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Los espermatozoides también cooperan: la evolución repitió la estrategia unas 45 veces

Un análisis de 621 especies rastrea una estrategia reproductiva surgida hace más de 450 millones de años.

por Patricia Rodriguez
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Foto de Diego Romero en Pexels

TL;DR:

  • Investigadores rastrearon la conjugación espermática en 621 especies de artrópodos y grupos emparentados.
  • La estrategia habría surgido hace entre 452.6 y 508.5 millones de años, con unas 45 ganancias y otras tantas pérdidas evolutivas.
  • El trabajo cambia la imagen de la fecundación como una carrera puramente individual, pero no probó tratamientos para la fertilidad humana.

La imagen de millones de espermatozoides compitiendo solos por llegar primero al óvulo cuenta apenas una parte de la historia. Un equipo de Syracuse University, la Universidad de Siena y la Universidad de Szeged reconstruyó la evolución de la conjugación espermática en 621 especies y encontró una estrategia antigua, extendida y repetidamente recuperada: en numerosos artrópodos, dos o más células se unen para desplazarse como grupo. El estudio, publicado en Nature Communications, sitúa su origen probable hace más de 450 millones de años. Sus resultados pertenecen a la biología evolutiva de artrópodos, no a un ensayo clínico sobre infertilidad humana.

Qué es la conjugación espermática y cómo se forman los grupos

La conjugación espermática ocurre cuando dos o más espermatozoides se adhieren físicamente dentro del aparato reproductor masculino. Cada especie forma esas unidades mediante adaptaciones morfológicas y secreciones propias.

La revisión encontró cinco configuraciones principales en los animales estudiados:

  • Algunas células viajan en parejas.
  • Otras quedan reunidas dentro de una envoltura común.
  • Hay espermatozoides que forman agregados de distintas dimensiones.
  • En los conjuntos llamados rouleaux, las cabezas se apilan en filas parecidas a platos.
  • En otros casos, las células se adhieren a un espermatostilo, una varilla especializada que organiza al grupo.

Muchas de estas asociaciones dependen del material asociado a los espermatozoides, abreviado SAM por su nombre en inglés. Es una sustancia extracelular rodeada por membrana que puede unir células, envolverlas o crear la estructura a la que se sujetan. En la base de datos del estudio no apareció ningún caso de conjugación sin SAM, una relación que llevó a los autores a examinarlo como posible antecedente de las formas cooperativas más complejas.

El siguiente video, publicado por Syracuse University junto con el estudio, muestra la conjugación en movimiento:

Un árbol de 621 especies lleva la estrategia al Cámbrico u Ordovícico

Los investigadores no observaron directamente cientos de millones de años de reproducción. Reunieron datos microscópicos publicados durante décadas para 611 especies y prepararon muestras nuevas de otras 10. La selección final incluyó 615 artrópodos y seis ecdisozoos externos al grupo para hacer la comparación evolutiva.

Después colocaron la presencia, ausencia y tipo de conjugación sobre un árbol filogenético calibrado con fósiles. El equipo utilizó BEAST 2.6.3 para estimar las edades de las ramas y realizó 1,000 reconstrucciones estocásticas de estados ancestrales. Ese método calcula qué escenario evolutivo encaja mejor con la distribución observada hoy; por eso las fechas y el número de transiciones son estimaciones, no un registro fósil de células blandas.

La reconstrucción produjo tres resultados centrales:

  • La primera aparición probable ocurrió en la rama que conduce a insectos y remipedios hace entre 452.6 y 508.5 millones de años, durante el Cámbrico u Ordovícico.
  • Los artrópodos y ecdisozoos relacionados habrían pasado cerca de dos tercios de su historia evolutiva con alguna forma de conjugación espermática.
  • La característica se perdió y volvió a surgir alrededor de 45 veces en cada dirección, señal de una historia dinámica y no de una innovación única conservada sin cambios.

El análisis también propone que el antepasado común de todos los insectos tenía espermatozoides conjugados. La línea de tiempo oficial del estudio permite seguir la aparición y desaparición del SAM y de los grupos celulares durante unos 600 millones de años.

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Las fechas de 452.6 a 508.5 millones de años, las cerca de 45 apariciones y las otras 45 pérdidas proceden de una reconstrucción filogenética calibrada con fósiles. Son estimaciones estadísticas, no observaciones directas.

La misma solución apareció en ramas muy alejadas

Que la conjugación se haya ganado, perdido y recuperado tantas veces apunta a evolución convergente: linajes alejados llegaron por separado a soluciones parecidas. Los autores compararon además las proteínas de los espermatostilos en chinches verdaderas y escarabajos, dos grupos que desarrollaron esas varillas de manera independiente. Encontraron el uso paralelo de un conjunto genético compartido, una pista de que la evolución reutilizó herramientas moleculares antiguas para construir estructuras semejantes.

"Los espermatozoides son el tipo de célula que evoluciona con mayor rapidez", explicó Scott Pitnick, autor sénior del estudio y profesor de biología en Syracuse University.

Esa velocidad de cambio tiene un escenario concreto. Tras abandonar el cuerpo masculino, las células deben moverse, conservarse y funcionar dentro del ambiente físico y químico del tracto reproductor femenino. Una asociación podría mejorar la dirección del movimiento, proteger a las células o transportar moléculas a un sitio específico. Son explicaciones plausibles, pero el análisis comparativo no determinó una ventaja universal.

Ahí está el siguiente problema experimental. El comportamiento de los espermatozoides sobre vidrio o en líquidos de laboratorio puede diferir del que muestran dentro de un organismo vivo. El equipo quiere observar estos grupos en el tracto reproductor y medir qué ganan, qué sacrifican y por qué algunas ramas abandonaron la cooperación después de conservarla durante millones de años.

Fertilidad humana y control de plagas siguen en terreno hipotético

El hallazgo obliga a ampliar la manera de estudiar la fecundación animal: contar células o medir cuál nada más rápido puede dejar fuera las interacciones entre el esperma, las estructuras del eyaculado y el tracto femenino. Eso no convierte el trabajo en una solución médica. No participaron personas, pacientes ni embriones humanos, y los autores no probaron una terapia para la infertilidad.

La aplicación más concreta que plantea el equipo tampoco está lista. La mosca linterna manchada (Lycorma delicatula), una plaga invasora que afecta cultivos y árboles en el este de Estados Unidos, presenta una rareza: sus espermatozoides no forman grupos, pero cada célula está encerrada en una capa gruesa de SAM. Los científicos todavía desconocen cómo logran moverse dentro de ese material.

Si esa cubierta resulta indispensable para reproducirse, interferir con ella podría servir algún día para controlar la especie de forma dirigida. Por ahora es una línea de investigación. No existe en el estudio una técnica probada en campo, una evaluación de seguridad ni evidencia de que el método sustituya a los controles agrícolas disponibles.

El aporte inmediato es más básico y también más firme. La fecundación de numerosos artrópodos combina competencia entre células con estructuras colectivas que la evolución ha armado y desarmado durante casi 500 millones de años. La supuesta carrera individual, vista bajo el microscopio y sobre un árbol evolutivo, resulta bastante más concurrida.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Solo puedo decir que soy una apasionada con todo lo que tiene que ver con el mundo Digital me encanta todo lo que es escritura, IA, Ediciones de Video Reels y más. Me considero una persona "DIVERGENTE"

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