OpenAI y la Casa Blanca discuten una participación del gobierno: el plan que pondría a la IA en manos públicas
La Casa Blanca evalúa una participación pública en OpenAI; no hay términos cerrados.
TL;DR:
Sam Altman y la Casa Blanca han discutido una posible participación del gobierno estadounidense en OpenAI.
OpenAI cerró en marzo una ronda por 122,000 millones de dólares a una valuación de 852,000 millones.
La idea conectaría con un Public Wealth Fund, pero todavía no hay términos oficiales, porcentaje ni estructura aprobada.
La Casa Blanca y OpenAI parecen estar discutiendo la posibilidad de que el gobierno estadounidense invierta en empresas de inteligencia artificial. Si el plan se implementa, podría crearse un fondo público que distribuya parte del crecimiento económico generado por la IA al público. Criticamente, aún no se ha llegado a un acuerdo formal. Sin embargo, Donald Trump ha confirmado que su equipo está considerando tal propuesta para asegurar que el mayor número posible de estadounidenses se beneficie del éxito de las grandes empresas de inteligencia artificial
La conversación pone a Sam Altman en el centro de una tensión cada vez más visible: OpenAI necesita capital, infraestructura y buena relación política para sostener su expansión; Washington quiere capturar parte del valor económico de una tecnología que ya trata como asunto estratégico.
“Hay algo muy interesante en esto, donde casi se convierte en una alianza con el público estadounidense. Lo vamos a revisar.”
Trump dijo esa frase a reporteros a bordo del Air Force One el 5 de junio de 2026, al referirse a la posibilidad de que las empresas de IA den al público una participación en su crecimiento.
El “Public Wealth Fund” no es un cheque automático para todos
Public Wealth Fund es un fondo público que buscaría dar a los ciudadanos una participación indirecta en el crecimiento económico impulsado por la IA.
La idea surgió en un documento de política industrial publicado por OpenAI en abril de 2026, en el que la compañía sugirió que los responsables políticos y las empresas de inteligencia artificial podrían trabajar juntos para determinar cómo "alentar" la inversión de dinero en activos a largo plazo relacionados con las empresas de inteligencia artificial y las empresas que aplican la tecnología.
En esa propuesta, OpenAI incluyó varios mecanismos para repartir mejor las ganancias de la IA:
- Dar voz a trabajadores en la transición hacia sistemas de IA.
- Ampliar el acceso barato o gratuito a modelos base.
- Modernizar la base fiscal ante un posible cambio de ingresos laborales hacia ganancias de capital.
- Crear un Public Wealth Fund con retornos distribuibles a ciudadanos.
- Acelerar infraestructura energética con esquemas público-privados.
- Convertir ganancias de productividad en beneficios laborales.
El matiz importa: el documento de OpenAI es una propuesta de discusión, no un acuerdo gubernamental ni una promesa de dividendos. Tampoco define cuánto capital aportaría OpenAI, qué porcentaje quedaría en manos públicas, si habría derechos de voto o si el Congreso tendría que aprobar una estructura así.
La participación en OpenAI llegaría en pleno auge financiero de la compañía
OpenAI ya no es solo la empresa detrás de ChatGPT. El 31 de marzo de 2026, la compañía anunció una ronda de 122,000 millones de dólares en capital comprometido, con una valuación post-money de 852,000 millones de dólares.
Esta cifra cambia la dimensión política de la discusión Incluso si la participación de los accionistas es baja, una empresa podría valerse cientos de miles de millones de dólares si mantiene su valor o cotiza en bolsa a condiciones favorables. Pero al mismo tiempo, surge una pregunta espinosa: ¿es el gobierno un socio, un regulador o ambos?
Ahí está el conflicto central. Si Washington toma una participación en OpenAI, el gobierno estadounidense podría tener incentivos económicos directos en el éxito de una empresa a la que también debe supervisar por seguridad nacional, competencia, privacidad, empleo y uso militar.
Trump ya venía empujando un fondo soberano estadounidense
La idea no aparece de la nada. El 3 de febrero de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva. La orden ejecutiva indicó a los secretarios del Tesoro y del Comercio desarrollar un plan. El plan buscó crear un fondo soberano de riqueza de Estados Unidos. La orden pidió recomendaciones. La orden pidió recomendaciones sobre los mecanismos de financiamiento, sobre la estrategia de inversión, sobre la estructura, sobre la gobernanza y sobre las posibles necesidades legislativas.
La Casa Blanca también dijo entonces que el gobierno federal mantenía 5.7 billones de dólares en activos directos y que un fondo soberano podría usarse para fortalecer la seguridad económica de largo plazo.
La diferencia con OpenAI está en el tipo de activo. No se trataría de petróleo, minerales o reservas tradicionales, sino de participación en una compañía privada de IA con una valuación gigantesca, costos de cómputo enormes y un papel cada vez más sensible en la economía digital.
La IA ya entró al perímetro de seguridad nacional
Las conversaciones sobre participación pública coinciden con otra señal de Washington. El 2 de junio de 2026, Trump firmó una orden ejecutiva. La orden ejecutiva crea un marco voluntario. El marco voluntario permite a los desarrolladores de modelos de frontera dar al gobierno acceso a sus sistemas. El acceso se da hasta 30 días antes de que los sistemas se entreguen a otros socios.
La orden también aclara que ese esquema no crea un requisito obligatorio de licencia, autorización previa o permiso gubernamental para publicar nuevos modelos de IA.
Tres días después, el 5 de junio de 2026, la Casa Blanca presentó una directiva de seguridad nacional para acelerar la adopción de IA en agencias de defensa e inteligencia, incorporar modelos avanzados de múltiples proveedores y reforzar capacidades de cómputo seguras.
Visto junto, el mensaje político es claro: Estados Unidos no solo quiere regular la IA. Quiere usarla, protegerla, financiar su infraestructura y quizá capturar parte de su valor económico.
Sanders empuja una versión mucho más agresiva
La propuesta también cruzó líneas ideológicas. Bernie Sanders plantea que el público debería tener una participación mucho mayor en empresas como OpenAI, Anthropic y xAI. De acuerdo con reportes de AP, Sanders propuso una participación pública de 50% mediante acciones para crear un fondo de riqueza pública.
Según The Associated Press, Altman le dijo a Sanders que, aunque apoya en principio la idea de la participación de la gente común, no puede aceptar un límite del 50%, que es una diferencia esencial, una participación simbólica o minoritaria para ajustar los incentivos es una cosa, y un gobierno convertirse en el accionista dominante o cercano al dominante de las grandes empresas de inteligencia artificial es completamente otra.
Para OpenAI, limitar las participaciones públicas podría servir de escudo político antes de la IPO. Para la Casa Blanca, sería una forma de demostrar que la riqueza en el campo de la inteligencia artificial no se limita a Silicon Valley. Sin embargo, los críticos creen que esto marca el comienzo de una situación delicada. El poder corporativo, el poder estatal e intereses especiales se entrelazan
El acuerdo que falta definir es el que más importa
La noticia no está en que OpenAI haya entregado acciones al gobierno. Eso no ha ocurrido. La noticia está en que la idea ya salió del terreno académico y entró en conversaciones políticas al más alto nivel.
Los puntos que siguen sin confirmación son los decisivos:
- Qué porcentaje de OpenAI podría cederse o donarse.
- Si la participación tendría derechos de voto.
- Quién administraría el fondo.
- Si los retornos llegarían directamente a ciudadanos.
- Si el Congreso tendría que aprobar la estructura.
- Qué pasaría si el gobierno también regula a una empresa de la que es accionista.
- Si otras compañías de IA entrarían en el mismo esquema.
Para México y América Latina, este desarrollo es importante por una simple razón: si Estados Unidos promueve la inteligencia artificial como política industrial financiada por el gobierno, el resto del mundo se verá obligado a elegir entre depender de este marco y explorar sus propias opciones, la lucha ya no se trata únicamente de modelos más inteligentes, la verdadera pregunta es quién obtendrá la riqueza relevante