En China, las advertencias de que la inteligencia artificial podría acabar con la humanidad suenan a una preocupación occidental o a una maniobra para impedir que sus empresas alcancen a las estadounidenses, según un reportaje de Lily Kuo publicado el 27 de septiembre de 2026 en The New York Times. La sospecha tiene de dónde agarrarse. El ensayo con el que Dario Amodei, CEO de Anthropic, pidió el 12 de septiembre frenar el avance de la IA incluye medidas que, según él mismo, retrasarían a China lo suficiente para ensanchar la ventaja de Estados Unidos en los próximos tres a cinco años. Esa fue la parte que el gobierno chino y su prensa estatal eligieron responder.
El plan para frenar la IA también frena a China
Amodei publicó "We Must Pace the Frontier" en su sitio personal, no en el blog de Anthropic. Propone tres pasos: evaluadores externos con acceso de empleado dentro de cada laboratorio (Anthropic se comprometió a aplicarlo por su cuenta), estándares comunes y límites de ritmo entre las empresas de países democráticos y, al final, un intento de coordinación con gobiernos autoritarios.
El choque con Pekín está en el segundo paso. Amodei sostiene que el freno dentro de las democracias solo funciona si Estados Unidos conserva su ventaja sobre el Partido Comunista Chino, y enumera cómo defenderla: no vender a China chips avanzados de IA ni equipo para fabricar semiconductores, perseguir el contrabando y el acceso remoto a centros de datos fuera del país, castigar la destilación no autorizada de modelos (entrenar un modelo propio con las respuestas de otro más avanzado) y blindar los pesos de los modelos contra el robo. También escribe que coincide con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, en que un liderazgo chino en IA sería un "grave peligro" para Estados Unidos y para el mundo.
El texto anticipa la objeción:
"Algunos pueden creer que estas medidas dificultan cooperar con China, pero creo que ocurre lo contrario: aumentan la influencia de las democracias y hacen más probable un acuerdo en el futuro."
Dario Amodei, CEO de Anthropic, en su ensayo.
En el mismo documento, Amodei admite que Anthropic ha sido acusada de exagerar, de alarmismo y de "captura regulatoria", la sospecha de que un gigante empuja reglas que le cierran el paso a los rivales.
Pekín contestó a la parte de los chips
La respuesta oficial llegó el lunes 14 de septiembre. En la conferencia diaria de la Cancillería china, Reuters preguntó por los llamados de Amodei, Sam Altman y Elon Musk a frenar la IA. El portavoz Guo Jiakun dijo que la IA debe desarrollarse de forma abierta e inclusiva y que "el alarmismo, la confrontación y la competencia despiadada solo entorpecerán los esfuerzos por una gobernanza global sólida de la IA".
El Global Times, diario del aparato estatal, fue más lejos ese mismo día. Contó 12 menciones a China en el ensayo y reunió a tres especialistas que describen, casi con las mismas palabras que el titular del Times, la alarma como una herramienta de competencia:
- Xiang Ligang, observador de política tecnológica y de telecomunicaciones, calificó la retórica de "inapropiada", "infundada" y "hostil", y señaló la contradicción de pedir cooperación a China mientras se promueven restricciones para frenarla.
- Liu Shaoshan, director de IA encarnada en el Shenzhen Institute of Artificial Intelligence and Robotics for Society y excolaborador de Amodei, dijo que las empresas tienen incentivos para presentar la IA como más poderosa y peligrosa de lo que es. Si la tecnología define la seguridad nacional, la compañía deja de ser una tecnológica común y pasa a ser "infraestructura estratégica", con más peso político, barreras de entrada más altas y mejor valuación.
- Xiao Qian, vicedecano del Instituto de Gobernanza Internacional de la IA de la Universidad Tsinghua, ligó la postura de Amodei a la presión que los modelos abiertos chinos ejercen sobre el enfoque cerrado de Anthropic.
Un matiz de atribución: The Next Web presentó como respuesta al ensayo la frase del Ministerio de Comercio chino sobre una "hegemonía tecnológica" de Estados Unidos. Según el propio Global Times, esa declaración es de días antes y respondía a otra cosa: la acusación de Washington de que empresas chinas destilan modelos estadounidenses a escala industrial, que el ministerio llamó infundada. Es, eso sí, el mismo frente que Amodei pide endurecer.

China no niega el riesgo, lo nombra de otra manera
Pekín no descarta los peligros de la IA. El 13 de septiembre, el ministro de Seguridad del Estado, Chen Yixin, presentó la tecnología como una amenaza para la seguridad política e ideológica del país, según Time. Su alerta apunta a la seguridad del Estado, no a la extinción humana.
La distancia es conceptual. Los responsables políticos chinos no creen que la industria esté "construyendo un Dios en una caja o un país de genios en un centro de datos", dijo a Time Kwan Yee Ng, jefa de gobernanza internacional de la IA en Concordia AI, organización de seguridad de la IA con sede en Pekín. La segunda imagen es la que Amodei usa desde 2024 para describir la IA avanzada. Según Ng, en China la ven como una tecnología de propósito general, más cercana a la electricidad o la máquina de vapor, y desde esa óptica frenarla "no tiene mucho sentido".
El control humano sí está en el discurso oficial. El 24 de septiembre, en la Casa Blanca, Xi Jinping pidió que la IA se mantenga siempre bajo control humano, sin proponer frenar la carrera.

La desconfianza también se fabrica en Washington
Cuando Estados Unidos y China se sentaron a hablar de riesgos de IA en Ginebra en 2024, la reunión terminó en una discusión sobre los controles de exportación de chips, recordó Time. Paul Triolo, socio de DGA-Albright Stonebridge Group, dijo a esa revista que los esfuerzos de Washington por contener a China con esos controles y con la ofensiva contra la destilación han minado la confianza que haría falta para cooperar. Xiao Qian añadió que todavía no existe la tecnología para verificar que ambos lados cumplan un acuerdo para desacelerar.
La lectura de la alarma como jugada interesada tampoco es exclusiva de Pekín. Aidan Gomez, CEO de la canadiense Cohere, llamó "un cártel con otro nombre" al impulso de los grandes laboratorios por frenar a la industria. Donald Trump usó el argumento al revés: el 14 de septiembre escribió en Truth Social que hay una "conspiración ENFERMA" contra la IA y los centros de datos, y que "el único que está feliz con eso es China".
Lo único concreto entre ambos gobiernos, como contamos, es un mecanismo de aviso de incidentes de IA que Bessent propuso el 20 de septiembre y que China no ha aceptado en público. Mientras el freno que se discute en Estados Unidos incluya cerrarle el paso a los chips chinos, Pekín tendrá a la mano un motivo para leer cada alarma sobre la IA como parte de la competencia.
