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Las grandes acereras europeas advierten que el ETS amenaza con costar 5 millones de empleos

Tres acereras piden pausar los costos del ETS y advierten de hasta 5 millones de empleos en riesgo en la UE.

por Ricardo Perez
Las grandes acereras europeas advierten que el ETS amenaza con costar 5 millones de empleos

TL;DR:

  • ArcelorMittal, thyssenkrupp Steel y voestalpine —cerca del 60% de la producción siderúrgica integrada de Europa— pidieron el 17 de junio una pausa en los costos del mercado de carbono de la UE.
  • Estiman que, sin reforma, fabricar acero en la UE costaría alrededor de 50% más a inicios de la década de 2030 y la manufactura intensiva en acero caería entre 30% y 40%.
  • Portugal pidió por separado congelar los recortes a los derechos gratuitos; la Comisión Europea presentará su revisión del ETS el 15 de julio.

Tres de las mayores siderúrgicas de EuropaArcelorMittal, thyssenkrupp Steel y voestalpine— lanzaron el martes 17 de junio una advertencia conjunta: el mercado de carbono de la Unión Europea, tal como funciona hoy, amenaza con vaciar la base industrial del continente. Juntas suman cerca del 60% de la producción siderúrgica integrada de la UE. Su cálculo es duro: sin reforma, fabricar acero en Europa costaría alrededor de 50% más a inicios de la década de 2030, la manufactura intensiva en acero caería entre 30% y 40% y hasta 5 millones de empleos quedarían en riesgo en toda la cadena de valor. Por eso piden frenar temporalmente la escalada de costos. El mismo día, Portugal pidió a Bruselas pausar los recortes a los derechos de emisión gratuitos antes de la revisión del sistema prevista para el 15 de julio.

El Sistema de Comercio de Emisiones (ETS) es el mercado de carbono de la UE: obliga a las empresas a pagar por cada tonelada de CO2 que emiten y va recortando poco a poco el número de permisos disponibles, de modo que contaminar se encarece con el tiempo.

a large piece of metal being poured into a container
Photo by Morteza Mohammadi / Unsplash

Las acereras piden congelar los costos hasta que existan alternativas

El argumento de fondo no es contra la descarbonización, sino contra el calendario. Las tres compañías reconocen que el ETS funcionó en el sector eléctrico —ahí las emisiones bajaron cerca de 49% entre 2005 y 2023—, pero sostienen que para industrias intensivas en energía como el acero todavía no hay un camino viable. Faltan, dicen, las piezas que harían rentable el cambio: electricidad a precio competitivo, hidrógeno verde asequible, captura y almacenamiento de carbono y mercados que paguen un sobreprecio por el acero bajo en emisiones.

El pedido conjunto se concreta en tres puntos:

  • Una pausa temporal en la escalada de costos del ETS, manteniendo el nivel actual hasta que estén disponibles esos habilitantes de una descarbonización económicamente viable.
  • Un marco que respalde a quienes se adelantan, para que los proyectos tempranos avancen con certeza, y que dirija los ingresos del ETS hacia la descarbonización industrial.
  • Un enfoque equilibrado entre importaciones y exportaciones, que corrija los efectos no deseados del sistema actual.

Marie Jaroni, CEO de thyssenkrupp Steel, lo planteó sin rodeos:

"El ETS necesita un baño de realidad. No refleja el estado actual de la industria europea, donde competitividad y transformación son cada vez más difíciles de conciliar. Por eso necesitamos una pausa en los costos del ETS para resguardar la transformación y garantizar que quienes damos el primer paso, como nosotros, no quedemos en desventaja."

Las cifras son estimaciones de la propia industria

Aquí conviene encender una luz amarilla. Los números más llamativos —el 50% de aumento, la caída de 30% a 40% en la manufactura y los 5 millones de empleos— no salen de Bruselas ni de un organismo independiente: son proyecciones de las tres acereras, expuestas en su comunicado conjunto y en un artículo que el presidente ejecutivo de ArcelorMittal, Lakshmi Mittal, publicó en el Financial Times. Son un escenario de riesgo, no una guía oficial.

Eso no las vuelve irrelevantes. El reclamo apunta a un desequilibrio real: las importaciones de productos intensivos en acero no pagan un costo de carbono equivalente, y las exportaciones europeas no reciben ningún reembolso para recuperarlo. La industria sostiene que esa combinación, sumada al retiro de los permisos gratuitos, le quita oxígeno justo cuando más capital necesita para invertir.

Herbert Eibensteiner, CEO de voestalpine, puso el dedo en esa herida:

"En un entorno económico difícil, la eliminación gradual de la asignación gratuita ya está desviando recursos financieros que se necesitan para la fase decisiva de la transformación."

Los derechos gratuitos, recordemos, son alrededor del 40% de los permisos que el ETS emite cada año. Tras la reforma de 2023 empezaron a recortarse y, según el calendario vigente, pasarían del 90% de las emisiones cubiertas en 2028 a cero hacia 2034.

Portugal abre otro frente: cerámica, vidrio y cemento

El acero no está solo. El mismo 17 de junio, Portugal pidió a la Comisión Europea congelar de forma temporal los volúmenes previos de derechos gratuitos hasta que termine la revisión del 15 de julio. Su ministra de Energía, Maria da Graça Carvalho, advirtió que los recortes llegan en un momento especialmente delicado para las industrias intensivas en energía, golpeadas por los altos precios de la electricidad y la competencia internacional.

Lisboa puso el foco en tres sectores: cerámica, vidrio y cemento. La Asociación Europea de la Industria Cerámica (CERAME-UNIE) calcula que los cambios propuestos dispararían los costos de carbono en más de 500 millones de euros en 2026 frente a 2025, y en 2.500 millones acumulados entre 2026 y 2030. El sector ya venía cuesta abajo: producción cayendo cerca de 30%, balanza comercial encogida más de 50% y empleo a la baja en torno al 10%.

No es un detalle lejano para el lector hispanohablante. La cerámica es columna vertebral de la economía de Castellón, en España, y de buena parte de la industria portuguesa; el acero, el vidrio y el cemento ibéricos están en la misma lista de expuestos. Lo que se decida en Bruselas se sentirá en esos polígonos.

La presión política no es nueva. En marzo, diez gobiernos de la UE —entre ellos Polonia, Austria, Bélgica, Bulgaria, Italia y Eslovaquia— enviaron una carta a la Comisión calificando la regulación del carbono como un riesgo existencial para la industria. El primer ministro polaco, Donald Tusk, encabezó esa ofensiva. Y los líderes europeos ya habían pedido formalmente que la revisión del ETS llegara antes de julio de 2026.

Qué prepara Bruselas para el 15 de julio

La Comisión no llega con las manos vacías. Según un documento interno filtrado el 10 de junio y reportado por Reuters, el borrador extendería las asignaciones gratuitas, pero atándolas a una condición nueva: invertir en descarbonización dentro de la UE. Quien meta capital en limpiar sus fábricas conserva permisos gratis; quien no, paga el costo completo en el mercado.

El paquete incluiría además un fondo de unos 30.000 millones de euros —bautizado como ETS Investment Booster— financiado con la venta de 400 millones de derechos de emisión, según Bloomberg. Ese instrumento se integraría en un Banco de Descarbonización Industrial de la UE pensado para movilizar hasta 100.000 millones de euros.

Para dimensionar la pelea: a inicios de junio el carbono se negociaba alrededor de 79 euros por tonelada, y Bruselas estima que ese costo representa cerca del 11% del precio de la electricidad en promedio, una cifra que supera el 20% en países con matrices más contaminantes como Polonia. Una vez presentada, la propuesta deberá pasar por el Parlamento Europeo y el Consejo, un proceso legislativo que suele estirarse hasta dos años. Es decir, la negociación apenas empieza.

No todos quieren frenar el precio del carbono

Falta la otra mitad de la historia, la que muchas coberturas dejan fuera. Un grupo de grandes inversionistas —entre ellos Allianz, Legal & General, Nordea y el fondo de pensiones de la Iglesia de Inglaterra— sostiene lo contrario: debilitar el precio del carbono no arregla el problema de competitividad. Para ellos, las verdaderas trabas son los altos precios de la electricidad, la lentitud para ampliar las redes eléctricas y el acceso limitado a energía limpia barata. Un mercado de carbono estable, argumentan, es justo lo que canaliza la inversión privada hacia tecnologías bajas en emisiones.

Esa voz pesa porque llega con calendario propio: los inversionistas difundieron su mensaje de cara a la cumbre del Consejo Europeo del 18 y 19 de junio, donde los líderes discuten precisamente el precio del carbono. La reforma, entonces, no enfrenta solo a la industria contra Bruselas, sino a dos visiones sobre cómo competir sin tirar por la borda el clima.

Mittal resumió la disyuntiva desde la vereda de las acereras:

"La elección no es entre ambición climática y competitividad. Es entre una estrategia climática que fortalece la resiliencia y la seguridad económica de Europa, y otra que la vacía por dentro."

El 15 de julio arranca una negociación que puede estirarse hasta 2027. De cómo quede el ETS dependerá si la industria europea —del acero alemán y austriaco a la cerámica de Castellón y el cemento ibérico— logra descarbonizarse sin perder el piso, o si el costo del carbono termina empujando fábricas y empleos fuera del continente.

Fuentes: 1, 2, 3

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