Jeff Bezos ha puesto unos 30,000 millones de dólares de su fortuna en Blue Origin desde que fundó la empresa en 2000, y 2,000 de ellos llegaron en la primera ronda con dinero externo de su historia, según The Wall Street Journal. Esa ronda reunió 10,000 millones y deja a la compañía espacial valuada en 140,000 millones. Las ventas van muy por detrás: Blue Origin espera ingresar alrededor de 1,400 millones de dólares en 2026, de modo que los inversionistas pagan unas 100 veces lo que la empresa prevé facturar este año. Todo descansa en una proyección interna que publica el diario: superar los 30,000 millones de ingresos anuales en 2030 y convertir sus cohetes en la base de un competidor de peso en la industria.
De 130,000 a 140,000 millones: la misma ronda, contada con el dinero adentro
La cifra que publica ahora el Journal no coincide con la que dominó los titulares de julio. Entonces, TechCrunch recogió un reporte de The New York Times que describía la ronda con una valuación de 130,000 millones de dólares antes del dinero nuevo, con unos 4,000 millones de Coatue Management, 2,000 de Bezos y el resto de otros grandes inversionistas.
Si esa lectura es la correcta, la cuenta cierra sola: 130,000 millones más los 10,000 que entraron dan los 140,000 millones de ahora. No todos los medios la contaron igual. Forbes presentó en julio los 130,000 millones como la valuación posterior a la ronda, y ninguna de esas piezas trajo un desglose confirmado por Blue Origin.
Un plan que exige más que duplicar los ingresos cada año
Según la reescritura de Investing.com sobre el reporte del Journal, Blue Origin ingresó unos 800 millones de dólares en 2025. Los 1,400 millones esperados para 2026 suponen un salto del 75%, pero la meta de 2030 pide otra escala: pasar de 1,400 a más de 30,000 millones equivale a multiplicar los ingresos por más de 21 en cuatro años, o algo más que duplicarlos cada año.
El dinero tendría que salir de varios frentes a la vez. Además de los lanzamientos, la empresa prepara TeraWave, la red de comunicaciones satelitales que anunció en enero y que todavía no opera, y TechCrunch sitúa entre sus apuestas los centros de datos en órbita.
Para llegar ahí, el director ejecutivo, Dave Limp, ha reordenado la plantilla de unas 15,000 personas con despidos focalizados y ha priorizado el desarrollo técnico y los contratos con la NASA, siempre según la misma reescritura.
El cohete principal sigue en tierra y el turismo, en pausa
Los dos productos más visibles de Blue Origin no están generando vuelos hoy. El 28 de mayo de 2026, un cohete New Glenn explotó durante una prueba de encendido estático en Cabo Cañaveral, antes de su cuarto lanzamiento, y dejó muy dañada la plataforma LC-36. Limp ha fijado como meta volver a volar antes de que termine 2026, de acuerdo con Space.com.
El turismo suborbital tampoco suma. El 30 de enero, la compañía anunció que detendría los vuelos de New Shepard durante al menos dos años para mover recursos a su programa lunar tripulado. Hasta esa pausa, la cápsula había completado 38 vuelos y llevado a 98 personas más allá de la línea de Kármán.
El dinero externo llega mientras la empresa sigue ampliando su infraestructura en tierra. En agosto anunció que su red terrestre Quartz, que da soporte a misiones orbitales y cislunares, pasaría de tres a nueve sitios antes de que termine el año.

La referencia que marca el listón se llama SpaceX
SpaceX salió a bolsa en junio con una valuación de 1.75 billones de dólares (1,750,000 millones) y una colocación de más de 85,000 millones, según TechCrunch. Blue Origin vale menos de una décima parte de eso y todavía no tiene su cohete orbital de vuelta en el aire.
Antes de 2030, los primeros datos que podrán contrastarse con esa valuación ya tienen fecha: el cierre de 2026 frente a los 1,400 millones esperados y el regreso de New Glenn, que Limp prometió para antes de fin de año.