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El gobierno de Trump estudia un regulador de IA que reportaría a la SEC, según Bloomberg

Bloomberg reporta que el gobierno de Trump analiza un organismo que evaluaría modelos de IA y reportaría a la SEC.

por Alejandro Castillo Leone
A stunning view of the US Capitol Building showcasing its architectural grandeur in Washington DC.
Foto de Ramaz Bluashvili en Pexels

TL;DR:

  • Bloomberg reportó el viernes 17 de julio de 2026 que la administración Trump analiza crear un regulador independiente que revise la seguridad de los modelos de inteligencia artificial, con participación de la industria.
  • Ese organismo rendiría cuentas a la SEC, la misma arquitectura del modelo FINRA que Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, publicó el 14 de julio: financiado por la industria, con pruebas hasta 30 días antes de cada lanzamiento.
  • Hace dos semanas la Casa Blanca descartó de plano una agencia estilo FDA para la IA. El esquema FINRA rodea esa objeción porque no es una agencia federal.

El gobierno de Donald Trump analiza la creación de un regulador independiente que evalúe la seguridad de los modelos de inteligencia artificial, con participación de la industria y con línea de reporte hacia la SEC, la comisión que vigila los mercados de valores de Estados Unidos. Lo reportó Bloomberg este viernes 17 de julio de 2026. El propio reporte lo presenta como una opción en estudio, no como una decisión tomada. El detalle que importa está en esa línea de reporte: colgar un supervisor de IA de la SEC no es una ocurrencia administrativa, es el plano exacto que Demis Hassabis puso sobre la mesa tres días antes.

FINRA es un organismo privado, financiado por la industria financiera, que vigila a las casas de bolsa de Wall Street bajo supervisión de la SEC. No es una dependencia del gobierno. Cobra a sus miembros, redacta sus propias reglas y responde ante el regulador federal. Ese es el molde del que se está hablando.

La propuesta de Hassabis ya traía la SEC en el diseño

El martes 14 de julio, Hassabis publicó en Substack un manifiesto titulado "A Framework for Frontier AI and the Dawning of a New Age" y le dio la exclusiva a Axios. Su idea: un Standards Body modelado sobre FINRA, pagado sobre todo por la industria, con un consejo de mayoría independiente donde se sienten ganadores del premio Turing junto a representantes del gobierno, de las empresas y de la comunidad de código abierto.

El mecanismo, según lo que detalló a Axios:

  • Los laboratorios entregarían sus modelos frontera al organismo de forma voluntaria, hasta 30 días antes del lanzamiento.
  • Las pruebas buscarían capacidades peligrosas en tres frentes: ciberseguridad, riesgo biológico y engaño.
  • Cuando el régimen de pruebas demuestre ser eficaz y sólido, escribe Hassabis, la formalización podría llegar rápido: aprobar el examen sería requisito para desplegarse en el mercado estadounidense.
  • Las reglas aplicarían a todo modelo de clase frontera, sin importar su país de origen ni si es abierto o cerrado.
  • Hassabis quiere el organismo funcionando antes de que termine 2026.

No llegó a esto en frío. Pasó meses puliendo el plan a puerta cerrada con la administración Trump, con los jefes de los laboratorios rivales y con funcionarios europeos, antes de hacerlo público. De esas conversaciones con Washington le dijo a Axios:

"Los ruidos que he escuchado son muy positivos."

El jueves 16 de julio, Bloomberg reportó que Hassabis planea reunirse la próxima semana en Washington con responsables de política estadounidenses para empujar la propuesta. Un día después llegó el reporte del regulador atado a la SEC.

Fachada con columnas de la Bolsa de Valores de Nueva York en Wall Street
Imagen ilustrativa: FINRA vigila a las casas de bolsa bajo supervisión de la SEC, y es el molde que hoy se discute para la IA · Foto de Arpan Parikh en Pexels

El modelo FINRA esquiva la línea roja de la Casa Blanca

El 3 de julio, Sriram Krishnan, entonces asesor sénior de IA de la Casa Blanca y ya de salida, le dijo al Financial Times que no habrá una FDA para la inteligencia artificial bajo Trump. Obligar a las empresas a pasar por un equipo de abogados antes de publicar un modelo, argumentó, frenaría el avance de la tecnología, y eso jamás ocurriría con este presidente.

La orden ejecutiva que Trump firmó el 2 de junio camina en la misma dirección. Establece un marco voluntario para que los desarrolladores compartan sus modelos frontera con el gobierno hasta 30 días antes del lanzamiento, y aclara de forma expresa que nada en ese apartado autoriza a crear un régimen obligatorio de licencias, preautorización o permisos para nuevos modelos.

Ahí encaja la pieza. Una organización privada bajo supervisión de un regulador federal permite decir que no hay licencia gubernamental y, al mismo tiempo, poner un examen antes del mercado. Dario Amodei, CEO de Anthropic, había pedido lo contrario en un ensayo de principios de junio: una agencia federal al estilo de la FAA, con poder para bloquear modelos inseguros. Los dos jefes coinciden en que Washington debe regularlos. Discrepan en quién sostiene el martillo.

⚠️
El regulador todavía no existe. Bloomberg reportó el 17 de julio de 2026 que la administración Trump analiza el plan, no que lo haya aprobado: no hay decreto, ni estatuto, ni fecha. La orden ejecutiva vigente, firmada el 2 de junio, aclara que nada en su marco autoriza un régimen obligatorio de licencias o preautorización para nuevos modelos de IA.

Los críticos ven el mismo hueco: los regulados escribirían las reglas

La propuesta de Hassabis no cayó bien en todas partes. Consultados por Computerworld, varios analistas cuestionaron que un organismo pagado por la industria pueda poner el interés público por delante. Nader Henein, VP analista de Gartner, lo dijo sin rodeos:

"La autorregulación no es viable."

Henein argumentó que una empresa con fines de lucro está obligada a hacer lo mejor para sus accionistas, y que la regulación externa existe justamente para que nunca tenga que elegir entre eso y el bien común. La mayoría de los proveedores tecnológicos, agregó, ni siquiera tiene capacidad de autorregularse: lo que prefiere es un conjunto de reglas dentro del cual operar.

Aman Mahapatra, chief strategy officer de Tribeca Softtech, apuntó al funcionamiento real de FINRA. El consejo es independiente, sí, pero los grupos de trabajo que redactan las reglas están dominados por las firmas miembro. Su lectura es directa: si los directores de las cinco empresas reguladas son también los principales autores del estándar, el estándar va a parecerse a lo que a esas empresas les conviene. Con la IA sería peor, advirtió, porque ninguna industria había intentado estandarizarse tan rápido, y la velocidad es enemiga de la supervisión independiente.

Carmi Levy, analista independiente, fue más lejos: comparó pedirle a las Big Tech que se autovigilen con dejar al zorro cuidando el gallinero, y describió el marco de Hassabis como un mapa hecho a la medida de una industria decidida a correr hacia el horizonte de la IA sin importar los daños del camino.

No hubo consenso. Yuri Goryunov, CIO de la consultora Acceligence, defendió la idea y sugirió mirar otro precedente: el INPO, el instituto que la industria nuclear estadounidense creó pocos meses después del accidente parcial de Three Mile Island, en 1979, bajo la lógica de que un accidente en cualquier planta es un accidente en todas. La autorregulación funciona, dijo, cuando toda la industria comparte el desenlace catastrófico. Falla cuando el daño se externaliza, como en la moderación de contenido de las redes sociales, o cuando el supervisor delega el juicio en el supervisado, como hizo la FAA con Boeing antes del 737 MAX.

El examen sería una llave del mercado de EE. UU., y eso se siente afuera

Sanchit Vir Gogia, analista jefe de Greyhound Research, señaló la grieta internacional. Para él, el argumento de seguridad nacional es lo que le abre la puerta al plan en Washington y lo que se la cierra afuera: otras capitales van a leer al nuevo organismo como una pieza de la estrategia estadounidense y no como un árbitro neutral.

El mapa, además, ya está repartido. Bruselas enciende sus facultades de fiscalización sobre modelos de propósito general a partir de agosto de 2026, Londres opera su AI Security Institute, Pekín licencia con sus propias reglas, y California y Nueva York ya legislaron sobre modelos frontera. La ruta que Gogia considera viable es otra: evidencia técnica compartida con aplicación soberana, sellada por reconocimiento mutuo. Y agregó un matiz que le pega directo a cualquier área de TI: un modelo puede aprobar todas las pruebas de riesgo catastrófico y aun así fallarle a la empresa en privacidad, confiabilidad y responsabilidad legal.

Para el lector hispanohablante, la traducción práctica es de calendario. Los modelos que usan las empresas de México, España y América Latina salen casi todos de laboratorios estadounidenses. Los últimos dos meses ya lo demostraron sin necesidad de teoría: en junio, una orden de control de exportaciones dejó fuera de línea los modelos más potentes de Anthropic durante más de dos semanas, y OpenAI aceptó lanzar GPT-5.6 solo con socios avalados por el gobierno antes de abrirlo al público. Cuando Washington aprieta, la disponibilidad se mueve en todos lados.

Por ahora es un plan en estudio y Bloomberg lo reporta como tal. Pero entre el manifiesto de un CEO y el borrador que evalúa un gobierno pasaron tres días, y la próxima semana Hassabis se sienta con los responsables de política en Washington. Si ese examen se vuelve la llave del mercado estadounidense, quien decida qué modelo aprueba va a decidir también qué inteligencia artificial llega a los teléfonos, las empresas y los gobiernos del resto del mundo.

Fuentes: 1, 2

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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