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El dodo no era tonto: los tres cráneos escaneados apuntan a un ave de amanecer y anochecer

Un estudio escaneó los dos únicos cráneos completos de dodo: cerebro normal y señales de vida en penumbra

por Alejandro Castillo Leone
A diverse collection of animal and human skeletons displayed in a museum setting.
Foto de Max Mishin en Pexels

TL;DR:

  • Un equipo de once investigadores pasó por tomografía computarizada los dos únicos cráneos completos de dodo que existen, más un tercer ejemplar, y comparó los moldes de su cerebro con los de 36 especies vivas de palomas.
  • El telencéfalo, la región ligada a la cognición, salió del tamaño esperado para un ave de ese porte; los lóbulos ópticos, en cambio, ocupan 0.88% del cerebro, más de tres veces y media menos que en su pariente vivo más cercano.
  • Los propios autores califican de especulativa la hipótesis de la actividad crepuscular y dan por inconcluyentes los datos de olfato, pese a que la mayoría de los titulares los presenta como hallazgo cerrado.

Un equipo de once investigadores metió en un tomógrafo los dos únicos cráneos completos de dodo que existen en el mundo, uno en Copenhague y otro en Oxford, y reconstruyó en 3D el hueco que dejó su cerebro. El trabajo salió el 5 de agosto de 2026 en Zoological Journal of the Linnean Society y desarma el estereotipo del ave torpe: la región cerebral que en las aves se asocia a la cognición tiene en el dodo exactamente el tamaño que le corresponde por su porte. Lo raro apareció en otro lado. Sus lóbulos ópticos son más de tres veces y media más chicos que los de su pariente vivo más cercano, un patrón que hoy se ve en búhos y kakapos, no en palomas de día.

La investigación la encabezan Sara Citron y Andrew Iwaniuk, de la Universidad de Lethbridge, en Canadá, con coautores del Smithsonian, el Natural History Museum de Londres, los Museos Nacionales de Escocia, la Universidad de Copenhague, la ELTE de Budapest y la Universidad Flinders, en Australia. El material de comparación es lo que le da peso al resultado: 57 ejemplares de 36 especies vivas de palomas y tórtolas, tres cráneos de dodo y cuatro del solitario de Rodrigues, su pariente extinto más próximo.

El cráneo de Copenhague llevaba siglos en la vitrina del Natural History Museum Denmark. Terminó en el escáner por una razón prosaica: el museo prepara un edificio nuevo con salas permanentes que abren en 2027, y esa mudanza abrió la ventana para pasarlo por tomografía de alta resolución sin tocarlo. Las colecciones siguen soltando ciencia de especies desaparecidas; esta misma semana se describió un sapo extinto de la Edad de Hielo a partir de material de los pozos de brea de La Brea.

El telencéfalo del dodo mide lo que tiene que medir

Los autores calcularon el volumen del telencéfalo, la región que en las aves se relaciona con la innovación conductual y la resolución de problemas. Ni el dodo ni el solitario se salen de la línea que trazan las palomas vivas. En los términos del artículo, la idea de que el dodo tuviera una capacidad cognitiva disminuida frente a otras palomas carece de respaldo empírico.

Iwaniuk lo dijo con menos rodeos al comunicado de Flinders University: no hay evidencia de que el dodo fuera menos inteligente que sus parientes, y las palomas son bastante listas. El investigador agrega el detalle que vuelve el hallazgo más incómodo para la caricatura: el dodo tiene uno de los cráneos más extraños que se conocen, con esa bóveda abombada, y aun así la parte del cerebro que gobierna la cognición salió del tamaño que uno esperaría para un ave de ese tamaño.

El volumen de un cerebro y lo que un animal puede hacer con él tampoco coinciden en otros linajes, una lección que la biología comparada viene repitiendo desde hace años.

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Los lóbulos ópticos lo acercan al búho más que a la paloma

Aquí está el dato duro. En el dodo, los lóbulos ópticos ocupan 0.88% del cerebro; en el solitario de Rodrigues, 2.47%. Al convertir esa superficie en volumen de techo óptico y colocarla en el mapa de todas las aves con datos publicados, el solitario cae entre las especies diurnas y el dodo queda pegado a los búhos. Para dimensionarlo: en las palomas actuales el techo óptico promedia 9.55% del volumen cerebral, en los búhos 2.25% y en los kiwis entre 0.38% y 0.6%.

Los ojos van al revés. Las órbitas del dodo son unos 9% más grandes que las de la paloma de Nicobar, su pariente vivo más cercano, medidas contra la longitud de la base del cráneo. El anillo esclerótico del ejemplar de Oxford mide 14.39 mm por dentro, lo que arroja un ojo de unos 23 mm de eje y una agudeza visual estimada de 27 ciclos por grado, la misma que se ha reportado para el arrendajo euroasiático y la graja.

Ojo grande con poco procesamiento visual es la combinación que aparece en aves que se mueven en penumbra. Vera Weisbecker, profesora de Biología Evolutiva en Flinders y coautora del estudio, lo explicó así en el comunicado de su universidad: los lóbulos ópticos pequeños suelen indicar que la luz llega al cerebro por menos nervios, y ese rasgo se ve en el perico nocturno australiano y en el kakapo neozelandés, dos aves que casi no dependen de la vista.

El argumento se sostiene porque el solitario funciona como grupo de control. Era más grande que el dodo y sus ojos y lóbulos ópticos son los de una paloma normal, así que el gigantismo no explica la anomalía. Un detalle más, del propio artículo: la paloma de Nicobar es la única paloma viva a la que se le documenta actividad crepuscular de forma regular.

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El artículo científico llama especulativa la hipótesis de la actividad al amanecer y al anochecer, y da por inconcluyentes los datos de olfato. Lo que sí queda firme es el resultado negativo: el tamaño relativo del telencéfalo del dodo no difiere del de otras palomas.
Paloma de Nicobar de plumaje verde iridiscente y cuello con plumas alargadas, posada sobre una rama
La paloma de Nicobar, pariente vivo más cercano del dodo y punto de comparación del estudio. Imagen ilustrativa. · Foto de Ravish Maqsood en Pexels

El olfato y el oído son la parte floja del estudio

Los titulares de esta semana repiten que el dodo tenía un olfato agudo. El artículo es bastante más cauto. Los bulbos olfativos solo pudieron reconstruirse en dos de los tres cráneos, y entre ellos hay un abismo: en el ejemplar de Londres ocupan 3.44% del molde endocraneal y en el de Oxford, 1.36%, con volúmenes cerebrales casi idénticos. Promediados, el resultado sale estadísticamente significativo; analizados por separado, solo el de Londres. Aubrey Keirnan, doctoranda de Flinders y coautora del trabajo, reconoce que sospechan una dependencia fuerte del olfato, pero que no existen datos comparativos suficientes para probarlo.

Con el oído ocurre algo parecido. El conducto coclear óseo del dodo es 40% más largo que el de la paloma de Nicobar, lo que en la ecuación estándar arroja una frecuencia óptima de audición de 0.7 kHz, muy por debajo del rango de 1 a 5 kHz donde las aves suelen ser más sensibles. Los propios autores advierten que los rangos que escupe ese modelo resultan biológicamente inverosímiles: el emú, con uno de los más estrechos documentados, todavía abarca unos 4 kHz. La conclusión que aguanta es más modesta: dodo y solitario probablemente emitían sonidos graves.

El nervio trigémino deja una pista de tercer nivel. Su rama oftálmica, la que inerva el pico superior, aparece agrandada en el dodo pero no en el solitario, lo que encaja con el pico superior desproporcionado del primero. La rama que atiende el pico inferior no muestra cambios.

La fama de tonto vino de quien lo mató, no de quien lo observó

El pasaje más revelador del artículo no es anatómico, es histórico. Los autores señalan que el mote de "estúpido" jamás se le aplicó al solitario de Rodrigues, y explican por qué: dos náufragos, François Leguat entre 1691 y 1693 y Julien Tafforet entre 1725 y 1726, quedaron varados en la isla y describieron a un ave intensamente agresiva con los de su especie. Del dodo, en cambio, casi todo lo que quedó por escrito lo escribieron marineros que lo estaban cazando.

La falta de miedo del dodo es lo esperable en especies isleñas sin depredadores mamíferos. Citron lo resume en una frase que suena a reclamo:

"Llamarlos 'estúpidos' por ser ingenuos hace parecer que merecían extinguirse."

Lo que sigue tampoco es más escáner. El equipo apunta al camino genómico: revisar los genes de fototransducción diría si el sistema visual del dodo estaba armado para poca luz, y el repertorio de receptores olfativos zanjaría la discusión del olfato. Ese terreno ya tiene ocupantes. La paleogenetista Beth Shapiro, la primera en secuenciar el genoma completo del dodo, participa en el proyecto de desextinción de Colossal Biosciences, que en septiembre de 2025 anunció el primer cultivo prolongado de células germinales primordiales de paloma y 120 millones de dólares adicionales de financiamiento.

Preguntas rápidas sobre el estudio del dodo

¿Cuántos cráneos de dodo existen?

En el mundo se conservan dos cráneos completos de dodo: uno en el Natural History Museum Denmark, en Copenhague, y otro en el Oxford University Museum of Natural History. El estudio escaneó esos dos más un tercer ejemplar menos completo del Natural History Museum de Londres, y cuatro del solitario de Rodrigues.

¿El dodo era nocturno?

El estudio no lo demuestra. Sus lóbulos ópticos son mucho más chicos de lo que corresponde a una paloma, un rasgo que hoy aparece en aves de poca luz. El artículo llama especulativa la hipótesis, aunque Sara Citron declaró a la prensa que el equipo se siente bastante seguro de la actividad al amanecer y al anochecer.

¿Cuándo se extinguió el dodo?

A finales del siglo XVII. Los marineros neerlandeses llegaron a Mauricio en 1598 y la revista BBC Wildlife sitúa la extinción 64 años después. El artículo científico habla de varias décadas de convivencia con los humanos y, en las estimaciones más optimistas, casi un siglo. El solitario de Rodrigues desapareció alrededor de 1761.

El dodo lleva más de tres siglos funcionando como ilustración de la extinción causada por humanos, y ese papel simbólico terminó tapando al animal. El estudio no lo convierte en genio ni cambia su destino. Lo que cambia es el estándar de prueba: de aquí en adelante, quien repita que el dodo era tonto tendrá que explicar por qué su telencéfalo mide lo mismo que el de cualquier paloma. Y el museo de Copenhague reabre en 2027 con el cráneo que lo demostró.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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