El oro rebota hacia los $4,350 tras el acuerdo EE. UU.-Irán, pero la recuperación sigue frágil
La caída del petróleo tras la tregua con Irán reanima a oro y plata, pero las alzas de la Fed frenan el rebote.
TL;DR:
- El oro al contado subió más de 3% el 15 de junio, hasta cerca de $4,350 la onza, y la plata volvió a superar los $70, después de que el pacto EE. UU.-Irán hundiera el petróleo por debajo de $80.
- El rebote llega tras una fuerte corrección: el oro cayó cerca de 25% desde su récord de enero hasta un mínimo de seis meses de $4,022, presionado por la inflación energética y las apuestas de alzas de la Fed.
- La recuperación sigue incompleta —el oro cotiza bajo su promedio de 200 días— y depende de que el acuerdo se firme el viernes en Ginebra y de la política del nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh.
El oro y la plata repuntaron esta semana después de que Estados Unidos e Irán anunciaran un acuerdo para terminar la guerra y reabrir el Estrecho de Ormuz, una noticia que hundió el precio del petróleo y alivió los temores de inflación que venían castigando a los metales. El oro al contado subió más de 3% el lunes 15 de junio, hasta cerca de $4,350 la onza —su mejor sesión desde principios de febrero, según Kitco—, mientras la plata volvió a cruzar los $70. Lejos de ser un refugio activado por el miedo, el rebote responde a un cálculo distinto: con el crudo por debajo de $80 el barril, el mercado descuenta menos presión inflacionaria y, por lo tanto, menos urgencia de la Reserva Federal para subir tasas. Aun así, la recuperación arranca desde un mínimo profundo y todavía no está confirmada.
Para entender el movimiento hay que mirar de dónde viene. El oro tocó un récord en enero —alrededor de $5,595 al contado, según Reuters— y desde ahí se desplomó cerca de 25%, hasta un mínimo de seis meses de $4,022 el jueves 11 de junio. El detonante no fue la geopolítica en sí, sino sus efectos: la guerra con Irán disparó el petróleo, encareció la energía y reavivó las apuestas de que la Fed tendría que subir tasas, lo que fortaleció al dólar y le restó atractivo al metal como cobertura. El oro cayó por debajo de su promedio móvil de 200 días por primera vez en dos años y medio. Adrian Ash, director de investigación de la firma BullionVault, resumió el cambio de lectura entre los analistas:
"Mientras los analistas estaban obsesionados con el nuevo desorden mundial de Trump, ahora parece que las enormes ganancias del año pasado se debieron en buena parte a las expectativas de recortes de tasas."
La caída del petróleo, no el miedo, encendió el rebote
El acuerdo le quitó combustible justo a ese mecanismo. Al pactar la reapertura del Estrecho de Ormuz —por donde pasaba cerca del 20% del crudo mundial antes de que la vía quedara prácticamente cerrada—, la noticia empujó al petróleo por debajo de $80 y enfrió las expectativas de inflación. Eso devuelve oxígeno a los metales: menos inflación significa menos presión sobre la Fed para endurecer su política.
El telón de fondo, sin embargo, sigue tenso. El Índice de Precios al Consumidor de mayo subió 4,2% interanual, y la energía explicó más del 60% del alza mensual, según la Oficina de Estadísticas Laborales; solo la gasolina acumula un avance de más de 40% en el año. Con ese dato y un nuevo presidente al frente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, de perfil más restrictivo, los mercados todavía descuentan alzas de tasas antes de que termine 2026. Aakash Doshi, jefe de estrategia de oro y metales en State Street Investment Management, había anticipado a Reuters que el oro tenía margen para rebotar si el conflicto en Oriente Medio se calmaba y el petróleo bajaba hacia los $80. Es exactamente lo que pasó.
El rebote se apoya en un acuerdo que todavía no está firmado
Aquí está el principal riesgo para la recuperación. Lo que firmaron Washington y Teherán es un memorando de entendimiento, no un tratado de paz definitivo: fija una tregua de 60 días para negociar los temas de fondo —empezando por el programa nuclear iraní— y la rúbrica formal está prevista para el viernes 19 de junio en Ginebra. El propio presidente Donald Trump enfrió las expectativas el miércoles, durante la cumbre del G7 en Évian-les-Bains, Francia:
"No, no es definitivo. Es un memorando de entendimiento, y si no me gusta, si no se comportan, volveremos directo a lanzar bombas justo en medio de su cabeza. ¿De acuerdo? Porque llevan 47 años portándose mal."
El texto completo del acuerdo aún no se ha publicado de forma oficial. Y hay un frente abierto que amenaza el marco: Irán puso como condición el fin de los combates en el Líbano, pero su ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, advirtió que la presencia continuada de tropas israelíes en el sur libanés violaría el pacto. El gabinete israelí respondió que sus fuerzas se quedarán, y los ataques no han parado. Cualquier traspié en la firma del viernes podría devolver al oro a la zona de $4,000, según operadores citados por Kitco.
Los fundamentos de largo plazo siguen del lado de los metales
Más allá del vaivén de las últimas semanas, el caso estructural de oro y plata no se ha movido. Tres pilares lo sostienen:
- Compra de bancos centrales. Las instituciones oficiales sumaron unas 244 toneladas netas de oro en el primer trimestre, un alza de 3% interanual, según el Consejo Mundial del Oro. El dato, eso sí, esconde matices: las compras reportadas fueron de apenas 16 toneladas, Turquía vendió 60 toneladas en marzo y China cargó con el grueso de la demanda, con importaciones netas cercanas a 317 toneladas, de acuerdo con J.P. Morgan. La cifra de 244 toneladas incluye flujos no reportados que el Consejo estima a partir del mercado de Londres y las refinerías suizas.
- Déficit estructural de la plata. El mercado mundial encara su sexto año consecutivo de déficit de oferta en 2026, con un faltante proyectado de 46,3 millones de onzas, 15% mayor que en 2025, según el Instituto de la Plata y Metals Focus. Se espera que la oferta total caiga alrededor de 2%, con la producción minera estancada y el reciclaje a la baja.
- Demanda física resiliente. Pese a los precios altos, la inversión en monedas y lingotes se mantiene firme, sobre todo en Asia, lo que pone un piso a ambos metales.
La plata arrastra además su propia historia de volatilidad: tras marcar un récord de $121,62 la onza el 29 de enero, se desplomó casi 40% —un tramo del ajuste llegó justo después del nombramiento de un presidente de la Fed de perfil duro—, aunque sigue muy por encima de donde cotizaba hace un año. El lunes, los futuros de julio abrieron en $68,90 y avanzaron hasta $70,75 en las primeras operaciones, según Yahoo Finance.
J.P. Morgan sigue viendo $6,000, pero advierte el riesgo
Las proyecciones de largo plazo siguen apuntando alto. El equipo de análisis de J.P. Morgan mantiene un objetivo cercano a los $6,000 la onza para el cierre de 2026 —una meta que, de hecho, recortó frente a su pronóstico anterior— y ve posible los $6,300 en 2027. Pero Greg Shearer, responsable de metales base y preciosos del banco, marcó con claridad cuál es el escenario que tumbaría esa visión:
"El riesgo bajista más significativo para nuestra visión es un escenario macro en el que el crecimiento y el empleo de EE. UU. se mantengan sólidos pero la inflación siga acelerándose, consolidando un ciclo de alzas de la Fed este año."
Es, esencialmente, la tensión que el mercado vive en este momento.
Para el ahorrador que ve en el oro y la plata un refugio frente a la incertidumbre, el mensaje de esta semana es incómodo: el rumbo de los metales ya no se juega tanto en el campo de batalla como en la mesa de la Reserva Federal y en una firma que todavía no ocurre. El rebote es real. Falta ver si aguanta.