extraordinaria, pero dura apenas un millón de años antes de colapsar.

Los autores hicieron las cuentas: al "envejecer" esa población hasta hoy, los cúmulos supervivientes se concentran alrededor de las 200.000 masas solares, cerca de donde realmente se agrupan los cúmulos globulares observados. Las fechas también cuadran con la época de formación de los cúmulos más antiguos. El propio Chisholm resume la ambición del planteamiento.

"Nuestro trabajo muestra que los cúmulos globulares en formación con estrellas supermasivas deberían ser parte de esa conversación", señaló Chisholm.

El equipo insiste en que su escenario es plausible, no confirmado: los modelos actuales de estrellas supermasivas todavía salen demasiado calientes y poco luminosos frente a lo que se observa. La ventaja es que hace predicciones comprobables, como ciertas huellas químicas (helio, sodio, aluminio, magnesio) que los próximos datos del telescopio podrían confirmar o descartar.

"Black hole stars": la pista que dejó Chandra

Entre las explicaciones que ganaron terreno en 2026 está la de las black hole stars, o estrellas de agujero negro. La idea: un agujero negro en crecimiento acelerado, envuelto en un capullo de gas caliente y denso. La energía que libera el material al caer no escapa directamente; el gas la absorbe y la reemite hasta que el conjunto se parece al brillo suave de una atmósfera estelar, aunque no haya fusión nuclear encendiéndolo.

Ilustración de un agujero negro rodeado por un disco y una nube de gas caliente y brillante en el espacio
Imagen ilustrativa: en el modelo de 'black hole star', un agujero negro crece envuelto en un capullo de gas que reemite su luz. (Unsplash) · Foto de Adis Resic en Pexels

El caso más detallado hasta ahora es GLIMPSE-17775, un punto rojo situado detrás del cúmulo de galaxias Abell S1063. La gravedad del cúmulo actúa como lente y magnifica su luz: el Webb lo observó 30 horas, pero el efecto equivale a unas 80 horas de telescopio. Su instrumento NIRSpec separó la luz en más de 40 rasgos, entre ellos un "bosque" de 16 líneas de hierro que exige una fuente de radiación muy energética. La NASA lo describió como la evidencia más fuerte hasta la fecha para este modelo.

Hay otra pista. Combinando el Webb con el observatorio de rayos X Chandra, los astrónomos hallaron 3DHST-AEGIS-12014, apodado el "punto de rayos X": el primer punto rojo conocido que sí emite rayos X detectables. Podría ser una black hole star en transición, con el capullo de gas empezando a abrirse. Su autor principal, Raphael Hviding, del Instituto Max Planck de Astronomía, lo planteó como el objeto que quizá permita, por fin, conectar todas las piezas del rompecabezas.

Por qué el enigma importa más allá de un punto en la foto

El debate no es un capricho de especialistas. Los puntos rojos ponen a prueba dos cosas grandes: cómo se formaron los primeros agujeros negros supermasivos y cómo nacieron los cúmulos y galaxias que hoy nos rodean. Si son agujeros negros de colapso directo, resuelven el misterio de las "semillas" tempranas; si son cúmulos globulares en formación, el Webb llevaría años fotografiando su nacimiento sin que nadie lo notara.

Incluso hay quien busca aprovecharlos para otra cosa. Un equipo de la Universidad de Kyoto, en un artículo en Physical Review D, calculó que si estos objetos esconden agujeros negros en gas muy denso, podrían funcionar como fábricas ocultas de neutrinos: partículas fantasma que escapan del capullo mientras los rayos gamma quedan atrapados. Eso encajaría con el fondo de neutrinos de alta energía que se detecta en la Tierra y cuyo origen sigue sin aclararse.

Por ahora ninguna teoría gana por completo. Los puntos rojos siguen pareciendo un poco galaxia, un poco agujero negro y un poco estrella, y esa ambigüedad es justo lo que mantiene a varios campos de la astronomía trabajando sobre la misma mancha roja. La próxima tanda de observaciones del Webb, con sus huellas químicas y sus posibles fugas de rayos X, será la que empiece a inclinar la balanza.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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