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El deshielo del Pacífico puede frenar la AMOC, la corriente que regula el clima global

Un estudio de UC Davis apunta al deshielo del Pacífico, no del Atlántico, como disparador del freno de la AMOC.

por Alejandro Castillo Leone
El deshielo del Pacífico puede frenar la AMOC, la corriente que regula el clima global
Photo by Peter Hansen / Unsplash

TL;DR:

  • Un estudio de la Universidad de California en Davis, publicado en Nature Communications, concluye que el agua de deshielo del Pacífico noreste pudo disparar el freno de la AMOC hace 19,000 años, y no el hielo del Atlántico como se creía.
  • La AMOC mueve cerca del 70% del transporte oceánico de calor a través del ecuador. Los autores lo calcularon simulando una Tierra con 180 ppm de CO2, frente a las 430 ppm de hoy.
  • Un trabajo previo del mismo equipo, publicado en Nature, estima que un freno de la corriente recortaría hasta 40% la lluvia anual en partes del Amazonas, con caídas también en Centroamérica y África Occidental.

El agua de deshielo del Pacífico puede frenar la corriente que reparte el calor del Atlántico, aunque medio planeta separe a los dos océanos. Es la conclusión de un estudio de la Universidad de California en Davis publicado el 4 de julio de 2026 en Nature Communications, que recreó en supercomputadora la Tierra de hace 19,000 años. El equipo, encabezado por el paleoclimatólogo Chijun Sun, encontró que las descargas masivas de icebergs del Pacífico noreste llegaron primero y empujaron agua dulce hasta las regiones del Atlántico Norte donde el agua densa se hunde y mueve el motor de la AMOC. El hallazgo cambia dónde hay que vigilar: durante décadas el monitoreo apuntó al hielo de Groenlandia, y los glaciares del Pacífico de Alaska y Canadá, que hoy se derriten a ritmo histórico, nunca estuvieron en esa lista.

La AMOC, o Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico, es un sistema de corrientes que sube agua cálida y salada desde el trópico hacia el Atlántico Norte y devuelve agua fría miles de kilómetros al sur por el océano profundo. De acuerdo con UC Davis, mueve alrededor del 70% del transporte oceánico de calor a través del ecuador. La BBC lo mide de otra forma: cerca de un petavatio de calor viajando al norte, unas 50 veces toda la energía que consume la humanidad.

El sospechoso llevaba décadas en el océano equivocado

Durante años el manual decía otra cosa. En la última glaciación, flotillas enormes de icebergs se desprendían en el propio Atlántico Norte y se derretían ahí. El agua dulce diluía la sal, el agua dejaba de hundirse y la corriente se frenaba. Esos episodios tienen nombre en la literatura científica: estadiales Heinrich. Enfriaban el hemisferio norte y calentaban la Antártida.

El problema es que las fechas no cuadran.

Investigaciones recientes ubicaron esos deshielos del Atlántico Norte después de que la AMOC ya se había debilitado y Groenlandia ya se había enfriado. Un culpable que llega tarde a la escena no puede ser el culpable, y Sun lo dice sin rodeos: las descargas del Atlántico Norte no pudieron haber impulsado el debilitamiento inicial.

Así que su equipo fue a buscar el disparador a otra parte, y lo encontró a un océano de distancia. En el Pacífico noreste, las descargas de icebergs (que el paper bautiza Siku events) aparecen justo al inicio de cada estadial Heinrich. Y aparecen antes que las del Atlántico, de forma consistente. Ahí hay, según los autores, una posible relación causal que nadie había explorado.

Una Tierra con 180 ppm de CO2, recreada en supercomputadora

Para probarlo, el grupo corrió experimentos de hosing, inyecciones controladas de agua dulce, sobre una simulación del estadial Heinrich 1, hace unos 19,000 años. La Tierra de entonces era otro planeta:

  • El nivel del mar estaba unos 119 metros (390 pies) por debajo del actual.
  • Una capa de hielo de entre 3,000 y 4,900 metros de espesor cubría Norteamérica.
  • El CO2 atmosférico rondaba las 180 partes por millón, contra las 430 ppm de hoy.

Los cálculos salieron de Cheyenne, la supercomputadora del centro NCAR de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NSF), que también financió el trabajo. Firman con Sun los investigadores Jiang Zhu, Bette L. Otto-Bliesner, Esther C. Brady y Sophia I. Macarewich.

En la simulación, el agua dulce del Pacífico noreste cruza el planeta y llega a las zonas de formación de agua profunda del Atlántico Norte. Ahí diluye la sal, el agua pierde densidad, deja de hundirse y el motor se atasca. Lo que sigue es el dominó: el calor queda atrapado bajo la superficie, ese calor subsuperficial derrite las capas de hielo británica y laurentina, y ese deshielo frena la corriente todavía más.

"Lo novedoso y sorprendente aquí es que el agua de deshielo del Pacífico Norte pudo impulsar de forma independiente el debilitamiento de la AMOC, lo que ofrece un nuevo paradigma para el disparador de los estadiales Heinrich."

Chijun Sun, autor principal del estudio y profesor asistente del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de UC Davis.

El mismo mecanismo, apunta Sun, opera hoy en la Antártida Occidental, donde el agua cálida subsuperficial está acelerando el retroceso de la capa de hielo. Y la lección práctica es más amplia: la corriente no solo responde a lo que pasa en el Atlántico Norte, responde a cualquier descarga de agua dulce, venga de donde venga.

Lo que se juega el trópico: Centroamérica, el Caribe y el Amazonas

Aquí es donde la historia deja de ser un asunto de glaciares remotos y se vuelve una cuestión de lluvia.

Un estudio anterior liderado por la Universidad de Colorado en Boulder, con colaboración de UC Davis y el propio Sun entre los firmantes, se publicó en Nature el 30 de julio de 2025 y siguió la cadena hasta el trópico. Cuando la AMOC se frena, el Atlántico Norte se enfría; ese enfriamiento se propaga hacia el Atlántico tropical y entra al Caribe; y con él se mueve la banda de lluvias que alimenta a media región.

El resultado, según los mejores modelos del equipo: caídas fuertes de precipitación sobre Centroamérica, el Amazonas y África Occidental. En algunas zonas, la lluvia anual se reduce casi a la mitad. El autor principal, Pedro DiNezio, de la Universidad de Colorado en Boulder, cifró en hasta 40% el recorte posible en partes de la selva amazónica.

a body of water surrounded by lush green trees
Photo by Alexander Van Steenberge / Unsplash

La cifra pesa más de lo que parece. El Amazonas guarda el equivalente a casi dos años de emisiones globales de carbono; una sequía profunda ahí no solo mata selva, libera ese carbono de vuelta a la atmósfera y realimenta el problema que la causó.

Y el otro extremo del mundo hispanohablante tampoco sale ileso. Stefan Rahmstorf, del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, señala a la BBC que un freno de la AMOC agrava la sequía en Europa, porque el debilitamiento de la corriente y el calentamiento global empujan en la misma dirección sobre ese punto. Para España, el riesgo no llega como invierno gélido: llega como menos agua.

Debilitarse no es lo mismo que colapsar

Conviene decir con precisión qué está en discusión, porque la palabra "colapso" hace mucho trabajo en los titulares y poco en los papers.

Que la AMOC se debilite este siglo es consenso amplio. Que se apague, no.

⚠️
El debilitamiento de la AMOC y su colapso son escenarios distintos. El IPCC concluyó en su evaluación de 2021 que es muy probable que la corriente se debilite durante este siglo, pero no proyectó un colapso abrupto antes de 2100. Esa evaluación no se actualiza con cada estudio nuevo que se publica.

Rahmstorf lleva más de tres décadas estudiando la estabilidad de la corriente y solía tratar un apagón como riesgo remoto. Ya no.

"En los últimos cinco años, más o menos, lamentablemente tuve que cambiar mi visión sobre la probabilidad de que esto ocurra."

Stefan Rahmstorf, del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, en entrevista con la BBC.

Su argumento es un circuito que se muerde la cola: la AMOC existe porque el Atlántico Norte es lo bastante salado, y el Atlántico Norte es salado porque existe la AMOC. Menos sal, agua más ligera, menos hundimiento, corriente más débil, todavía menos sal. Como evidencia, señala la mancha fría al sur de Groenlandia, ese borrón azul en un mapa de anomalías pintado de rojo, y el hecho de que todos los modelos climáticos y oceánicos puestos a prueba contra este punto de no retorno lo han encontrado.

Del otro lado del debate está Andrew Watson, de la Universidad de Exeter. No niega el riesgo, matiza el mecanismo. El calor tiene que salir del trópico de alguna manera, y si el agua deja de hundirse en un sitio, el sistema puede reorganizarse en lugar de detenerse. El hundimiento ocurre en unos pocos puntos del Atlántico Norte (el mar de Labrador, el mar de Groenlandia, las aguas al sur de Islandia) a través de remolinos, mezcla y fricción cerca de la costa. Los modelos, con celdas de decenas o cientos de kilómetros, no alcanzan a resolver ese detalle y tienen que aproximarlo.

"Normalmente, la gran incertidumbre es qué va a hacer la gente: qué tan rápido vamos a recortar emisiones. Aquí hay incertidumbre real sobre cómo se va a comportar el propio océano."

Andrew Watson, profesor de investigación de la Royal Society en la Universidad de Exeter, en declaraciones a la BBC.

El terreno donde se pelea todo esto es incómodamente delgado: las mediciones directas y continuas de la AMOC solo existen desde 2004. Todo lo anterior se reconstruye con lodo, conchas, hielo y roca. Y un estudio del Met Office británico encabezado por Jonathan Baker, publicado en 2025, probó la corriente en una batería de modelos y concluyó que un colapso total en este siglo se ve improbable, aunque el debilitamiento sí aparece en todos ellos.

El estudio de Sun no anuncia el colapso de la AMOC. Lo que hace es alargar la lista de lugares que hay que vigilar, y ahora incluye glaciares de una costa que nadie estaba mirando para esto. Para el lector hispanohablante, el filo del riesgo no está en un invierno británico más frío: está en la lluvia que cae sobre Centroamérica, el Caribe y el Amazonas, y en lo que cuesta cuando deja de caer.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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