TL;DR:
- China redujo drásticamente sus compras de crudo importado usando sus reservas domésticas, lo que alivió la presión sobre los precios globales tras el estallido del conflicto con Irán.
- Las reservas mundiales de de emergencia y el inventario chino se están agotando rápidamente, lo que deja al mercado sin margen de maniobra.
- Goldman Sachs proyecta que el Brent superará los 110 dólares por barril si persisten las tensiones en el estrecho de Ormuz y Pekín vuelve a comprar a gran escala.
Goldman Sachs emitió una advertencia contundente para los mercados globales: el barril de crudo Brent podría dispararse por encima de los 110 dólares si persisten los bloqueos en el estrecho de Ormuz y China se ve obligada a retomar la compra masiva de petróleo para reconstruir sus inventarios. Durante casi cinco meses, el repliegue temporal de Pekín en los mercados internacionales actuó como una válvula de escape inesperada que contuvo el impacto del conflicto armado con Irán. Sin embargo, ese colchón de seguridad se está desvaneciendo. Con las reservas estratégicas globales en mínimos debido a las liberaciones de emergencia de Estados Unidos y la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el mercado petrolero entra en una fase de extrema vulnerabilidad donde cualquier chispa geopolítica impactará de inmediato en el bolsillo del consumidor global.


El repliegue invisible de Pekín que frenó la crisis
Desde que estalló la guerra con Irán a finales de febrero de 2026, China implementó una estrategia silenciosa: cerró parcialmente el grifo de sus importaciones de crudo. En lugar de competir por los cargamentos internacionales en medio de la escalada bélica, Pekín recortó sus importaciones en aproximadamente 4 millones de barriles diarios en comparación con sus niveles previos al conflicto. Para cubrir esa enorme brecha, el gigante asiático comenzó a consumir sus propios inventarios nacionales, estimados entre 1,200 y 1,400 millones de barriles a finales de 2025.
Esta retirada masiva alivió la presión sobre el mercado global. Según datos de aduanas, las importaciones chinas en junio registraron una caída interanual del 41.3%, situándose en apenas 7.12 millones de barriles diarios, su nivel más bajo en casi una década. Reuters reportó que desde abril de 2026, el promedio de importaciones de China ha sido de solo 8 millones de barriles por día, muy por debajo de su promedio de cinco años de 11.5 millones.
Este recorte involuntario, que representa cerca del 3.5% de la demanda mundial de crudo, liberó cargamentos para otros importadores y permitió que el crudo Brent cayera desde su pico de casi 126 dólares en abril hasta niveles inferiores a los registrados antes de la guerra. Sin embargo, los analistas coinciden en que este alivio temporal tiene fecha de caducidad.
Las reservas occidentales se quedan sin margen de maniobra
El amortiguador chino no fue el único factor que contuvo los precios. Para estabilizar el mercado, la AIE coordinó una liberación histórica de aproximadamente 400 millones de barriles de las reservas de emergencia de sus países miembros, mientras que Estados Unidos inyectó al mercado otros 133 millones de barriles provenientes de su Reserva Estratégica de Petróleo.
El problema es que estos cartuchos ya se quemaron. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que gran parte de ese margen de seguridad se ha agotado por completo. Las estimaciones de las consultoras energéticas apuntan a un escenario sumamente ajustado para la segunda mitad de 2026.
Un análisis de la Brookings Institution publicado en mayo ya anticipaba la gravedad de este momento de transición, señalando los límites de la estrategia de contención:
"Para mediados de julio, el alcance total de los amortiguadores temporales se habrá agotado, dejando un ajuste de mercado global de 7.1 millones de barriles diarios que deberá ser absorbido".
Un estrecho de Ormuz bajo fuego y la vuelta de China al mercado
La advertencia de Goldman Sachs llega en un momento de máxima tensión militar. La tregua alcanzada el mes pasado se desmoronó tras una semana de escalada armada entre Estados Unidos e Irán, que incluyó seis noches consecutivas de bombardeos estadounidenses y nuevas amenazas directas contra el tráfico de buques tanque en el estrecho de Ormuz.
Por este paso marítimo transita una quinta parte del suministro mundial de petróleo, y cualquier cierre prolongado obligará a los mercados a recalcular sus rutas a un costo prohibitivo.
Para Goldman Sachs, la coincidencia de tres factores dibuja un panorama alcista difícil de esquivar: * El estrangulamiento del tráfico marítimo en Ormuz. * El agotamiento de las reservas estratégicas occidentales. * La necesidad inevitable de China de volver a comprar crudo para no desabastecer sus refinerías.
Esta combinación, según la firma financiera, ha establecido "un suelo estructural más fuerte bajo los precios del petróleo". Aunque firmas como Kpler señalan que Pekín mantiene de momento una postura pasiva para no inflar los precios artificialmente, el agotamiento de sus propios almacenes domésticos forzará un cambio de dirección.
El delicado equilibrio que mantuvo el precio de la gasolina bajo control durante la primera mitad del año ha comenzado a agrietarse. Cuando China agote el último tramo de sus reservas y se vea obligada a competir nuevamente por los barriles disponibles en el mercado abierto, el impacto se sentirá con fuerza en las economías occidentales, que ya no cuentan con reservas de emergencia para amortiguar el golpe. El mercado petrolero global se encamina así a un cierre de año marcado por la volatilidad y la sombra de un Brent consolidado por encima de las tres cifras.