Saltar al contenido

Nebulosa de la Hélice: 22 choques delatan fragmentos invisibles que duran 10,000 años

MOTHRA, un telescopio a medio construir en Chile, tomó una imagen de calibración de la Nebulosa de la Hélice y encontró 22 choques de proa. Marcan pedazos de la estrella muerta que no emiten luz y que, según el estudio publicado en Nature, pierden su forma en unos 10,000 años.

por Alejandro Castillo Leone
A breathtaking celestial scene featuring a distant ringed planet set against a night sky filled with stars.
Foto de Zelch Csaba en Pexels

TL;DR:

  • MOTHRA, un arreglo de teleobjetivos que se construye en Chile, encontró 22 choques de proa en el halo exterior de la Nebulosa de la Hélice mientras tomaba una imagen de calibración en noviembre de 2025.
  • Los objetos que empujan esos arcos no emiten luz en ninguna de las tres líneas medidas: se ubican solo por la onda que levantan contra el gas interestelar, a unos 85 kilómetros por segundo en el lado este.
  • El estudio, publicado el 12 de agosto de 2026 en Nature, calcula en unos 10,000 años la vida de cada fragmento, aunque un investigador ajeno al trabajo advierte que la Hélice reúne condiciones poco comunes.

Un telescopio que todavía está a medio construir en Chile apuntó a la Nebulosa de la Hélice para calibrarse y terminó encontrando 22 choques de proa en su halo exterior, la región más tenue y menos observada del objeto. El hallazgo, publicado este miércoles 12 de agosto de 2026 en Nature por un equipo que encabeza el astrónomo Pieter van Dokkum, de la Universidad de Yale y de la Dragonfly Focused Research Organization, muestra el paso final del reciclaje cósmico, es decir, cómo los pedazos de una estrella muerta se desmenuzan y se mezclan con el gas que hay entre las estrellas. Ese tramo se daba por hecho en los modelos, pero casi nunca se había podido observar de forma directa. El equipo calcula que cada fragmento conserva su forma unos 10,000 años antes de disolverse, un plazo corto en términos astronómicos.

La imagen no se tomó buscando nada de esto. El equipo eligió la Hélice porque es grande, brillante y está estudiada hasta el cansancio, justo lo que conviene para poner a punto un instrumento nuevo. "Creíamos que tomábamos una imagen de calibración de una de las nebulosas más conocidas", contó Roberto Abraham, de la Universidad de Toronto y de Dragonfly FRO, en el comunicado de Yale. Lo que apareció en su lugar fue una red de arcos en el borde este que, según el propio Abraham, contaba una historia que se había pasado por alto.

El material es más viejo que la nebulosa que lo rodea

La Hélice, catalogada como NGC 7293, es una nebulosa planetaria: la envoltura de gas que suelta una estrella parecida al Sol cuando agota su combustible y se encoge hasta quedar convertida en enana blanca. Está a unos 650 años luz de la Tierra, en la constelación de Acuario, y ocupa en el cielo casi lo mismo que la Luna llena. El artículo adopta una distancia de 198.6 pársecs para la estrella central a partir de la astrometría de Gaia; un pársec equivale a 3.26 años luz.

Esa es la vía tranquila de morir. Las estrellas mucho más masivas devuelven su material de golpe, en una supernova, un proceso que sí se ha logrado seguir desde el primer destello.

Supernova SN 2026gzf: captan su primer destello
Captan la supernova SN 2026gzf desde su primer destello de rayos X: el chorro esperado no apareció.

Los arcos aparecen mucho más allá del anillo brillante que sale en las fotos famosas, en un halo exterior muy tenue. Ahí los números no cuadran con la edad de la propia nebulosa. Con una velocidad de expansión de 35 a 45 kilómetros por segundo, los grumos que provocan los choques llevan entre 20,000 y 30,000 años viajando cuando llegan a un pársec de la estrella. La nebulosa planetaria, en cambio, se formó hace unos 12,000 años. El material es anterior, y el equipo lo atribuye a una envoltura circunestelar más antigua, expulsada durante la fase final de la rama asintótica gigante, antes de que la nebulosa que hoy vemos existiera.

Los fragmentos no emiten luz y solo se ven por el golpe

Un choque de proa es la onda que se forma delante de un cuerpo que avanza más rápido que el sonido en el medio que atraviesa, parecida a la que abre un barco al moverse en el agua. En la Hélice, los cuerpos que empujan esa onda no aparecen en ninguna de las tres líneas que midió MOTHRA. Al ajustar parábolas a los 22 arcos, el equipo calculó dónde debería estar el objeto que produce cada uno, y en esos puntos no hay emisión detectada. De ahí concluyen que los grumos son gas neutro y que la única señal de su presencia es la marca que dejan al chocar.

Stunning night sky with the Milky Way and telescopes in La Palma, Spain.
Imagen ilustrativa de un observatorio nocturno; MOTHRA opera en el Observatorio El Sauce, en el valle chileno de Río Hurtado · Foto de Emilio Garcia en Pexels

Los arcos brillantes están todos del mismo lado, y eso tiene explicación. La nebulosa completa se desplaza a unos 45 kilómetros por segundo respecto al gas que la rodea, así que en el este esa velocidad y la de la expansión se suman: el choque llega a 85 kilómetros por segundo, con un margen de 5. En el oeste se restan y quedan unos 35, con un margen de 10. Los modelos predicen que esa diferencia debería traducirse en un brillo entre diez y cien veces mayor en el este; lo que se observa es un factor cercano a diez.

La curvatura cae cien veces y de ahí sale el plazo

El dato que sostiene la conclusión no es cuántos arcos hay, sino cómo cambian. Cerca de la enana blanca son grandes, delgados y de borde limpio. Hacia afuera se vuelven pequeños, difusos y rotos. Medido como radio de curvatura en el vértice, ese tamaño cae unas cien veces entre 0.4 y 1.4 pársecs de distancia a la estrella, con una longitud característica de 0.27 pársecs. Imad Pasha, coautor y miembro de Dragonfly FRO, subrayó en el comunicado de la Universidad Northwestern que ese cambio con la distancia al centro es drástico.

Leer esa secuencia espacial como una secuencia temporal es lo que produce la cifra de los 10,000 años. Si cada distancia se divide entre la velocidad de expansión, la curvatura se reduce con un tiempo característico de unos 7,000 años, y de ahí el equipo deriva una vida del orden de 10,000 años para el fragmento y su choque.

El propio artículo le pone límites a esa cifra. El radio de curvatura es una cantidad puramente geométrica y no fija por sí solo el balance de momento del flujo, y los 10,000 años describen cuánto sobrevive el conjunto formado por el fragmento denso y su onda, no una tasa de pérdida de masa. Aun con esas reservas, es el tipo de número que faltaba: las simulaciones de formación de galaxias representan hoy el transporte de metales y polvo que no alcanzan a resolver con recetas de mezcla turbulenta ajustadas a mano, sin una referencia medida en el cielo contra la cual compararlas.

Un investigador ajeno al estudio pide moderar las expectativas

Kazimierz Borkowski, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, que no participó en el trabajo, apuntó dos cosas en Sky & Telescope. La primera es una vía para seguir la pista: el archivo ultravioleta del telescopio GALEX, retirado hace más de una década, ya captó algunos de estos choques, y el gas chocado emite en ultravioleta mientras se enfría.

La segunda es una advertencia sobre el alcance. La Hélice se mueve rápido respecto al gas que la rodea, y eso le da un empujón extra a la velocidad del choque, así que las condiciones que vuelven visibles estos arcos podrían no repetirse en otras nebulosas planetarias. Borkowski calificó el estudio como un paso adelante y añadió que, a su juicio, "nuestra comprensión de lo que ocurre dista mucho de estar completa". El artículo apunta en la misma dirección: espera detectar estas estructuras sobre todo cuando el movimiento de la nebulosa respecto al medio interestelar supere los 40 kilómetros por segundo.

El equipo también deja una prueba pendiente. Si los grumos son de gas neutro, deberían poder detectarse en líneas de monóxido de carbono y de hidrógeno molecular, aunque no se vean en las líneas que usó MOTHRA.

Van Dokkum resumió en el comunicado de Yale por qué el hallazgo importa más allá de una nebulosa concreta: en un futuro lejano, el Sol pasará por un proceso parecido y su material entrará en el mismo ciclo.

Las 22 estructuras salieron de 172.5 horas de exposición contadas por lente, con solo cinco monturas encendidas. Terminado, MOTHRA reunirá 1,140 teleobjetivos Canon de 400 milímetros repartidos en 30 monturas, un equivalente óptico a un refractor de 4.8 metros, y esa misma imagen le tomaría 20 minutos. El instrumento se financia con el apoyo de Alex Gerko, fundador y director ejecutivo de la firma de trading algorítmico XTX Markets. Ese margen es la diferencia entre un hallazgo salido de una foto de prueba y la búsqueda sistemática en otras nebulosas planetarias, que es justo lo que el equipo propone para poner a prueba el plazo de los 10,000 años.

Fuentes: 1, 2, 3

Alejandro Castillo Leone imagen de perfil
por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

Suscríbete GRATIS

Recibe las noticias más importantes de política, tecnología, negocios, deportes, entretenimiento y cultura directamente en tu correo.

¡Listo! Revisa tu correo

Para completar la suscripción, haz clic en el enlace de confirmación que enviamos a tu correo. Si no llega en 3 minutos, revisa tu carpeta de spam.

Ok, gracias

Leer más de Tecnología y Ciencia