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La inflación de la eurozona sube a 3,2% en mayo y lleva al BCE a su primera alza de tasas desde 2023

La inflación de la eurozona llegó a 3,2% en mayo por la energía; el BCE subió tasas por primera vez desde 2023.

por Ricardo Perez
La inflación de la eurozona sube a 3,2% en mayo y lleva al BCE a su primera alza de tasas desde 2023

TL;DR:

  • La inflación anual de la eurozona subió a 3,2% en mayo, su nivel más alto desde septiembre de 2023, impulsada por la energía y los servicios.
  • El BCE elevó sus tres tasas clave 25 puntos base el 11 de junio —la tasa de depósito llegó a 2,25%—, su primera subida desde 2023.
  • Días después, un acuerdo entre EE. UU. e Irán para reabrir el estrecho de Ormuz hundió el petróleo y abrió dudas sobre la presión energética futura.

La inflación de la eurozona se aceleró hasta 3,2% interanual en mayo, su nivel más alto desde septiembre de 2023, según los datos confirmados por Eurostat. El motor fue una factura energética disparada por la guerra en Oriente Medio, que dejó los precios muy por encima del objetivo de 2% del Banco Central Europeo. Y el organismo ya había reaccionado: el 11 de junio, el BCE subió sus tres tasas clave en 25 puntos base —su primera alza desde 2023— y llevó la tasa de depósito a 2,25%. La decisión entra en vigor este 17 de junio y convierte al banco en el primer gran emisor mundial en responder al shock energético endureciendo su política. Pero el tablero cambió rápido: pocos días después, un acuerdo entre Estados Unidos e Irán para reabrir el estrecho de Ormuz hundió el precio del petróleo.

La energía sube más, pero los servicios pesan más

La foto de mayo tiene dos protagonistas. Los precios de la energía registraron la mayor tasa anual de toda la canasta —alrededor de 10,8%—, presionados por el encarecimiento del crudo tras el estallido del conflicto. Los servicios, en cambio, subieron 3,5% (desde 3,0% en abril), un ritmo menor pero con un peso mucho mayor en el gasto de los hogares. Por eso aportaron 1,61 puntos porcentuales al dato general, la contribución más alta; la energía sumó 0,98 puntos.

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Photo by Fredrick F. / Unsplash

Hay una señal que inquieta más que el titular: la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, se aceleró a 2,5% desde 2,2%. Cuando las presiones empiezan a filtrarse hacia los servicios y los bienes, el problema deja de ser solo el petróleo y se vuelve más difícil de domar. En el conjunto de la Unión Europea la tasa llegó a 3,3% (desde 3,2%), y entre abril y mayo la inflación bajó en 11 países y subió en 16. Los extremos del bloc fueron muy marcados:

  • Rumanía: 9,7% (la más alta de la UE)
  • Bulgaria: 6,3%
  • Lituania: 5,1%
  • Suecia: 1,1% (la más baja)
  • Dinamarca y República Checa: 1,8%

El BCE rompió con dos años y medio de recortes

El giro del banco central no fue menor. La tasa de depósito había estado en 2,00% desde junio de 2025, tras ocho recortes consecutivos entre 2024 y 2025. La subida del 11 de junio —que lleva las tres tasas a 2,25%, 2,40% y 2,65%— es la primera desde que terminó el ciclo de endurecimiento en septiembre de 2023, cuando el tipo de referencia tocó su pico de 4,0%.

En su comunicado, el Consejo de Gobierno fue directo sobre el porqué:

La guerra en Oriente Medio está generando presiones inflacionarias, y la decisión de subir las tasas es robusta en distintos escenarios sobre cómo podría evolucionar el shock y afectar las perspectivas de inflación a mediano plazo de la zona euro.

El propio banco revisó al alza su pronóstico de inflación —3,0% en 2026 y 2,3% en 2027— y a la baja el de crecimiento, hasta apenas 0,8% este año. La economía del bloc casi no se movió en el primer trimestre, lo que alimentó las advertencias de estanflación: poco crecimiento y precios altos a la vez. Para Mark Wall, economista jefe para Europa de Deutsche Bank, lo relevante es el precedente: es la primera vez que uno de los grandes bancos centrales del mundo sube tasas como respuesta directa al shock energético. El BCE, eso sí, aclaró que no se compromete con una trayectoria fija; los mercados ya descuentan otra posible alza en septiembre.

Italia toca máximos de 32 meses; Alemania rompe la tendencia

Entre las grandes economías, el contraste fue claro. En Italia, la inflación anual escaló a 3,2% en mayo (desde 2,7%), su nivel más alto en 32 meses, según ISTAT. El golpe vino de la energía no regulada, que se disparó 12,5% interanual, y de la regulada, que subió 5,6%. El índice armonizado que se usa para comparar dentro de la UE quedó en 3,2%, revisado ligeramente a la baja desde un primer cálculo de 3,3%.

Alemania rompió la tendencia entre las grandes economías del euro. Su inflación armonizada bajó a 2,7% (desde 2,9% en abril) gracias a un recorte temporal del impuesto sobre gasolina y diésel que entró en vigor el 1 de mayo. La oficina estadística Destatis lo dijo sin rodeos: la energía siguió cara por la guerra, pero la rebaja fiscal frenó la escalada. Es un alivio con fecha de caducidad: la medida dura solo dos meses.

El acuerdo con Irán cambia el cálculo energético

Aquí está el giro que el BCE no tenía sobre la mesa el 11 de junio. Días después, Estados Unidos e Irán anunciaron un acuerdo marco para poner fin a la guerra —iniciada el 28 de febrero— y reabrir el estrecho de Ormuz, por donde pasaba cerca del 20% del petróleo mundial antes del conflicto. La reacción fue inmediata: el Brent cayó alrededor de 4% hasta unos 83 dólares por barril, su nivel más bajo desde principios de marzo, según datos de mercado recogidos por CNN. Aun así, el crudo sigue más de 40% por encima de donde empezó el año.

El contexto explica por qué la energía pesó tanto. En abril, el Banco Mundial proyectó que los precios energéticos subirían 24% en 2026, el mayor salto desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, con el cierre de Ormuz —que mueve cerca del 35% del crudo transportado por mar— como detonante. Si la reapertura se sostiene, esa proyección podría quedarse corta por el lado contrario. Pero el pacto es apenas un marco, no un tratado cerrado: la industria naviera sigue cautelosa y quedan 60 días de negociación nuclear por delante.

Para los hogares de la zona euro, la subida del BCE se traduce en crédito más caro justo cuando el poder de compra ya venía golpeado. En España, donde buena parte de las hipotecas son variables y siguen al euríbor, el encarecimiento se siente de inmediato. Y para el resto del mundo —incluidos los mercados latinoamericanos que vigilan al petróleo y a los grandes bancos centrales— el episodio deja una lección incómoda: un conflicto a miles de kilómetros puede reescribir la inflación en cuestión de semanas, y una tregua frágil puede volver a hacerlo en sentido contrario.

Fuentes: 1, 2, 3

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