TL;DR:
- La NASA vuela un ER-2, versión científica del avión espía U-2, sobre incendios del occidente de Norteamérica para medir las tormentas que el propio fuego genera.
- La misión INSPYRE la dirige el Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos, coordina a más de 100 científicos y dura cinco años: dos de vuelos y tres de análisis.
- Ningún modelo operativo de pronóstico incorpora hoy el humo que estas tormentas inyectan en la estratosfera.
Un ER-2 de la NASA, la versión científica del avión espía U-2, lleva desde julio sobrevolando incendios del occidente de Norteamérica para medir las tormentas que el propio fuego fabrica. El 8 de agosto voló más de seis horas desde Great Falls, Montana, con más de una docena de pasadas sobre el interior sur de Columbia Británica y cerca de cuatro horas a 60,000 pies, unos 18,300 metros, sobre la zona del incendio Pear Lake, según el rastreo de Flightradar24 que difundió The Canadian Press. La campaña se llama INSPYRE y la dirige el Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos. Su objeto de estudio es el pirocumulonimbo: la tormenta eléctrica que nace del calor de un incendio, dispara rayos capaces de encender fuegos nuevos y empuja humo hasta la estratosfera. La NASA lo llama el dragón de las nubes que escupe fuego.
El ER-2 mide desde arriba y un Gulfstream V atraviesa la nube
El diseño de la campaña reparte el trabajo entre dos aviones. El ER-2 orbita por encima de la tormenta, a unos 65,000 pies, con instrumentos de teledetección: radares que estiman el tamaño de la columna, la altura que alcanza y el movimiento del aire dentro, además de sensores de actividad eléctrica. David Peterson, el meteorólogo del laboratorio naval que dirige la misión, lo describió ante CNN como «un satélite que se puede dirigir», con la ventaja de que puede ir y venir sobre el mismo incendio.
Dentro de la nube vuela un Gulfstream V operado por la Fundación Nacional de Ciencias y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Estados Unidos, cargado con instrumentación que toma muestras del aire en el sitio. Un tercer frente en tierra despliega radar y lidar móviles cerca de los incendios activos. Los datos de los tres se leen juntos: lo que el avión de adentro mide sirve para calibrar lo que los radares de arriba ven.
Uno de los instrumentos del ER-2 no mide humo, sino rayos gamma. Se llama iSTORM, lo construyó la División de Ciencias del Espacio del laboratorio naval y busca los destellos terrestres asociados a la actividad eléctrica. Es la primera vez que se intenta esa medición justo encima de pirocumulonimbos activos. Peterson explicó al anunciarse la misión que unas de estas tormentas producen mucho rayo y otras casi ninguno, que el rayo enciende incendios nuevos y que todavía no se sabe qué provoca esa diferencia.

El hueco de pronóstico que la misión quiere tapar
Los sistemas operativos que pronostican hacia dónde va el humo de un incendio no contemplan el caso en que ese humo sube diez o quince kilómetros y se instala en la frontera entre la troposfera y la estratosfera. Para ese escenario no hay parametrización disponible. «Eso crea un hueco de pronóstico», resumió Peterson en el comunicado del laboratorio naval, que enmarca el problema en términos de aviación, visibilidad y sistemas ópticos militares: una capa de humo a esa altura puede recorrer miles de kilómetros a favor del viento en cuestión de días y hoy nadie la tiene cartografiada en tiempo real.
Hasta antes de esta campaña, según la revista Nature, los científicos solo habían recogido una muestra de humo fresco en la estratosfera por encima de un pirocumulonimbo. Lo demás venía de aviones de investigación que volaban por otros motivos y hacían, en palabras del propio Peterson, pruebas de olfateo. Nature situó el cierre de la temporada de vuelos de este año el 10 de septiembre, con más trabajo de campo previsto para 2027.
INSPYRE se financia con el programa Earth Ventures de la NASA y se extiende cinco años: dos de despliegues en campo y tres de análisis y publicación. El laboratorio naval coordina a más de 100 científicos de agencias federales, universidades y centros de investigación, con la Universidad de Nevada en Reno entre los socios. El ER-2 opera desde Great Falls y el cuartel general científico está en Colorado. El calendario diario de la misión se publica en el sitio de la NASA.
Europa apenas figura en el registro mundial
Peterson firmó en septiembre de 2025, en la revista npj Climate and Atmospheric Science del grupo Nature, el primer inventario plurianual de la actividad conocida en todo el mundo: 761 pirocumulonimbos confirmados entre 2013 y 2023. La tabla compara las cuatro regiones con más actividad registrada y cuántos de sus eventos inyectaron humo directamente en la estratosfera.
| Región | PyroCb confirmados, 2013-2023 | Inyecciones directas a la estratosfera |
|---|---|---|
| Canadá | 350 | 28 |
| EE. UU. continental | 183 | 14 |
| Asia del Norte | 115 | 14 |
| Australia | 76 | 12 |
Alaska sumó 18 eventos en esos once años. Fuera de las cinco regiones marcadas quedaron apenas 19, repartidos sobre todo entre Europa, África y Sudamérica. De las 69 inyecciones directas a la estratosfera del periodo, 68 ocurrieron en las cuatro regiones de la tabla. El inventario tampoco registró actividad en Europa del Este, y el algoritmo de detección del laboratorio naval se extendió en años recientes a los satélites Meteosat justamente para vigilar Europa y África.
France 24 reportó el 29 de julio que Francia había visto su primer pirocumulonimbo durante los incendios del suroeste del país, en una temporada con 116,000 hectáreas quemadas, casi el doble del récord anterior de 2022, mientras España acumulaba 207,000 hectáreas hasta julio, seis veces la superficie del mismo periodo del año previo. Antes de este verano, según ese reporte, el fenómeno solo se había documentado por incendios en Norteamérica, Australia y los países ibéricos.
El humo puede quedarse más de un año en la estratosfera
Las consecuencias no terminan cuando el fuego se apaga. La NASA describe columnas de humo de escala volcánica que rodean el planeta, permanecen más de un año en la estratosfera, alteran la circulación de esa capa, extienden la duración y el tamaño del agujero de ozono antártico y modifican el balance de radiación de la Tierra. El inventario pone cifra a esa comparación: la masa de aerosol que toda la actividad pirocumulonimbo inyecta cada año en la alta troposfera y la baja estratosfera equivale a la de una erupción volcánica moderada.
La mayoría de estas tormentas, sin embargo, no llegan tan alto. De los 756 eventos con datos de altitud, 414 inyectaron humo dentro del kilómetro alrededor de la tropopausa o por encima, y solo 69 lo hicieron más de un kilómetro dentro de la estratosfera. Los 342 restantes se quedaron en la troposfera, lo cual no los vuelve inofensivos: el incendio Carr de 2018 y el Loyalton de 2020, ambos en California, no alcanzaron la estratosfera y aun así generaron vórtices tornádicos de fuego.
De aquí al 10 de septiembre, cada vuelo del ER-2 sobre un incendio de Montana o de Columbia Británica agrega mediciones a un registro que hasta ahora se construyó sobre todo con observación remota, mirando estas tormentas por fuera.